Autor:

José Vicente Pascual

Adiós a Facebook y todo eso

por José Vicente Pascual

Hace unos días, la librería Bibliocafé de Valencia anunciaba en Facebook su cierre el próximo 8 de febrero. Una más para añadir a la lista, y las que irán agregándose. Que Bibliocafé recibiese hace nada una distinción oficial por su aporte innovador y esmero como difusores culturales, así como la relación cuidadísima con los lectores y autores que acudían a las presentaciones y eventos organizados en aquella casa, añadió un punto más de desasosiego y pesar a la cantidad de comentarios con que la noticia fue acogida en la red social.

A propósito del proyecto de monumento a Blas de Lezo

La estatua

por José Vicente Pascual

Obsequiar la memoria de Blas de Lezo con un monumento es una buena acción, pero reivindicar la biografía del almirante (quizás desagraviarla) con el hecho concluyente, cual final apoteósico, de una estatua, significa cambiar la transcendencia de la historia y lo inmortal de una vida ilustre por lo perentorio de una obra civil.

Los nombres de la cosa

por José Vicente Pascual

No es que me importe mucho ni me preocupe más de lo razonable, o sea, casi nada; pero me late la curiosidad cuando leo y releo los nombres de las organizaciones políticas que van apareciendo al reclamo de las próximas elecciones europeas.

Retrato aproximado de un majadero contemporáneo

por José Vicente Pascual

En los años setenta no se enteraba de nada. Dice ahora que estaba abducido por Espinete, los teleñecos y otros iconos de la cultura naif en puerilandia, pero lo cierto es que vivía una edad primorosa entre la infancia olvidada con urgencia y una juventud horterilla y de gozosa inopia. Cual garufa de tango, durante la semana laburaba en el insti y el sábado a la noche se hacía doctor. Su ídolo: John Travolta. Su sueño: ligar de una vez en la discoteca de siempre.

Lo que nos une y lo que no nos separa

por José Vicente Pascual

El último 12 de octubre, en Barcelona. Me tocó agitar durante unos minutos la parte catalana, la senyera, de la inmensa bandera que cubría el paseo de Gracia. A mi lado, una señora muy entrada en años se esforzaba en la misma tarea. Me miró sonriente (se la veía emocionada), y me dijo con marcado acento de la tierra: "Al final, han conseguido convertirla en bandera española". Se refería a la misma senyera que todos alzábamos porque ahora es de todos.