Eran otros tiempos... A ellos se adapta el capitalismo. A la vez que los marca.

¡Que se afeiten ellas! Boicot a Gillette

Gillette ha decidido que, además de desollarnos las barbas, va a castrarnos a todos los varones occidentales.

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La marca de cuchillas de afeitar Gillette ha decidido que, además de desollarnos las barbas, va a castrarnos a todos los varones occidentales. Considera que nuestra virilidad es “tóxica” y que los valores en los que nos hemos formado y que respetamos son deleznables. Por ello, nos quiere llorones, bragazas y pagafantas. Ni cortos ni perezosos, los rapabarbas de la multinacional se han puesto manos a la obra y han sacado un anuncio en el que escupen sobre los varones que nos vestimos por los pies y obedecemos a los códigos de conducta que han respetado nuestros padres y nuestros abuelos, que son precisamente los que hicieron grande a Occidente. América no la descubrieron nenazas. 

A Gillette todos aquellos varones que no son unos planchabragas le parecen una basura a extinguir.

Gillette ha dejado bien claro que todos aquellos varones que no son unos planchabragas le parecen una basura a extinguir. No me gustan los neologismos, pero no me cabe la menor duda de que este anuncio de Gillette es andrófobo y heterófobo. En definitiva, si eres europeo, heterosexual y te gusta vestirte por los pies, Gillette te rechaza como cliente, no quiere que te rasures con sus aceradas cuchillas feminazis. Ni que decir que los deplorables cavernícolas masculinos, un pequeño reducto de millones de neandertales, hemos decidido que nuestras hirsuteces las rapen Wilkinson, Sharp, Astra, Derby o Bic, honorables empresas que carecen de prejuicios y que no discriminan a quienes exhibimos una "tóxica" masculinidad.

Si Gillette quiere especializarse en la franja de planchabragas del mercado está en su derecho, pero a alguien que nos insulta con una versión tan ofensiva de nuestro sexo habrá que ponerle algunas cosas en claro. Igual que nadie les dice a las mujeres cómo han de ser, las multinacionales deberían aplicar el mismo cuento a los hombres. La virilidad de cada uno es un asunto personal de cada hombre y ni Gillette ni la ONU ni nadie tiene el menor derecho a decirnos cómo hemos de vivir nuestra condición masculina.

Además, la odiosa superioridad moral que se otorga una multinacional rapiñadora como Gillette es de todo punto insoportable e intolerable. Los varones de Occidente llevamos más de dos décadas siendo atacados, insultados y ofendidos por los poderes económicos que parecen empeñados en destruirnos y humillarnos. La gente de a pie no tiene muchos medios de defenderse frente a estas potestades impersonales y despiadadas, pero una de las pocas armas de las que disponemos es la resistencia pasiva. Es decir, negarnos a comprar los productos Gillette. Competencia no le falta a esta marca andrófoba y enemiga de la virilidad. Si Gillette quiere acabar como una firma de cuchillas de afeitar femeninas, seguro que no le faltará clientela. Que les vaya bonito.

No sería una pequeña demostración de fuerza por nuestra parte el dejar de comprar los productos Gillette hasta que la marca haga público el despido de los responsables de esta campaña infame. Y, por supuesto, que emita un comunicado disculpándose por su androfobia y su heterofobia. Pero, sobre todo, queremos ver cómo se afeitan una serie de cabezas del organigrama de Gillette. 

Usemos Bic, Wilkinson, Derby, Sharp, Astra o cualquier otra marca.

Hasta entonces usemos Bic, Wilkinson, Derby, Sharp, Astra o cualquier otra marca que nos ofrezcan en la tienda.

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