José Antonio Primo de Rivera

La primacía de la política como poder ser

José Antonio se ha transformado en un clásico de la política contemporánea, si por clásicos entendemos incluidos a aquellos autores antiguos a quienes al interrogarles nos ofrecen siempre una respuesta vigente sobre lo actual.

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Si la opinión como enseña el viejo Aristóteles es “afirmar o negar algo con miedo a equivocarse”, entonces opino que José Antonio fue uno de los pensadores políticos más lúcidos del período entreguerras.

Mi opinión sobre él, se circunscribe a su aspecto de pensador dado que como gobernante político quedó en potencia, a la manera del rumano Cornelius Zelea Codreanu o del peruano Víctor Raúl Haya de la Torre. Al igual que estos dos hombres de su tiempo, no tuvo acceso al poder y no pudo llevar a cabo sus ideas políticas, vinculadas éstas al socialismo nacional europeo más que al fascismo, y de organización socio-económica a través de su ideario sobre el nacional sindicalismo.

Este hecho, que no ya una opinión, y como tal indubitable, hizo que en su discurso o mensaje político tuviera primacía, se resaltara el aspecto del poder ser sobre lo que es.  Nos explicamos: si la realidad no es otra cosa que el conflicto entre potencia y acto, como enseñaran los viejos filósofos. Esto es, si la realidad es no sólo lo que es, sino además lo que puede ser, José Antonio, por su formación mental y su contexto histórico-político, otorgó primacía al poder ser en su discurso político.

Esto hace de él, lo que hoy llamaríamos un pensador progresista, pero no porque creyera en la idea de progreso indefinido de la humanidad como han creído y creen los pensadores demoliberales y neoiluministas, sino porque su pensamiento es un pensamiento progresivo, es decir, que va más allá del statu quo reinante o vigente. Es un pensador no conformista en el sentido lato del término: No está de acuerdo con la realidad política tal como se da. En este aspecto es emblemático el texto del discurso de fundación de la Falange del 29/10/33 cuando deja planteados temas que, setenta años después, aún no hemos podido resolver:

“Somos un movimiento, no un partido, que no es de derechas ni de izquierdas, porque la derecha es la aspiración a mantener la organización económica aunque sea injusta y la izquierda es el deseo de subvertir la organización económica aunque se arrastren muchas cosas buenas (...). El socialismo fue una reacción legítima contra aquella esclavitud liberal (...). pero el socialismo no aspira a restablecer la justicia sino la represalia (...). Queremos que España recobre resueltamente el sentido universal de su cultura y su historia.”

De hecho, este texto breve nos muestra que José Antonio se ha transformado en un clásico de la política contemporánea, si por clásicos entendemos a aquellos autores antiguos a quienes al interrogarles nos ofrecen siempre una respuesta vigente sobre lo actual.

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