Las tropas enviadas a defender la frontera meridional de Hungría desfilan ante el primer ministro Viktor Orbán

La Hungría de Orbán le saca los colores a la Italia de Meloni

"Hungría no tolera que Bruselas quiera dar más dinero a los ucranianos por la guerra y más dinero a los inmigrantes por su invasión."

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Poco han hablado los periódicos del Régimen (o del Sistema, si prefieren) de la negativa de Hungría y de Polonia a suscribir la declaración conjunta con la que se ha cerrado la Cumbre de Primeros Ministros de la Unión tildada de ‘Europea’ que se ha celebrado recientemente en Granada. Nuestros democráticos medios han indicado, es cierto, que dicha negativa se ha debido al total rechazo dado por ambos países a la política propugnada en materia de inmigración (de ‘invasión’ o de ‘sustitución étnica’ sería más exacto decir).

Pero ahí se ha acabado todo. Nada han dicho de las otras razones —la oposición a la guerra de Ucrania— que ha alegado Viktor Orbán y que Polonia no comparte en absoluto. Como tampoco han dicho nada del silencio culpable de la primer ministra italiana Georgia Meloni, quien después de hacer llegado a Granada clamando por una solución urgentísima ante el desembarco en Lampedusa de decenas de miles de desarrapados provistos de móviles, la pretendida identitaria ha agachado la cabeza, la apátrida patriota se ha plegado al consenso woke, e Italia ha aceptado que nada se siga haciendo para impedir la invasión: como lo hace Hungría en sus fronteras y como el francés Jean-Yves Le Gallou lo propugnaba recientemente en estas mismas páginas.

Corrijamos y llenemos pues —una vez más, y van...— las lagunas o los mares dejados por los medios sistémicos. Aquí van, reproducidas en su integridad, las palabras pronunciadas por el primer ministro húngaro Viktor Orbán, esa especie de Charles Martel (ojalá acabe siéndolo efectivamente) de la modernidad.

J. R. P.


 

Estoy aquí en España, en la cumbre de primeros ministros de la UE. Aunque estamos a miles de kilómetros, desde aquí se ve que hace calor en Bruselas. Los burócratas están cometiendo un error tras otro, y hoy es difícil barrer esto debajo de la alfombra. Sólo llevamos tres años de un presupuesto de siete y Bruselas ya está intentando que los Estados miembros paguen más dinero porquequiere dar más dinero a los ucranianos por la guerra y más dinero a los inmigrantes. 

En Hungría, los inmigrantes ya están disparando a nuestros guardias fronterizos en nuestras fronteras meridionales

Mientras tanto, el acuerdo sobre migración, la panacea para la migración que nos impusieron hace tres meses, también ha fracasado. La situación empeora, la situación en las fronteras es cada vez más dramática. En Hungría, los inmigrantes ya están disparando a nuestros guardias fronterizos en nuestras fronteras meridionales.

Tenemos una guerra en nuestro vecindario y ahora a Bruselas se le ha ocurrido dar a Ucrania dinero incondicional para la guerra durante otros cuatro años. En lugar de un alto el fuego, quieren suministros de armas; en lugar de paz, este dinero fomentará la matanza prolongada. Hungría no suministra armas, queremos un alto el fuego y la paz.

La situación es clara: Bruselas está perdiendo el control. Dentro de unos meses habrá elecciones en Europa, y en lugar de ocuparse del trabajo que les corresponde, los burócratas ya están pensando en lo que les ocurrirá, en lo que pasará con sus empleos y carreras. En una situación así, no hay forma de que Hungría apoye una enmienda presupuestaria desagradable y poco meditada.

 

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