Vox: de 24 a 52 diputados. ¡Gracias, Sánchez!

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Como decía Santiago Abascal: hace un año, Vox hubiera firmado con obtener un único diputado. En abril, cayeron 24 en el morral. Gracias a la disolución de las Cortes promovida por el doctor (cum fraude) Pedro Sánchez, Vox acaba de obtener el más espectacular de sus triunfos: 52 diputados harán oír en las Cortes la voz de España. La de la auténtica, la que no se aviene a pactos ni concesiones. Ni con quienes la quieren brutalmente romper ni con quienes llevan cuarenta años (“constitucionalismo” llaman a la cosa) cediendo, allanando y facilitando el camino a los primeros.

No sólo es España lo que van a defender estos 52 diputados. Van a defender también toda la visión del mundo que se opone de raíz

El “consenso progre”: toda esa dictadura, ya de izquierdas, ya de derechas; ya encubierta a veces; ya feroz otras.

al “consenso progre”, a toda esa dictadura —encubierta o blanda a veces; feroz, otras— que tanto en su versión de izquierdas como en la de derechas corroe nuestros valores, corrompe nuestros principios, quebranta nuestra identidad. Incluida la más elemental identidad antropológica: la que hace de un hombre un hombre; y de una mujer una mujer.

Queda la otra gran cuestión. La de combatir la precariedad o, hablando en plata, la de luchar contra los expolios de toda índole (desde los fiscales hasta los salariales) sufridos por la mayoría de nuestro pueblo: desde las clases más humildes hasta una pequeña, mediana e incluso alta burguesía que nada tiene que ver con la oligarquía financiera y globalista que despliega sus tentáculos contra toda una población que debe unirse —formando una especia de gran alianza transversal e interclasista— en defensa de sus verdaderos intereses conjuntos.

El nuevo y misterioso gobierno

¿Qué tipo de gobierno podrá formar ahora esa aprendiz de brujo que cuenta hoy con menos diputados y apoyos potenciales —pienso en el descalabro de “la veleta naranja” de Ciudadanos— que antes de disolver las Cortes?

Sólo tiene dos posibilidades. O bien “el gobierno Frankenstein”: la alianza de Sánchez con todo lo que en el Congreso pulula de etarras y secesionistas catalanes y vascos (más levantinos, baleares, navarros, gallegos...), así como comunistas, comunistos y comunistes de Estepaís. O bien la otra gran alianza: el “abrazo de Vergara” entre hermanos socialistas y peperos. Total, como decía el mismo Abascal: piensan y desean en realidad lo mismo. Que se unan, pues.

Mediante tal abrazo seguirán, por supuesto, las traiciones y concesiones de todo tipo. Tanto en materia nacional como social, cultural y sexual. Pero así quedará más claro, a ojos de todos, dónde están los unos y dónde estamos los otros. Así será más fácil acabar un día venciéndolos a todos.

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