¿Cabio climático o... cromático?

Continúa imparable la ola de calor

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Trescientas sesenta personas muertas en España, entre el 10 de junio y el 16 de julio, por causa de la ola de calor. 360 personas. Cuando se publique este artículo, seguro que la cifra se ha incrementado “espectacularmente”. Por el momento, datos a plomo: trescientos sesenta contribuyentes que se han ido al otro barrio, aniquilados por las altas temperaturas, sin que nadie haya podido hacer nada por evitarlo. Eso dicen los informativos de TVE. Como es lógico, eso repiten en ora pro nobis todos los medios del sistema. Trescientos sesenta muertos y muertas como los 360° del perfecto círculo de la verdad oficial: quien la discuta, se sale de área y allá él con las consecuencias.

Ese es el titular que abre el telediario del 16/07/22: “Trescientos sesenta fallecidos por la ola de calor”. Luego más después, ya en el interior del programa, o sea, pasado un cuarto de hora, es decir, cuando ya casi nadie presta atención al bla, bla, bla, aparece un médico de no me acuerdo qué instituto de salud pública para aclarar que los 360 finados son “una estimación” sobre las personas que pudieran haber muerto por “causas achacables” a la calor. Eso sí, en Madrid falleció un operario que trabajaba en la vía pública por causa directa e indiscutible: por golpe de calor. Una víctima.

De la brecha térmica entre hombres y mujeres, sobre cómo sufren y padecen el calor los machirulos que abren zanjas, trabajan en andamios y azoteas, recogen la basura y cosas así, puede que se hable otro día; de momento las charis que trabajan con aire acondicionado en el ministerio de igualdad no se han quejado, de manera que el asunto no procede. A otra cosa. Y la otra cosa, naturalmente, es la agenda 2030, el abecé dogmático del globalismo salvaje: la culpa de todo la tiene el cambio climático, incluido el covid19 (no es boutade, pueden verlo aquí); si no nos concienciamos de que usar el coche, tener empleo fijo y bien remunerado, viajar en avión y comer carne es un disparate insostenible, de que sólo la pobreza puede salvarnos, caeremos en el abismo apocalíptico del calentamiento global. Ese es el argumento. 360 muertos desde el 10 de junio vienen de refuerzo para apoyarlo. En fin, a  lo que íbamos.

Íbamos precisamente por los muertos. Los famosos 360. Me faltan 359 documentados, no “estimados”. Me falta la exactitud científica del dato y el rigor médico a la hora de establecer, en cada caso, la relación directa entre termómetro y óbito. Me faltan tantas cosas…

Pero claro, todo el mundo sabe que en verano, en cuanto llegan los arreones del sol hispánico, fallecen muchas personas que ya antes se encontraban en delicado estado de salud, sobre todo las de edad avanzada. Más de 360 víctimas, seguro. Por eso cada verano hay que tomar tantas precauciones con las personas mayores, sobre todo en residencias de ancianos; hay que planificar la jornada, cuidar la alimentación, tratar con delicadeza las horas de descanso, mantener limpio y ventilado el entorno ambiental y poner el aire acondicionado a 23°C.

Y ya que hablamos de aire acondicionado, oigan, ¿no corresponde ahora mencionar la pobreza energética? Podríamos hablar de los hogares españoles que no tienen aire acondicionado y en los que viven ancianos y/o personas vulnerables a estos calorones que sufrimos. Podríamos hablar del aire acondicionado que funciona como funciona en hospitales y residencias; de los hogares que lo tienen instalado pero no pueden permitirse pagar el recibo de la luz —porque ese cacharro del aire, “tira” lo suyo—. ¿Hablamos del precio de la energía? ¿De cómo ahorrar consumo y no morir en el intento? Tampoco toca. Si nuestros gobernantes estuvieran en la oposición, tocaría. Pero da la casualidad de que no están en la oposición sino, desgraciadamente, gobernando. No toca.

¿Imaginan la escandalera mediática, la agitación callejera y en redes sociales que se habría organizado tras hacerse pública la cifra de 360 muertos si los irenos, pedros y yolandis estuvieran a pie de calle, con el calor que hace, agitando a las masas y suspirando por el voto popular? Bueno, ese espectáculo que nos ahorramos, desde luego. No teman, pues ahora que ellos gobiernan el capitalismo ha dejado de ser incompatible con la vida, incluso les está echando una mano: no hay más que ver los anuncios de Iberdrola y del banco de Sabadell. Entre esa mermelada propagandística y la última declaración papal sobre la necesidad de vivir pobremente, tienen medio trabajo hecho. Seamos realistas: no dejar a nadie atrás, para ellos, supone que nadie salga adelante. Todos pobres y felices y ya está. Todos pobres y felices menos los que manejan los mandos y administran el vertedero, claro está; ellos se sacrificarán y se conformarán con ser solamente felices, que para volverse pobres siempre queda tiempo. Y si hay que morir por la causa, alistarse en la mesnada de los 360 sacrificados espartanamente para elevar el discurso sobre las temperaturas hasta niveles Agenda 20-30, no problemo: voluntarios o involuntarios, pobres hay a montones. Hasta la muerte. El caso es convencer. Ahí está el punto, como decía el héroe de la boina: socialismo o muerte, con perdón por la redundancia. Aunque sea por calor, muerte. Y socialismo y lo que haga falta.

Como esto no dé un giro radical, de 360°, no sé dónde vamos a llegar.

© Posmodernia

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