Ese hondo olor a puchero

Uno se extrañaba de que con tantos antecedentes sobre la mesa, nadie abriera el pico. Pero las cosas parecen estar cambiando. Lo prueban tanto el artículo de 'El Debate' del que hablaremos luego como el olor a puchero que cada vez se está expandiendo con mayor fuerza a lo largo y ancho de las Redes Sociales.

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Conforman este olor los múltiples condimentos que, acumulados estos últimos meses sobre la mesa de la cocina nacional, pueden permitir que, en los próximos comicios de mayo y de diciembre, se cocine ese poderoso caldo que en nuestra lengua recibe el saleroso nombre de pucherazo.

Dejemos de lado los múltiples “incidentes electorales” (seamos parcos con las palabras) que, al otro lado del Atlántico, han jalonado las elecciones celebradas estos últimos meses tanto en el país que se ha adueñado del nombre del continente entero como en los que parecen haberse apoderado del nombre de la lengua de Cicerón.

Limitémonos a los condimentos que, con vistas a la elaboración de tan sabroso puchero, se extienden sobre la mesa de nuestro propio país.

Uno de los más importantes —en todo caso, el que más tiempo lleva sobre dicha mesa— está constituido por los sondeos de opinión que propala el CIS que dirige con la más exquisita imparcialidad el socialista compañero Tezanos, empeñado en adjudicar, mes tras mes, la victoria electoral al PSOE y a la variopinta coalición Frankenstein (rojos, rosas, progres, proetarras, secesionista, etc.) que la configuran.

¿Qué importa, se dirán ustedes, las alucinaciones de un Tezanos, desmentidas por todos los demás institutos demoscópicos, que dan resultados diametral y constantemente opuestos? En sí mismos, los esperpentos de Tezanos no importan nada, es cierto. Salvo que uno se pregunta: ¿para qué?, ¿a santo de qué? ¿Qué interés tienen el Gobierno y su CIS en convertirse en el hazmerreír de todo el país? ¿Será tal vez que intentan cumplir una terapéutica función consistente en divertir y alegrarle un poco la vida al personal? ¿O será tal vez... lo otro? “Lo otro”: una forma de preparar el terreno para que en su momento resulte posible decir: “Ya veis, ya veis. Tal como habían predicho los sondeos del denostado CIS de Tezanos, se han acabado cumpliendo los resultados que éste había científicamente predicho”.

Más ingredientes

Hay más ingredientes, por supuesto, que hacen quede la gran cocina gubernamental emane un tan desagradable tufo.

En un artículo publicado en El Debate, el periodista Antonio R. Naranjo los recuerda: está el dominio que el PSOE ha conseguido establecer obteniendo la presidencia y la mayoría de los jueces izquierdistas del Tribunal Constitucional, con todas las repercusiones que ello tiene a efectos de la Junta Electoral Central. Otros factores  que incitan a la inquietud son —leemos en El Debate— “el extraño proceso de naturalización urgente de hispanoamericanos sin relación alguna con España más allá de la que tuvieron sus ancestros; los cambios en el Instituto Nacional de Estadística, la grosera manipulación de las cifras reales del paro; la estigmatización de la crítica mediática perfectamente diseñada en un engendro bautizado con el nombre de ‘Estrategia Nacional contra la Desinformación’ o el sometimiento ya impúdico de las reglas del Congreso a las necesidades del presidente.”

 

 

Añádasele a todo ello la íntima amistad que une al presidente Sánchez con el Director General de Correos, cuyas funciones en el voto por correspondencia son fundamentales. Súmesele, por último, lo que constituye a mis ojos el factor más inquietante de todos y que Antonio R. Naranjo también destaca:

El control por parte del Gobierno de la empresa informática INDRA

el control por parte del Gobierno de la empresa informática INDRA, rematado con la inclusión del Grupo Prisa en su Consejo de Administración; control que equivale a disponer, de hecho, de las llaves del recuento final de los votos procedentes de los diversos colegios electorales.

Todos los anteriores serían motivos más que suficientes para temer lo peor en las próximas elecciones. Ahora bien, dada la probidad moral de la que Sánchez y sus ministros han dado pruebas más que sobradas en todo momento; dado que han demostrado una  y mil veces ser hombres (y mujeres) de honor y de palabra, gentes que se atienen con la fidelidad más exquisita a lo prometido o afirmado; dado asimismo que los resultados de ninguna elección anterior (ya se trate de elecciones generales o de la del propio secretario general del PSOE) se han visto jamás enturbiados por acontecimiento espurio alguno, es evidente que no hay motivo alguno para inquietarse.

Sólo redomados fascistas, sólo nostálgicos partidarios de los vencedores de la reciente Guerra Civil —hábilmente infiltrados en las Redes Sociales que manipulan con máxima habilidad— pueden sentir, ante los hechos referidos en este artículo, la menor punzada de zozobra o inquietud.

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