Irlanda: una historia y dos lenguas

Irlanda: sometida durante siglos al yugo inglés (y éste sí lo fue de verdad…), ha tenido la inteligencia de mantener libremente, como idioma principal, la lengua universal que es el inglés, al tiempo que ha reconocido todos sus derechos al gaélico, pero sin imponerlo a nadie. Gran lección: no todos los pueblos son tan obcecados como algunos que por otros lares conocemos.

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La historia de Irlanda, desde hace siglos, ha venido marcada por la lucha por su independencia frente a la colonización inglesa. En el siglo XII, los anglonormandos, afincados en Inglaterra desde el siglo XI, cruzaron el llamado Irish sea y aun no sin ciertas tensiones, se establecieron en Irlanda sin imponer la lengua inglesa, aprendiendo y hablando la lengua autóctona, el gaélico irlandés. De estos normandos se llegó a decir en la Isla Esmeralda que had become more Irish tan the Irish themselves (se habían hecho más irlandeses que los propios irlandeses).

La colonización de Irlanda en toda su dureza comenzó siglos después, cuando Enrique VIII, nada contento con el hecho de que aquellos anglonormandos establecidos en Irlanda hubieran roto ataduras con la corona de Inglaterra y siguieran siendo “más irlandeses que los propios irlandeses”, se autoproclamó rey de Irlanda y emprendió una serie de campañas militares en tierras irlandesas con el propósito de conquistarlas y dominar a sus gentes, surgiendo de esto, tiempo después, el asentamiento de colonos ingleses, ya por entonces protestantes, lo que contribuyó al recrudecimiento del conflicto, dado el catolicismo de los irlandeses. Desde entonces fueron continuas las luchas del pueblo irlandés contra el invasor para conseguir su independencia. Y las luchas continuaron hasta el siglo XX, en el que tienen lugar el Levantamiento de Pascua de 1916, la partición de la isla en dos países, el Ulster, británico, y Eire, los veintiséis condados del sur acogidos al llamado Irish Free State (Estado libre irlandés), la guerra civil y la proclamación de Eire como República independiente en 1948.

A lo largo de todos estos siglos el inglés fue ganando terreno hasta hacerse la lengua mayoritaria, de tal forma que, hoy día, el cien por cien de la población irlandesa habla inglés, mientras que sólo para un reducido grupo de la población, básicamente en las llamadas zonas gaelteach (zonas de habla gaélica, oeste de la isla), el irlandés sería la lengua en la que aprendieron a hablar, lo que no implica que no hablen inglés también.

Pasamos ahora a la política lingüística del país. A finales del siglo XIX tuvo lugar el llamado Celtic Revival o Renacimiento Céltico, prolongado durante las primeras décadas del siglo XX, cuyos miembros fueron importantes artistas, escritores y políticos como, entre otros, George William Russell, Lady Gregory, William Butler Yeats, John Millington Synge y Douglas Hyde. Apasionados por la cultura, la tradición y el rico curpus literario en gaélico de las milenarias sagas irlandesas, se propusieron, con fervor patriótico, reivindicar la cultura autóctona, en la que la lengua gaélica ocupaba un muy importante lugar. Tanto es así que el académico Douglas Hyde, asimismo lingüista y político, fundó The Gaelic League (La Liga Gaélica), de la que también fue presidente, para reivindicar y dar nuevo impulso a la cultura y a la lengua autóctonas. Su ejemplo fue seguido por autores como Lady Gregory, que, junto a él, llevó a cabo traducciones al inglés de las sagas irlandesas, dando a conocer a sus compatriotas la literatura en la lengua autóctona y a los personajes de estas sagas, como el héroe Cúchulainn entre muchos más. Otros miembros del Celtic Revival, aun sin hablar irlandés, tomaron estas sagas y a sus personajes como inspiración de gran parte de sus escritos en inglés: poderosos ejemplos se encuentran en la poesía de Yeats.

La lengua irlandesa lleva teniendo durante décadas presencia en el sistema educativo irlandés, pero nunca se ha intentado que el inglés sea sustituido por ella: las Gaelscoileanna (Escuelas primarias) y las Gaelcholáistí (Escuelas secundarias), centros de inmersión lingüística en irlandés, constituyen menos del diez por ciento de la totalidad de centros de enseñanza: en éstos, que son más del noventa por ciento, la lengua irlandesa se enseña como asignatura obligatoria, pero no es, por tanto, lengua vehicular. A las Gaelscoileanna y Gaelcholáistí asisten los hijos de padres que, por elección, prefieren que sus hijos reciban enseñanza en irlandés, aunque también merece ser mencionado el hecho de que allí también tienen la lengua inglesa como asignatura obligatoria y, en las segundas, además, se enseña la asignatura de literatura inglesa, que se imparte en inglés. Se exige, eso sí, el conocimiento del irlandés para obtener el certificado de estudios secundarios, cosa lógica puesto que se trata de una asignatura obligatoria, como lo son tantas otras, pero, igualmente, se exige a los alumnos de los centros en los que el irlandés es lengua vehicular que aprueben el examen de lengua y literatura inglesas, que es común para los estudiantes de todos los centros educativos del país.

Ciertamente, en Irlanda se da valor a la lengua irlandesa y se promueve su estudio, pero estudiar en irlandés es algo optativo, no es algo que se haya impuesto nunca. En la red de carreteras irlandesas, los nombres de las poblaciones aparecen en irlandés y en inglés, como habrán visto los numerosos visitantes del país. También hay algún canal de radio y televisión en la lengua originaria.

Es evidente que, en Irlanda, no ha habido ni hay una guerra de lenguas, pese a que las guerras, las de independencia, han marcado su historia. Gran contraste con la situación actual de Cataluña (y lo mismo se podría decir del País Vasco): a quien se empeñe a toda costa en encontrar un parecido entre el caso catalán y el irlandés no le ayudará la lupa ni tampoco el microscopio, por lo que tendrá que recurrir a la inventiva.

 

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