Alain de Benoist sobre los disturbios en Francia

Los pandilleros no tienen reivindicaciones que hacer. Sólo quieren destruir y saquear.

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Las manifestaciones de los últimos días atestiguan el fracaso del multiculturalismo. ¿Cómo se ha llegado a esto?

Son, por supuesto, un signo del fracaso del multilateralismo, pero detenerse ahí sería reduccionista. Los violentos disturbios urbanos a los que asistimos actualmente son también la prueba de un país dividido y fragmentado, no a causa de los inmigrantes, sino de una ideología dominante que ha sustituido las reglas morales de la población por la ley del beneficio. En una sociedad dominada por los valores del mercado, que crea estructuralmente las condiciones para la fragmentación y el desmoronamiento social, no debería sorprendernos que nadie se preocupe por el bien común.

La izquierda vio los disturbios principalmente como una revuelta social (contra la discriminación, la exclusión, el desempleo, etc.), mientras que la derecha habló de una revuelta étnica que presagiaba una guerra civil. Hay algo de verdad en ambas interpretaciones, pero ambas son cortas de miras. En los últimos cuarenta años se han invertido sin el menor resultado decenas de miles de millones de euros en la “política urbana” y en la restauración de los “barrios difíciles”. Por otra parte, la guerrilla urbana no es una guerra civil. En una guerra civil, se enfrentan dos sectores armados de la población, con la policía y el ejército igualmente divididos, lo que no es el caso aquí. En general, son las interpretaciones estrictamente políticas las que se muestran incapaces de tomar la medida completa del problema. Los actuales disturbios urbanos no son de naturaleza política. Los pandilleros no tienen reivindicaciones que hacer. Sólo quieren destruir y saquear. Cuando los representantes de la izquierda o de la extrema izquierda acuden a sus barrios para decirles que "comprenden su cólera", ¡los expulsan o les escupen en la cara!

 

¿En qué medida influye la crisis de identidad francesa y europea en las manifestaciones?

La población francesa ha perdido ya todo sentimiento de pertenencia a una comunidad. Los pandilleros tienen una, o creen tenerla. La crisis de identidad francesa tiene raíces antiguas. Es el resultado de la influencia de una ideología a la vez individualista y universalista, que cree que las personas son "iguales en todas partes" y que los factores etnoculturales son irrelevantes. Ninguna sociedad puede resolver sus problemas mediante la mera suma del contrato jurídico y del intercambio comercial.

 

¿Se cuestiona el Estado francés porque muchos inmigrantes no reconocen la autoridad de las instituciones francesas?

A los pandilleros no les importa el Estado francés, que les es indiferente. Cuando atacan a los policías con morteros pirotécnicos, cuando incendian ayuntamientos o parques de bomberos, no es tanto porque los vean como representantes de las autoridades, sino porque los perciben como intrusos. Piensan en términos de territorio (la "frontera invisible"), de forma puramente tribal. Atacan escuelas, librerías, tiendas de comestibles, comercios y coches. Se ven a sí mismos como una panda atacada por otra panda rival.

Otro error sería creer que los pandilleros no quieren conocer ninguna regla. Al contrario, hay reglas que respetan muy bien: ¡las suyas propias! La mayoría de ellos proceden de culturas de clan y sociedades familiares, y siguen comportándose de forma clánica. Si uno de ellos es víctima de la "violencia policial", todos se sienten también víctimas. Esto es lo que las autoridades, prisioneras de su propia ideología, no comprenden: la madre cuyo hijo ha muerto cometiendo un atraco a mano armada nunca dirá que su hijo se comportó mal. Dirá que, a través de él, todo el clan ha sido atacado. Es el principio mismo del tribalismo de clan: mi gente siempre tiene razón, porque es mi gente.

 

¿Por qué las segundas y terceras generaciones están más radicalizadas que sus predecesoras?

Están más radicalizadas porque sufren una falta de identidad mucho mayor. Estos disturbios nunca son perpetrados por inmigrantes de primera generación, que han llegado a Francia voluntariamente conservando una clara conciencia de sus orígenes y, por tanto, de su identidad. Los inmigrantes de segunda, tercera y cuarta generación se consideran argelinos, malienses, marroquíes, senegaleses, etc., aunque tengan la nacionalidad francesa, pero no saben prácticamente nada de los países de los que proceden sus padres o abuelos. No se sienten franceses, sólo tienen una identidad alternativa artificial o fantaseada. Su frustración es total. Sólo pueden expresar lo que son a través de la violencia y la destrucción.

