"Ulises y las sirenas", de Herbert James Draper

Por primera vez en nuestra historia se prohíbe a Homero

Por machista, heteropatriarcal, violento, racista... Lo de siempre, en fin.

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Según informaba el Washinton Post, los energúmenos y energúmenas de un centro “educativo” de Massachusetts prohibieron el pasado mes de diciembre la enseñanza de la Odisea de Homero. Por machista, heteropatriarcal, violento, racista... Lo de siempre, en fin. Es curioso, pero... No, qué va a ser curioso, es absolutamente normal que en un mundo como el nuestro la noticia haya pasado casi desapercibida, no haya abierto los telediarios ni ocupado las primeras páginas de los periódicos. Su importancia, sin embargo... 

Por machista, heteropatriarcal, violento, racista...

Su importancia es estremecedora. Por primera vez en la historia de Occidente se ha prohibido la Odisea de Homero, la obra que, junto a la Iliada y los relatos mitológicos de Hesíodo, constituía la “biblia” sobre la que se cimentaba toda la cultura de la Antigüedad al tiempo que continuó marcando el saber y el sentir de los hombres durante siglos. Durante aquellos siglos en que nuestra civilización florecía y nadie aún pretendía destruirla.

Porque de esto y no de otra cosa se trata: de acabar con nuestra civilización. Con la más rica, la más floreciente, dicho sea con todo el respeto y admiración por las demás.

Da igual que “sólo” en un ignominioso centro escolar de Massachusetts se haya prohibido la enseñanza de la Odisea (con el aplauso tributado en Twitter por los “profesores” censores y por sus ya descerebrados alumnos). Da igual que “sólo” se haya puesto en la picota la Odisea y se haya, en cambio, preservado la Iliada (¿por qué?, vayan ustedes a saber...), así como la multitud de obras de nuestro acervo civilizacional, la mayoría de las cuales incumplen los preceptos de lo políticamente correcto y sobre las que acabará cayendo, tarde o temprano, el hacha del verdugo o de la verduga. 

También querían prohibir la Quinta Sinfonía de Beethoven

Todo ello da igual porque el hecho reviste una importancia simbólica que produce simplemente escalofríos. Los produce tanto más cuanto que la persecución contra nuestro arte —lo más sagrado, lo único sagrado que nos queda hoy en las manos— no comienza en absoluto con este acoso contra Homero. Las grotescas acusaciones de racismo, sexismo, machismo... también se han cebado (y mucho me temo que la lista sea incompleta) en el mismísimo Beethoven, cuya Quinta Sinfonía otros energúmenos querían también prohibir, según denunciábamos en estas mismas páginas el pasado mes de octubre. A la literatura y a la pintura se les debe añadir la pintura y la escultura, sobre las cuales también han caído los escupitajos hembristas, como los que lanzaba un artículo de El País que clamaba contra “La violencia de género en los grandes museos” y del que aquí dimos igualmente cuenta.

¡Y a mí qué, tío!

Y ante la afrenta,

Ante la violación de lo más sagrado, la indiferencia de nuestra gente

ante la violación de lo más sagrado, la indiferencia de nuestra gente. La mayoría de los medios de comunicación ni lo han mencionado, las Redes Sociales ni han ardido ni han quedado mínimamente chamuscadas. Ni un solo partido (ni siquiera Vox) ha mencionado ni mencionará nunca los ataques emprendidos contra la civilización y la belleza. (Y la risa que despertará en el lector el mero hecho de evocar tal posibilidad, es suficiente signo del abismo del que estoy hablando.)

Oh, sí, es cierto, es cierto: salvo los militantes y las militantas de la ideología de género y demás delirios, nadie aprobará las prohibiciones lanzadas contra Homero o Beethoven (suponiendo que llegue a enterarse de ellas). Todo el mundo, por el contrario, las reprobará. Pero de ahí a conmoverse verdaderamente, a indignarse, a estallar... De ahí a darse cuenta de todo lo que está en juego... De ahí, sobre todo, a exigir que se tomen medidas contundentes contra tales malhechores  y semejante abominación...

Porque la cosa no se puede dejar así, como si no pasara nada, como si se tratase de una fruslería, de una gamberrada. No, no basta con denunciarlo y atacarlo. Si la belleza, si el gran arte —el arte de gran estilo, que decía Nietzsche— constituyen nuestro bien supremo, al garante del bien común que es el Estado le corresponde el inexcusable deber de velar por él, de defenderlo. Con medidas, si es preciso, tan contundentes y coercitivas como las tomadas por los pretendidos profesores y musicólogos que prohíben a Homero y a Beethoven. 

Si el hombre blandengue de nuestros días quiere seguir encogiéndose de hombros...

O si, embebido en el sopor de la blandenguería ambiental, el hombre blandengue de nuestros días quiere seguir encogiéndose de hombros y bajarse los pantalones, que nadie venga, luego, a quejarse.


Y para concluir, un rayito de esperanza


Para que no se diga que solamente hablamos de las cuestiones sombrías de nuestros tiempos, aquí va esta información sobre un grupo de doce alumnas de Griego del Instituto Néstor Almendros de Tomares, en Sevilla, las cuales se están movilizando activamente, junto con su profesora, para defender el mantenimiento de la enseñanza de Griego en su centro. Que los dioses les sean propicios y tengan la mayor suerte posible en su generoso empeño: luchan no por ellas, que ya tienen asegurada la enseñanza, sino de cara a los próximos cursos.

Más información aquí.

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