Pederastia en la Iglesia, ¿y dónde más?...

El exnuncio en Estados Unidos, Carlo Maria Viganò, de 77 años, ha pedido la renuncia del papa Francisco. Asegura que conocía desde junio de 2013 las acusaciones de abusos sexuales sobre el cardenal Theodore McCarrick.

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El exnuncio en Estados Unidos, Carlo Maria Viganò, de 77 años, ha pedido la renuncia del papa Francisco. Asegura que conocía desde junio de 2013 las acusaciones de abusos sexuales sobre el cardenal Theodore McCarrick, sancionado en junio pasado por el pontífice. El arzobispo Viganò ha escrito una carta de 11 folios, publicada este domingo en varios países, en la que además el prelado acusa a otros miembros de la Curia de formar un “lobby gay” y encubrir las acusaciones contra el cardenal estadounidense. 

Así está el patio de la iglesia. Un cardenal, antigua máxima autoridad vaticana en los Estados Unidos, pide la renuncia del papa de Roma y acusa a la Curia —el cogollito mandamás de la fe cristiana—, de formar un lobby gay dedicado a actividades criminales: pederastia y encubrimiento. Esta es la iglesia heredada de aquellos antiguos polvos, cuando el célebre y hortera Concilio Vaticano II convirtió el catolicismo en una divertida asociación de amiguetes progres de base, cambió la liturgia más hermosa de la historia por un horror de guitarrones y cánticos ñoños al estilo “la chispa de la vida”; y de paso, reformó las sacristías para adaptarlas a los nuevos tiempos y transformarlas en centros de conspiración contra “las injusticias del mundo”. Las parroquias fueron durante décadas “lugares de interés” donde se reunían iluminados redentores de todo pelaje —menos los católicos—, izquierdistas con sentido laxo de la oportunidad en cuanto a alianzas tácticas y algún que otro militante de ETA que hallaba en el curato vasco su benévolo escondrijo y anhelado solaz espiritual. No exagero: la Iglesia Católica, durante los últimos cincuenta años, ha sembrado y germinado en su doctrina todos y cada uno de los postulados buenistas de la izquierda no tan buenista; ha mostrado una comprensión inusitada hacia el terrorismo —IRA, ETA, Indepes Corsos, Terra Lliure…—, y al final, cómo no, ha acogido en su seno, serena y abiertamente, a todo gay sotanero dispuesto a vivir su homosexualidad en compañía de jóvenes cautivados por el mensaje de Cristo. Y está pasando lo que tenía que pasar: lo que se siembra, se recoge.

Todos mis respetos para los miles y muchos miles de sacerdotes y monjas que trabajan cada día honestamente, coherentes en su fe y con tesón admirable que a veces alcanza el heroísmo, por mejorar este maldito mundo y ayudar a quien lo necesite, sacrificando sus ambiciones personales —si es que las tuvieren—, y sus propias vidas si fuera menester. Para los curas apesebrados y las monjas youtubers histéricas, el menor de mis desprecios. Que se arreglen con la que han montado.

Aunque, no seamos ingenuos: dentro de nada, mañana o pasado como muy tarde, saldrán los mismos con las mismas y argumentarán que el escándalo de los abusos sexuales a menores —algo endémico en la Santa Madre Iglesia—, son cosa de “la jerarquía”, del poder eclesial, etc; y abogarán por una iglesia “del pueblo” entregada a los poderes mundanos que encarnan líderes tan carismáticos como el estomagante Mujica o el repugnante Puigdemont y su perrito ladrador llamado Torra: más sacristía progre, más guitarrones y más lobby gay  administrando el invento. Gasolina para los incendios.

¿Me notan como cabreado con este asunto? Imaginen mi rebote si fuese católico…Gracias a Dios, hace mucho que dejé de serlo.

 PS./ Como en todas partes cuecen habas, está por llegar —que llegará—, el día en que estalle y convulsione nuestras conciencias un me too con epicentro en los abusos sexuales habidos en organizaciones juveniles “revolucionarias”, "republicanas" y demás, en acampadas y actividades al aire libre —terrible eufemismo—, organizadas por ayuntamientos y otras instituciones democráticas, así como en las asociaciones deportivas y, por supuesto, las ONG,s superprogres que dan la brasa por el ancho mundo. Tendrán su momento, desde luego. Por ahora, palos a la Iglesia, que es el aliado tradicional del que la izquierda política necesita desprenderse rápido, el traidor a quien Roma no paga favores.

         

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