 

En este contexto, ¿cree que ha desempeñado algún papel la justicia francesa, a la que a menudo se acusa de ser demasiado indulgente con los inmigrantes delincuentes?

El laxismo del sistema judicial es muy real. Los pandilleros saben muy bien que no arriesgan gran cosa porque la ley no se aplica. Una negativa a obedecer y un delito de atropello podrían, en teoría, acarrear hasta diez años de cárcel, pero nunca se han dictado esas sentencias. Es más, ¡no hay más sitio en las cárceles! Esto contribuye a la desmoralización de los policías.

 

En 2005 se produjeron graves manifestaciones en Francia. ¿Qué ha cambiado desde entonces? ¿Ha empeorado la situación?

Hay diferencias entre 2005 y 2023. La mayor magnitud de los disturbios, que en cinco días ya han causado más daños que los de 2005, los cuales duraron tres semanas, se explica en primer lugar por el simple hecho de que las poblaciones inmigrantes de las que proceden los pandilleros son ahora mucho más numerosas. También hay que tener en cuenta el papel predominante que desempeñan ahora las redes sociales. En 2005, los disturbios se concentraban en las grandes ciudades; hoy afectan a los pueblos pequeños. Los pandilleros son también mucho más jóvenes (un tercio de los detenidos tenían entre 13 y 15 años y eran desconocidos para la policía) a la vez que mucho más violentos. En los barrios de inmigrantes se ha desarrollado una cultura de la violencia gratuita: ya no se recurre a la violencia sólo para robar algo, sino por una "mala mirada", por rechazar un cigarrillo o simplemente por nada, por mero placer. Y no se tarda en llegar a los extremos: se sigue golpeando a la gente que ya está en el suelo y no se duda en matar. En Francia, según una encuesta del INSEE, se produce una agresión gratuita cada 44 segundos...

 

El problema de la inmigración no sólo afecta a Francia, sino también a otras grandes naciones europeas como Alemania, donde nunca se han producido fenómenos de esta magnitud. ¿Qué ha fallado en el modelo de inmigración francés?

Ésta es precisamente la prueba de que el multiculturalismo por sí solo no basta para explicar los disturbios. La particularidad de Francia es que fue pionera en materia de inmigración: el problema ya existía cuando la inmigración apenas comenzaba en países como Italia, Alemania, España y el Reino Unido. También está el hecho de que la inmigración en Francia sigue asociada al recuerdo del periodo colonial, que dio lugar a resentimientos que no se han extinguido. Por último, no se puede descartar que algunas de las técnicas policiales que han demostrado ser más eficaces en otros lugares no siempre sean utilizadas por la policía francesa. La forma en que, durante décadas, se ha negado obstinadamente la existencia de problemas ha tenido consecuencias explosivas.

 

¿Tendrán las protestas de los últimos días también consecuencias políticas de cara a las elecciones europeas del año que viene, reforzando a la derecha?

Sí, es evidente. Problemas como el que estamos presenciando en estos momentos nos abren los ojos. La Agrupación Nacional de Marine Le Pen se ha convertido ya en el primer partido de Francia, y los sondeos le auguran la victoria en las próximas elecciones europeas. La opinión pública francesa está harta y no aguanta más. Ven que el Gobierno está totalmente desbordado por lo que está ocurriendo. A la mayoría de los franceses les gustaría que el ejército interviniera en los suburbios. Se critica a Emmanuel Macron por no haber decretado el estado de emergencia, como se hizo en 2005. El símbolo más significativo es el increíble éxito del fondo lanzado en las redes sociales para ayudar a la familia del policía que efectuó los disparos que desencadenaron los disturbios: en menos de cuatro días, ¡ha superado el millón y medio de euros! Lo nunca visto.

 

¿Está Francia perdida para siempre o hay alguna posibilidad de poner fin a esta situación?

¡Nunca digas nunca! En el pasado, los antiguos países de Europa han conocido pruebas mucho más graves y siempre se han recuperado. Cualquier cosa que ocurra puede provocar una reacción en sentido contrario. La Historia es imprevisible. Es, por definición, el dominio de lo imprevisto.

¿Cree que lo que ocurre hoy en Francia podría ocurrir también en Italia?

Es posible, si no probable. La cuestión es si el Gobierno italiano será capaz de aprender de lo que ocurre al otro lado de los Alpes.

© Il Giornale

 

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