Dominique Venner: ¿Por qué escogió la catedral de Notre-Dame?

El sacrificio de Dominique Venner en la catedral de Notre-Dame ha conmovido a unos, ha chocado a otros. Jean-Yves Le Gallou, director del periódico digital Polémia, explica las razones por las que eligió tal lugar, al tiempo que compendia el pensamiento de Dominique Venner sobre la religión y la identidad colectiva.

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Ya no queda ningún lugar de soberanía política

El gesto de Dominique Venner tiene un obvio sentido político: rechazar “el gran reemplazamiento”, cuestión mucho más grave aún que la ley del “matrimonio” homosexual. Pero la soberanía francesa ha desertado los lugares de soberanía. El Louvre es un museo. El Elíseo, un centro en el que se aplican decisiones tomadas en otras partes. La Asamblea Nacional, un teatro de sombras en manos de los lobbys. Sería ridículo morir ahí.
Uno tampoco muere ante una embajada o ante la sede central de un grupo de presión minoritario.
Y, además, para Dominique Venner, “cualesquiera que sean los méritos de la acción política, no es ella la que puede darles a los europeos una sólida conciencia de lo que son. Esta conciencia de la identidad en todo, incluido en política, pertenece al orden de la mística o de la creencia”.

Notre-Dame, un alto lugar de soberanía espiritual

Es por ello, sin duda, por lo que Dominique Venner ha escogido “un lugar altamente simbólico, la catedral Notre-Dame de París, que respeto y admiro, ella que fue edificada por el genio de mis antepasados en lugares más antiguos de culto que recuerdan nuestros orígenes inmemoriales”. Desde el primer siglo, los galo-romanos honraban ahí a Júpiter, Marte, Venus y Cerunnos, como puede verse en el Museo de Cluny. Desde hace 850 años, Notre-Dame de París, teología de la luz y búsqueda de verticalidad, se ha convertido en el navío del “relato” nacional. Es el lugar de la historia y hasta de la muy larga historia de Francia y de Europa.
Con agudeza y profundidad, el Padre Tanoüarm ha llamado la atención sobre el hecho simbólico de que, para su último llamamiento, el sacrificado haya escogido un altar consagrado a la Virgen María: una decisión que no le sorprende por parte de un hombre que subrayaba la oposición entre la tradición europea, que respeta a la mujer, y el islam, que no la respeta.
No sé si esta hipótesis es correcta. Pero lo que está claro es que Dominique Venner ha proseguido su diálogo con el cristianismo al efectuar su “suicidio-advertencia”.[1]

Religión universal frente a religión identitaria

Llegamos aquí al meollo de lo que Dominique Venner piensa sobre la cuestión. Para él, los hindúes, los árabes, los chinos, los japoneses… tienen una religión identitaria, pero no los europeos, quienes tienen una religión universal. Lo cual era una baza hasta que Europa era dueña del mundo. Pero esta ventaja se convierte en pérdida cuando Europa, retrocediendo, se ve alcanzada por la calamidad del arrepentimiento y de la culpabilidad: “Las demás religiones, incluso el islam […], o el judaísmo, pero también el hinduísmo, el shintoísmo japonés o el confucianismo no son sólo religiones en el sentido cristiano o laico del término, sino que son identidades, leyes, comunidades”. Algo que, a ojos de Dominique Venner, el cristianismo no puede ser de forma completa precisamente porque tiene una vocación universal.

Recuperar la memoria identitaria: Homero y las humanidades

De ahí, la necesidad para los europeos de recuperar su rica memoria identitaria: “Careciendo de una religión identitaria a la que agarrarnos, compartimos desde Homero una memoria propia, depósito de todos los valores en los cuales fundar nuestro futuro renacimiento”. En el momento de abandonar la vida, Dominique Venner mantiene su fidelidad del De Viris illustribus de su juventud. Pero su llamamiento también aboga en pro de las humanidades: a través de los textos, de las artes y de la “clase”. Estamos ante el discurso de un despertador de pueblos que ha puesto la piel para envolver sus ideas. La muerte de Dominique Venner no es un fin. Es un comienzo.

© Polémia
 


 

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