Berrinche moruno y otras lindezas (Memorias del Rif)

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Me disculpen por el retraso, pero estoy como estoy y tengo lo que tengo. ¿Qué preguntan con sonrisas zafias emulando la expresión de Moratinos? ¿Que qué es lo que tengo? Pues lo primero que tengo es el derecho a mi honor y a mi intimidad, porque ni soy una pobre desgraciada víctima de la Operación Malaya en conjunción con los juristas del Tomate, ni, por lo tanto, voy a contarles mis padeceres, que, por cierto, no me da la gana compartir con ustedes, ya que conozco y temo sus lenguas de áspid. De hecho, o los rifeños nos parecemos en leche a los españoles, o ustedes vosotros se parecen a esta raza asilvestrada a la que, por derecho territorial, pertenezco.
 
Aclarados conceptos y reiterando mi abierta hostilidad ante los ardides del famoso juez Torres, al que superan con creces cualesquiera de los cadíes de mi Rif natal, porque esos no se meten ni con hijas de nadie ni con tonadilleras, ni avisan a la prensa, porque se juegan el tipo. Salvando las distancias entre personas serias y mentecatos, les cuento que aún me estoy riendo ante el soponcio moruno que ha producido en Rabat la visita de los Reyes de España a las españolísimas Ceuta y Melilla, “del toro de Osborne, las criadillas”. Por cierto y hablando de Ceuta, en el periódico en el que colaboro allí desde hace tiempo han cambiado a los controladores de Opinión y me tienen censurada por “demasiado” hispanorrifeña calé, “demasiado” cristiana y “demasiado” pepera levantisca.
 
¿Qué preguntan? ¿Que si los controladores saben al menos leer y escribir y las cuatro reglas? Bueno, no sean tan críticos y exigentes, tampoco en nuestra amada piel de toro, en los altos niveles de escoltas y coches blindados hay precisamente premios nóbeles, ni autores de excelsas tesis doctorales con excelencia académica. Les digo que, en mi tierra, hay más nivel, y eso que mis paisas siguen haciéndose la manicura de los pies rebanándose las uñas con filos de gumías y las mujeres emponzoñan las jareras con ali olis de ufkí para cautivar a los maridos y sacarles los dirhams que ganan con el “comercio atípico” en la frontera de Haddú ceutí o Beni Enzar melillense. ¿Que eso no es nada “atípico” sino puro contrabando? Vale, Sabios de Sión, pero, si no es de contrabandear con los oasis españoles ¿de qué carajo iba a vivir el ninguneado norte de Marruecos? Las criaturas viven de reventarse los riñones y la espalda acarreando bultos llenos de gloria bendita de un lado a otro de la frontera.
 
Recuerdo precisamente una madrugada mágica, tomando un té moruno en la frontera de Beni Enzar, aún cerrada, el gentío agolpado, ansioso, en el lado marroquí, todos con la necua maravillosa que les permite el acceso a esa Melilla encantada, la apertura de la frontera, la avalancha humana y la frase de generoso consuelo del policía nacional: “¡Tranquilos! ¡Que hay España ‘pa tós’!”. ¿Quién puede dudar de la españolidad de nuestras hermosuras mediterráneas? Siglos antes de que existiera como tal el Reino de Marruecos, ya estábamos los españoles bregando por aquellas tierras de Dios y dando a los desgraciados lugareños una imagen de que el neolítico había sido ampliamente superado. Pero en Rabat “hacen “ que se mosquean, fingen, porque la cosa está muy malita donde los vecinos y cada día hay más barbudos y más chiflados, más pobres y menos expectativas. Así que, como los napolitanos se inventan la tragedia para vivirla, el monarca alauí se inventa agravios para “crear” tragedias y que el pueblo se olvide de la pobreza que, pese a las toneladas de millones que chupan de Europa, no mejora ni un colín.
 
Hablan, los pobrecillos, de “las ciudades expoliadas”, cuando les juro por mis muertos, y mi raza no menta a los muertos en vano, que Marruecos entero suspira por obtener un visado y largarse a Ceuta o a Melilla, conseguir “los papeles” y disfrutar de las excelencias y las libertades de nuestra maravillosa cultura occidental que, por cierto, no es exportable. A la vista está. Intentos fallidos de imponer leyes y valores democráticos en países gobernados por sátrapas medievales o dictadorzuelos corruptos como mandriles rijosos, no han faltado. Y no dan resultado, lo dice el mejor politólogo que es Giovanni Sartori y lo digo yo que soy una paleta ignorante, pero que he estudiado en el libro de la educación y de la vergüenza.
 
¿Que han retirado al embajador en Madrid para dar muestras del berrinche moruno? Por favor. Que les jodan. ¿O es que corremos el riesgo de que los generosos marroquíes, cuyo Rey es uno de los hombres más ricos del planeta, dejen de darnos paletadas de dinero para construir escuelas, hospitales e infraestructuras y cierren sus fronteras a los ocho millones de pobres españoles que sueñan con ir a buscarse la vida al paraíso magrebí? ¿Qué gruñen, que si estoy de coña rifeña? Lo estoy. Será que los rifeños somos paridos por mano de partera y, a la muerte, acompañados por el gemir de las plañideras, envueltos en un trapo blanco y entregados a la tierra áspera. Si no nos matan la miseria, la mugre y las enfermedades, no nos mata ni la mercadería del Enola Gay, nuestros niños tienen un chivani, un viejo, en la barriga y los adultos un politólogo de la gramática parda en los cojones. Podemos oler a ingle de cabra, pero nuestros corazones son puros como blancas palomas y nuestros jueces, nuestros cadíes, no cometen maldades, ni dan tres dirhams al pregonero para hacerse famosotes y ser personajes de tertulias de casquería inmunda donde cuatro ignorantes hacen de “procureur”, de fiscal y linchan famas y honras. Pese al cabreo moruno, ficticio, como el dolor de una plañidera de entierro de pobre, hay cosas que no hacemos. Por decencia. Por valores antiguos y ancestrales, muchos de ellos enseñados, mostrando la faca o el cetme, por caballeros legionarios españoles.
 
El viaje Real era un deber ético. Y estético. Para emborracharos de roja y gualda en los tiempos de la indigencia moral y de los nacionalismos mierdosos de estómagos agradecidos y trajinosos financiados. ¿Que se han encorajinado los magrebíes? Pues se les da árnica, lo digo como politóloga, yo tengo la clave: “Mira paisa, no se renueva un visado moruno más y empezamos a pasaportarte a Tánger a emigrantes retornados sin derecho a pasaje de vuelta y encima maliciados y con las mañas de los derechos y las libertades aprendidas de memorieta”. Entonces sí que les iba a dar a los de Rabat el soponcio moruno. Se lo juro por mis muertos.

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