"Creemos en Dios", rezan los billetes de dólar

La buena salud de la economía estadounidense sólo es aparente

Compartir en:

Conocemos la famosa frase de Henry Kissinger: “El dólar es nuestra moneda, pero es vuestro problema”. ¿Todavía seguimos ahí?

El asunto incluso se ha agravado. En 1973, el final del sistema de Bretton Woods había consagrado el reino del patrón-dólar como primera moneda de reserva mundial e inaugurado la era de la globalización, permitiendo a Estados Unidos comprar sus productos a crédito al resto del mundo, y financiar sus déficits corrientes extraordinariamente elevados vendiendo obligaciones del Tesoro a sus socios comerciales, en lugar de pagar sus importaciones con oro.

Desde entonces, Estados Unidos ha impuesto una regla según la cual toda transacción que utilice dólares americanos pertenece automáticamente a la jurisdicción americana, incluso si solo afecta a empresas no americanas que efectúen una transacción fuera de Estados Unidos. Todos los países tienen la obligación de alinearse respecto a las sanciones decretadas por Estados Unidos bajo pena de verse también sancionados. En 2014, el banco BNP Paribas recibió una multa de cerca de nueve mil millones de dólares por haber violado los embargos decididos por Estados Unidos, efectuando transacciones en dólares. Más recientemente, China ha sido sancionada por haber comprado sistemas de armamento a empresas rusas. En Francia, Total y Peugeot han tenido que romper sus relaciones comerciales con Irán por el único motivo de que Donald Trump ha decidido salir del acuerdo firmado por su predecesor con Teherán.

Finalmente, la aprobación el año pasado de la ley Cloud Act (Clarifying Lawful Overseas Use of Data Act) permite ahora al Estado norteamericano acceder en cualquier momento a los datos confidenciales de cualquier actor económico que esté investigado por la Justicia norteamericana, incluyendo los datos almacenados en el extranjero.

Se dice que la economía norteamericana va bien y que el desempleo está en su tasa más baja (menos del 4%).

¡Porque ya no se cuentan todos los desempleados! Si volvemos a incluir en las estadísticas los  discouraged workers”, es decir, aquellos que han renunciado a buscar un empleo, que son alrededor de 23 millones de personas, se constata que la verdadera tasa de desempleo es mucho más elevada: 10,5% según los más optimistas, y hasta 23% según otros. La población activa ha aumentado en 21 millones de personas desde 2007, pero solamente dos millones de entre ellas tienen hoy un trabajo a tiempo completo. En total, hay 95 millones de estadounidenses aptos para trabajar que no tienen un empleo. Y todo esto sobre un fondo de estancamiento de salarios e ingresos, de desindustrialización y de aumento de las desigualdades entre el 1% más rico y la gran mayoría de la población.

La buena salud de la economía norteamericana es solamente aparente. Hay que saber que en febrero de 2017, Estados Unidos decidió pura y simplemente eliminar el techo de su deuda, que George W. Bush ya había duplicado, seguido por Obama que hizo lo mismo.

El endeudamiento público, que era solamente de 280.000 millones de dólares en 1960, ha llegado a 22 billones de dólares en 2018.

El endeudamiento público, que era solamente de 280.000 millones de dólares en 1960, ha llegado a 22 billones (de escala larga) de dólares en 2018, y ya se prevé que llegarán a 30 billones de aquí a diez años, es decir ¡un aumento de tres mil millones de dólares al día! Si se añade a la deuda federal bruta (108% del PIB) la de los estados (state debt) y la de los condados y  municipalidades (local debt), se llega cerca del 120% del PIB. Y si se añade además la deuda de los particulares y las familias, llegamos a la cifra astronómica de 72 billones de dólares, ¡el 86% del PIB mundial y 3,5 veces el PIB norteamericano!

Las cifras publicadas el mes pasado muestran, por otra parte, que el déficit comercial estadounidense respecto a China ha pulverizado, una vez más, su récord histórico fijándose en 43,1 mil millones de dólares solo para el mes de octubre. Esto significa que Trump ya ha perdido la guerra comercial que lanzó contra Pekín; lo cual no tiene nada de sorprendente, ya que los Estados Unidos dependen mucho más de China para sus importaciones que China de Estados Unidos para las suyas.

En realidad, Estados Unidos es un país prácticamente en quiebra, que no puede sobrevivir más que endeudándose cada vez a un ritmo más rápido. La deuda, por supuesto, no podrá pagarla nunca, y no se excluye que incluso no pueda abonar los intereses. En el momento actual, solo el servicio de la deuda representa 333 mil millones de dólares al año. En estas condiciones, el último comodín de los norteamericanos se basa en que el hundimiento de Estados Unidos tendría consecuencias catastróficas para la mayoría de sus socios, empezando por China. Pero esto no significa que no pueda producirse un nuevo crash mundial, lo cual sería dramático para los ahorradores y las personas que cotizan a aseguradoras y fondos de pensiones. No se puede excluir, en esta perspectiva, la posibilidad de una guerra civil en un país donde 300 millones de armas de fuego están en circulación.

 

Hace cuatro años, habíamos hablado ya de esta “desdolarización” que podría poner fin a la hegemonía mundial de la moneda americana. ¿En qué momento nos encontramos?

Incluso si la mayor parte de los intercambios internacionales se siguen pagando en dólares, los esfuerzos de desdolarización continúan, a pesar de las amenazas de Washington contra cualquiera que intente huir del sistema. Estados Unidos representa una parte cada vez más pequeña de la economía mundial y soporta la presión de otros actores, empezando por los BRICS[i]. Pero hay que entender que no es fácil llegar a un acuerdo sobre una unidad de cuenta mundial de reemplazo.

Los propietarios extranjeros de deuda norteamericana saben muy bien que nunca serán reembolsados.

Los propietarios extranjeros de deuda norteamericana saben muy bien que nunca serán reembolsados, pero también saben que si intentan deshacerse de sus bonos del Tesoro norteamericanos, corren el riesgo de provocar un hundimiento del mercado de obligaciones que les sería muy perjudicial. Si muchos socios comerciales de Estados Unidos continúan invirtiendo sus excedentes de dólares en activos expresados en dólares, es también porque una conversión de esos excedentes en su propia moneda llevaría a una apreciación de esa moneda y, por lo tanto, una bajada de sus exportaciones.

Entrevista realizada por Nicolas Gauthier

© Boulevard Voltaire

Traducido por Esther Herrera

 

[i] BRICS: acrónimo inglés para designar al grupo de países formado por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica.

Todos los artículos de El Manifiesto se pueden reproducir libremente siempre que se indique su procedencia.

loading...

Compartir en:

Comentarios

¿Te ha gustado el artículo?

Su publicación ha sido posible gracias a la contribución generosa de nuestros lectores. Súmate también a ellos. ¡Une tu voz a El Manifiesto! Tu contribución, por mínima que sea, dará alas a la libertad.

Quiero colaborar