La muerte del régimen

Debemos defender a España, no a la Constitución, una más de las muchas que hemos sufrido. Para que España viva, es preciso que este régimen muera. Y cuanto antes, mejor.

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La crisis abierta por el referéndum catalán representa la muerte del Régimen del 78. No quiere decir esto que el 3 de octubre se desplome este infame tinglado de componendas, corrupción y cobardía moral que llamamos Estado de las autonomías; podrá seguir viviendo largos años –aunque personalmente no creo que muchos– como un cadáver ambulante repleto de normas, reglamentos y demás aparejos legales, pero su legitimidad morirá este domingo 1 de octubre, se vote o no se vote, se independice o no Cataluña. Su responso o extremaunción ya se ha efectuado: la Conferencia Episcopal Española administró los últimos sacramentos al difunto cuando emitió un comunicado, que nadie le pedía, en el que declara su equidistancia entre los sediciosos y el Gobierno legal de España. Si la Iglesia se baja del barco, es que éste hace agua por todas sus cuadernas.

Difícilmente sobrevivirá el régimen a Rajoy, que ha dejado a la derecha española hecha un solar: atea, apátrida, genuflexa, carente de otro propósito que durar un día más en el poder, desnuda de toda idea que la simple supervivencia en el cargo. Tampoco la llamada izquierda va a poder lidiar mejor con la situación que herede, más pronto que tarde, de este nocivo primer ministro, de este Atila con corbata. Para empezar, porque la socialdemocracia ha muerto, porque sus dirigentes tienen una talla igual o menor que la de los que hoy nos atribulan y porque llegarán al poder como rehenes de la extrema izquierda y de lo que quede del separatismo que no se haya ido del país.

España se enfrenta a una triple ofensiva en la que los incidentes de Cataluña son sólo el prólogo: Bildu, Podemos y Esquerra pretenden dinamitar el Estado y jamás dispondrán de una oportunidad mejor que la actual, cuando cuentan además con gobiernos lacayos en Baleares, Navarra, Valencia y Aragón, por no hablar del soviet madrileño de Carmena. Saben que es ahora o nunca, y han decidido que no hay más tiempo que perder. Si Cataluña cae, todo se precipitará en cuestión de meses. Con la monarquía poniéndose de perfil, con la Unión Europea cerdeando, con la Iglesia pasándose a la anti-España, con una mayoría de la nación envilecida y degradada, Podemos, la CUP, Esquerra, el BNG y demás enemigos de la patria saben que basta con empujar el árbol podrido para que éste se caiga. Y lo más seguro es que se desplome. Nuestro único consuelo es que en su caída aplaste a alguno de los que lo empujaron.

No hay que pensar en defender la Constitución ni una legalidad que ya nadie respeta. Hay que pensar en después de la Constitución y después del régimen, porque “esto” no merece sobrevivir y no debe hacerlo. La “obra” del 78 ha sido la disgregación moral y territorial de la patria, la corrupción de las costumbres y el saqueo de la nación por una oligarquía parásita. Debemos defender a España, no a la Constitución, una más de las muchas que hemos sufrido. Para que España viva, es preciso que este régimen muera. Y cuanto antes, mejor.

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