Paseo con Virgilio

Esto y no otra cosa es la poesía: una revelación.

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Nunca me ha extrañado que Dante tomara a Virgilio como guía en su recorrido por el Infierno y el Purgatorio de su Divina Comedia, y no sólo porque ya en La Eneida aparecieran advertencias de un castigado al infierno, solemnes advertencias en verso a los hombres: «Aprended, vosotros, advertidos, aprended justicia y a no despreciar a los dioses». No sólo por eso, pues Virgilio, considerado mago en la Edad Media, posee desde lueg, la magia de llevarnos al terreno de sus versos, que, en cada una de sus obras, nos aleccionan en filosofía y belleza.

Siempre estaré agradecida a aquel bachillerato de amplios y profundos conocimientos, entre ellos, los del griego y el latín; en las clases de esta última asignatura aprendí aquellos versos de La Eneida, «Arma virumque cano» [Canto a las armas y a los hombres], «Timeo danaos et dona ferentes» [Temo a los griegos hasta cuando hacen regalos]: frase advertencia del lúcido Laoconte al ver el caballo de madera a las puertas de su ciudad, gran enseñanza ésta sobre el caballo de Troya y los caballos de Troya que no han dejado, ni dejan, de amenazarnos.

Como la de todo poeta grande, la poesía de Virgilio es lo que yo vengo diciendo que es la poesía: una revelación. La poesía como conocimiento revelado, como epifanía. La poesía de Virgilio, en su riqueza de belleza y conocimiento, nos ha legado frases reveladoras, como éstas de La Eneida, cuya verdad permanece intacta con el paso de los siglos y que nosotros repetimos como si fueran nuestras, pues nuestras son en tanto que su contenido forma parte de nuestra experiencia vital. Cuántas veces habremos dicho, y seguimos diciendo, aquello de que «La fortuna ayuda a los audaces» [Audentes fortuna iuvat], «Possunt, quia posse videntur» [Pueden, porque creen que pueden], pues la confianza, unida a la voluntad, nos da la fuerza; de ahí, también, el familiar pensamiento, popular y sabio de «Querer es poder». «Vendidit hic auro patriam» [A cambio de oro vendió a su patria]: como bien sabe Virgilio, codicia y traición suelen ir de la mano, por lo que distintas generaciones han sido testigos de la traición de los «vendepatrias», palabra española de tintes virgilianos y perfecta denominación de lamentables ejemplos.

Este paseo con Virgilio me trae de nuevo estas palabras de sus Églogas que son, una vez más, revelación, una revelación unida a una esencial pauta de vida: «Omnia vincit amor; et nos cedamus amori» [El amor lo vence todo; y nosotros cedamos ante el amor]. También: «cedamos el paso al amor»). Sigamos su consejo.

© ABC


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