¡Visca Catalunya!

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Cosas graves –ignoradas en el resto de España, pero banales en Cataluña– narra el programa de Telemadrid que ha desencadenado la histeria en el Principado. Pero lo más grave que ustedes mismos pueden ver en el vídeo que reproducimos no es –con serlo y mucho–  la situación de unos castellanohablantes a quienes se impide practicar el bilingüismo integral al que tienen obvio derecho. Lo peor es ver cómo unas pretendidas “élites” intentan que todo un pueblo reniegue de su bilingüismo consustancial, arranque su carne y su piel, menosprecie la mitad de su lengua, de su historia, de su identidad…: la mitad de su ser. 

He aquí el quid de la cuestión: el ser de Cataluña. ¿Está marcado tanto por sus rasgos específicos (que nosotros somos los primeros en defender) como por los generales de toda España? ¡No!, exclaman los separatistas de todo pelaje. Lo español –añaden– no configura en absoluto el ser de Cataluña, o sólo lo marca en la medida en que ejerce su dominio y su opresión.

Cuando un grupo de gente se ve presa de la furia patriotera (todo lo contrario, la negación misma del sentimiento patriótico), no tiene sentido intentar convencerles. Sólo lo tiene exigirles un mínimo de coherencia, recordarles que, cuando se está a las verdes, toca también estar a las maduras. Si tanto odian a España, si tanto quieren separarse de ella, sigan en sus trece –pero aténganse a las consecuencias. Enciérrense en su gueto –pero quédense en él. Creen, por ejemplo, su dichosa Selección Nacional de fútbol (y quien dice “fútbol”, dice “economía”) –pero limítese el Barça a jugar entonces con el Mollerusa y el Granollers. Impartan, si quieren, más horas lectivas de inglés que de español –pero no se escandalicen si un programa de televisión les dice que relegar el español a lengua secundaria es exactamente lo que pretenden. 

Volviendo a lo sustancial, a lo que está en el fondo de todo: proclamen, si tanto se empeñan, que Catalonia is not Spain, pero proclámenlo… porque ahora, de pronto –¿cuántos años llevan en ello?– les ha dado por ahí, se les ha antojado tal cosa: no porque ello refleje en modo alguno la identidad real, social, histórica de Cataluña. Lo siento mucho, de verdad, pero para renegar de España, para desligar de ella a Cataluña, no les toca más remedio que renegar también de Cataluña, abjurar de su historia y de sus prohombres, poner en la picota a próceres tales como Jaime I el Conquistador, rey de Aragón y conde de Cataluña, Rafael Casanova, Antonio Villarroel, el Timbaler del Bruch, los héroes de Gerona en la Guerra de la Independencia, sin olvidarse –un mínimo de probidad intelectual no les hará ningún daño, se lo aseguro– de Mossèn Cinto Verdaguer, de los diputados de la Lliga regionalista, de los soldados del Tercio Nuestra Señora de Montserrat y de todos cuantos, gritando a la vez ¡Visca Catalunya! y ¡Visca Espanya!,  han luchado, como decía Rafael Casanova el 11 de septiembre de 1714, por “la llibertat de tot el Principal i de tota Espanya”.

Ah, ¡cómo!, ¿no lo sabían? Permitan que les informemos.

(Y para quien prefiera leer este artículo en catalán, helo aquí.)

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