El pancriollismo

Recuerden ese término: pancriollismo. En el futuro lo oirán muchas veces.

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Muchos europeos creen que criollo es un europeo que se fue y nada más: ¡Error!! Nadie se va por cinco siglos, o por un siglo o solamente nace bajo otras estrellas y designios sin sufrir profundos cambios, que no lo hacen, sin embargo, dejar de pertenecer
lato sensu a una gran identidad dentro de las identidades globales de origen europeo.
Las repúblicas criollas son a la medida del iluminismo, como el imperio español fue a la medida del imperialismo español. No somos nada de eso. Somos la superación del criollismo, tomado éste como eje o componente en la formación de las susodichas repúblicas. De hecho, la mayoría de los que promovemos el pancriollismo no estábamos aquí cuando aquellos procesos se desarrollaban. No estábamos, digo, porque la mayoría de nuestra gente arribó en forma posterior, para “hacer América”. Y la América se hizo. Lo que hoy es América es en gran parte hechura nuestra. Esto no niega lo demás: a saber, los otros pueblos, donde los hubiera en este gran espacio en gran parte deshabitado.
Escribo hoy para los más jóvenes, para esos que inteligentemente han lanzado este proceso profundo que es a la vez político-cultural, metapolítico, espiritual, etc.
Las cosas serán lentas, pero serán. Etnia es misterio en cuanto lo material, se conjuga con lo espiritual y lo cultural, con la actitud y el sentimiento territorial. Se relaciona también con los grandes espacios criollos, no solamente con el terruño inmediato.
Estoy orgulloso de haber participado desde el principio en esta idea-fuerza: el pancriollismo, que es un ir más allá del criollismo mediante la superación y demarcación nueva del criollismo, ya no un folklórico gaucho, llanero o croto inconsciente de su profundo destino identitario, juguete de las logias, de las iglesias, de los partidos, de las oligarquías, sino simplemente un “hombre nuevo, autoconsciente” de la dimensión identitaria en el marco global, pero sobre todo en el marco sudamericano.
Dejamos atrás viejos lastres antiguos y modernos, para lanzarnos decididamente a ocupar nuestro lugar en la historia con los demás pueblos del continente. Ni las fronteras españolas ni las iluministas nos identifican. Somos como toda fuerza nueva iconoclastas, pero no hay apuro ni necesitamos empujar ídolos que se están cayendo solos. Solamente cumplimos nuestro papel. No será fácil, pero indefectiblemente será.
Recuerden ese término: pancriollismo, pues en el  futuro lo oirán muchas veces.

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