De OPA a OPA y tiro porque me toca

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Los avatares de las OPAs contra Endesa –Carlos Salas ha explicado brillantemente aquí sus intríngulis le obligan a uno a plantearse algunas preguntas que van más allá de las maquinaciones puramente “opaísticas”. 

Preguntas sencillas y fundamentales. Preguntas como: pero… ¿no tienen bastante con lo que ya tienen? Todos: los de Gas Natural, los de la Caixa, los de E.on, los de Enel, los de Acciona, los de la propia Endesa… ¿A santo de qué todo ese furor, toda esa codicia, todo ese desenfreno? Pero ¿qué busca, qué pretende esa gente?

–¿Estás tarumba, tío? ¡Qué van a pretender! Pos lo que tú, yo, todos: ganar cuanta más pasta mejor. ¡No te jode! Oye, tío, que todos queremos vivir bien. 

Y uno entonces se retuerce de la risa. “¡Vivir bien!” Como si lo que ahí se jugara fuera el “buen vivir” de una gente cuyos lujos y placeres  son ya tan abundantes ––mejor para ellos: sólo a los resentidos les irritan– que ninguna OPA los podrá nunca incrementar. ¿Qué les mueve, pues? ¿Por qué luchan, por qué se agitan como posesos?

–Luchan por el Progreso, por el Bienestar de todos; por aumentar la Producción, por racionalizarla, concentrarla. Como corresponde a un sistema de Mercado libre, a esa globalizada Economía en la que, OPA tras OPA, acabará quedando una sola Gran Empresa por sector.

La risa entonces se hace ya incontenible. ¡Por el Progreso y el Bienestar! ¡Por el Mercado y la Libertad!… Y encima se lo creen… ¡Encima se lo tragan –todos– como imbéciles. 

–Veamos, veamos. Entre usted y yo, le reconoceré que esa gente lucha por el poder y nada más que por el poder. Por acapararlo, concentrarlo. Lo único que les mueve es obtener cuanta más fuerza mejor. ¿Y qué? ¿Acaso no lo han hecho así todos los hombres? ¿No es así como se ha forjado nuestra civilización y todas las civilizaciones? ¿Qué movía a Pericles, Octavio Augusto, Trajano, Carlomagno, don Pelayo, los Reyes Católicos, Carlos V, Felipe II…? (Y como nadie nos oye, no me importa añadir a todos los democráticos dirigentes…), ¿Por qué luchaban, por qué se afanaban todos ellos? Por lo mismo, en últimas, que las gentes de nuestras OPAs: por la gloria y el poder.

¡Por la gloria!… Ahí ya no me río; ahí reviento de rabia. La rabia que me da saber que, en el fondo, nuestro listo liberal tiene razón. Lo que, hoy como ayer, está en juego es el poder, la fama, la gloria… La pobre, la miserable gloria nuestra: la encogida, envilecida gloria que da lo que, durante tantos siglos, era para todos los hombres “el vil metal” –y si no lo era para todos, sí para la sociedad como tal. 

El vil metal transformado en glorioso metal. El Dinero convertido en el nuevo santo y seña de esos pobres hombres que se morirán como los hombres siempre se han muerto. Salvo que a nosotros ni siquiera nos quedará lo que engrandecía la vida de quienes luchaban, sí, por su propia gloria y poder. Pero a través de la suya, por la de un pueblo, un destino, una patria, unos dioses, un Dios, una belleza, una grandeza… La belleza y la grandeza que ninguna OPA –basta poner juntos ambos términos: resulta grotesco– jamás podrá aportar.

 

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