Populismo italiano: sube el termómetro

Por primera vez cabe hablar realmente de unión, en torno a la Lega Nord, entre los movimientos denominados "nacional-populistas".

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Es cierto, la cosa no es nueva, pues el populismo siempre ha sido un fenómeno muy arraigado entre nuestros vecinos italianos. Aparte de los tradicionales y constantes grupos radicales presentes en las elecciones, quienes sueñan con una revolución suave habían colocado sus esperanzas estos dos últimos años en las acciones de los Forconi[1]y en el partido Cinque Stelle del cómico Beppe Grillo, que muy pronto ha conocido sus límites.
Lo novedoso es que, quizá por primera vez, dejando de lado las alianzas con los conservadores inmovilistas y demás liberales de la derecha blanda, cabe hablar realmente de unión. Un hecho nuevo en un país en el que los movimientos denominados “nacional-populistas” (¡habría que encontrarles una denominación más satisfactoria!) no sólo son numerosos, sino que se hallan en perpetua oposición unos con otros, y a veces por divergencias mínimas.
Esa unión se expresó muy a las claras en la manifestación del pasado 28 de febrero en Roma, la cual constituyó un auténtico éxito. Lega Nord, CasaPound, Fratrelli d’Italia…, todos se manifestaron unidos en torno al lema “¡Lárgate, Renzi![2], pero sobre todo en torno a cuestiones mucho más graves: inmigración masiva, salida del euro, soberanía y preferencia nacionales.
El mérito hay que atribuírselo al trabajo del nuevo Secretario General de la Lega Nord, Matteo Salvini. Ha sabido dejar de lado los aspectos —reconozcámoslo— más estúpidos de la Lega, como el desprecio y las constantes burlas hacia los italianos del sur (en donde parece ponerse en marcha un proyecto similar a la Lega); la reducción del secesionismo del norte, lo cual ha permitido el acercamiento de otros movimientos como CasaPound, al tiempo que se ponía el acento en la auténtica urgencia: la inmigración masiva. La situación, en efecto, es catastrófica: Frontex (el organismo de la UE que se ocupa de inmigración) anuncia que hay un millón de inmigrantes listos a cruzar este año el Mediterráneo. Y el ritmo no disminuirá mientras la política italiana, con su operación Mare Nostrum (cada vez ya menos “nostrum”, por cierto…), consista en socorrer barcos y barcazas… sin devolverlos al lugar del que partieron. Con ello no se hace sino lanzar a toda África un mensaje muy claro: “Venga, venid… Los militares italianos os escoltarán hasta la orilla, y los españoles, los franceses y demás financiarán vuestra instalación”.
Sin embargo, al igual que ocurre en Francia con las promesas del Front National, la incertidumbre sigue en pie: aunque alguna coalición llegue al poder, ¿podrá realmente hacer algo en materia de inmigración y de economía? Más profundamente, ¿podrá surgir de las urnas un cambio auténticamente revolucionario de nuestras sociedades? Si ello sucedió en los años 30, hay que recordar que en aquel entonces aún existían las soberanías, y los poderes fuertes eran, sin embargo, mucho menos fuertes que ahora.


[1] Los Forconi (literalmente: los portadores de horcas): movimiento popular, compuesto sobre todo de trabajadores autónomos en lucha contra la casta político-económica y las consencias de la crisis. Véase el artículo de Laura Portolés que publicamos en diciembre de 2013: “Los ‘Forconi’: el pueblo italiano blande horcas”. (N. de la Red.)

[2] Matteo Renzi, presidente del Consejo de Ministros italiano.

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