Y quien dice Italia, dice...

¿Quién Gobierna a Italia?

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El ciudadano corriente tiene conciencia de ser gobernado por una clase política corrupta e indigna de representarlo, una clase que no considera la política como el Arte de gobernar la sociedad para mejorarla, sino como una lucrativa profesión repleta de privilegios. Estos gobernantes, ya totalmente apartados de un pueblo al que no conocen y cuya suerte les importa un bledo, se emten en política con el solo fin de hacer carrera. Flanqueados por los medios de comunicación, han reducido la política a un  sucio espectáculo compuesto de escándalos sexuales, show business y sobornos.

Es una empresa de desmovilización que ha tenido éxito, hay que reconocerlo: el pueblo, al sentirse impotente, ha acabado desinteresándose por completo del «bien común», del futuro, de la marcha del país. Lo cual no deja de tener una cierta lógica: en este régimen para hacer oír la voz de uno, se vota… ¿pero a quién? ¡Sólo se vota a los candidatos seleccionados por los partidos de esta democracia representativa que, de este modo, se convierte en una pura ficción!
 
La más arrogante demostración de todo ello es sin duda el ascenso de Mario Monti, un personaje totalmente desconocido por la mayoría de la gente y que ha llega al poder sin haber sido elegido por nadie… Se ha hablado de golpe de Estado, de golpe financiero, de paso hacia un nuevo orden mundial… Palabras todas que pasan por encima de la cabeza de un pueblo que, cuando no se resigna, se siente casi aliviado de haber sido despojado de su soberanía. Pero, ¿qué peso podemos dar a estas palabras? ¿Son sólo una «paranoia» por parte de quienes creen en una «teoría del complot»? ¿O expresan, por el contrario, una realidad fácilmente demostrable con sólo echar un rápido vistazo a la vida de Mario Monti?
 
Formato y formateado en América, el hombre trabajó en nuestro continente, cuando era Comisario europeo, en pro de la abolición de los aranceles, es decir, en pro de entregar nuestro mercado interno al liberalismo planetario más salvaje. Basta recordar que, hasta el año pasado, Monti era consejero internacional del infame banco Goldman Sachs cuya excelencia en las estafas se hizo de notoriedad pública con ocasión de los escándalos que protagonizó hace poco: su responsabilidad en la crisis griega (cuando, además de ayudar a ocultar el endeudamiento público de Grecia, apostó por la bancarrota del país), en la crisis de las subprimes, punto de partida de la actual crisis internacional (vendía préstamos basura y apostaba al mismo tiempo por el derrumbamiento del mercado inmobiliario), sin olvidar sus maquinaciones para crear artificialmente situaciones de penuria de materias primas hoy por hoy abundantes (aluminio, cinc).
 
Éste es el verdadero rostro de Goldman Sachs, la institución de la que Mario Monti ha salido para dirigir a Italia (pero de la que también han surgido  Papademos en Grecia y Draghi en el Banco Central Europeo). Monti es uno de los pocos europeos que es miembro tanto de la Comisión Trilateral (organización mundialista que aspira a planificar la economía y la política internacionales sobre la base del modelo capitalista americano) como del Grupo Bilderberg (un súper Club secreto que agrupa a la crema de la oligarquía internacional, cuyo objetivo final es llegar «a una revolución sin sangre, inspirada por las actuales clases dirigentes, que conduzca a un gobierno de tecnócratas para los cuales la política esté plenamente subordinada a la economía internacional», como lo escribió ya en 2007 Daniel Estulin, autor de una investigación sobre dicho grupo).
 
Estas instituciones supranacionales aspiran a imponer sus decisiones a los gobiernos de todas las naciones, favoreciendo sus propios intereses particulares en detrimento de los de la comunidad. O dicho con otras palabras, favoreciendo los intereses de los bancos y las multinacionales en detrimento de los de los pueblos. Todo ello, por supuesto, sin pasar por los estorbos democráticos… ¿Hay aún alguien que se pregunte para quién trabaja el senador Monti? Está haciendo el juego de las altas finanzas en contra de la economía italiana, y el de América en contra de Europa. Su política de austeridad no consiste sino en transferir las riquezas de Italia[1] hacia los dominios de las altas finanzas internacionales. No hay en ello ninguna conspiración, ningún complot: se trata tan sólo de la lógica del sistema liberal globalizado. Y es completamente oficial. La oligarquía mundial ya no se oculta para nada, pues tiene la certeza de que los pueblos no se darán cuenta de sus maniobras, y si acaso se dieran cuenta, tampoco reaccionarían, porque se han vuelto apáticos.
 
Lo único que sucede es que se olvidan de una cosa: el despertar popular siempre ha sorprendido por lo imprevisible que resulta…


[1] Además de la riqueza de sus pequeñas empresas independientes, Italia es también la tercera reserva mundial de oro. Reserva que Mario Monti está ahora liquidando al extranjero…

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