Fernando Sánchez Dragó junto con Santiago Abascal, presidente de VOX, el sábado en los toros.

‘Spain first’

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Un par de semanas después de la victoria de Trump sonó el teléfono en mi casa de Madrid. La llamada venía de Miami y su autor era el cubano Mike González, asesor de Bush, en su día, y miembro destacado de la Heritage Foundation, que tanto ha contribuido a la difusión del pensamiento conservador en Estados Unidos. El autor de la llamada me dijo que quería agradecer la defensa de Trump desplegada por mí en las columnas de EL MUNDO y, de paso, cambiar impresiones sobre los argumentos identitarios a los que yo recurría en defensa de la Tauromaquia. Jamás habría podido sospechar semejante secuela de mis elucubraciones taurinas. "Algo así" -me dijo- "es lo que nosotros estamos buscando para dotar de contenido el mensaje del America first". Esa invocación patriótica había sido el puñetazo descargado por Trump en el plexo solar de millones de votantes hartos de corrección política, de insensateces progres y de toda la vaciedad conceptual y la degradación moral inherentes a la conjura globalizadora con la que Hillary, el Partido Demócrata y, por extensión, la Unión Europea, con el decisivo apoyo del multimillonario Soros, querían

... convertir el planeta en un hormiguero habitado por bípedos implumes igualados todos por la distopía orwelliana.

convertir el planeta en un hormiguero habitado por bípedos implumes igualados todos por la distopía orwelliana y desprovistos de sus anteriores rasgos identitarios, sin excluir los anatómicos. O sea: el ser humano como tábula rasa para sembrar en ella todas las clonaciones conducentes a la unánime sumisión a la idolatría del Becerro de Oro. El homo sapiens, desprovisto así de todo lo aprendido y transmitido por sus mayores, desandaba el duro camino andado desde que el simio se irguió al bajar del árbol, salir de la selva y ponerse a otear lo que sucedía en la sabana. Mammón ganaba la partida. Moisés la perdía. La evolución se tornaba involución. Un solo sistema: la democracia transformada en oclocracia. Una sola lengua: el inglés, en desleal pugna con el español articulada mediante el globish financiado por Soros. Una sola religión: la tecnología. Un solo imperativo: el de pagar a tocateja los impuestos confiscatorios que el Ogro Filantrópico necesita para atender las exigencias de su bulimia. Y en eso andábamos hasta que el mecanismo hegeliano de la acción y la reacción -¡La dialéctica, estúpidos!- se puso a corregir el errático rumbo de la Historia. PutinTrump, el Brexit, Orbán, la Europa insumisa, Bolsonaro... Y Vox. El sábado, AbascalMorante y yo fuimos a los toros. Spain first.

© El Mundo

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