Nao publicó estas fotos en un tuit en respuesta a su padre, que le había enviado la imagen en la que sale con el hiyab.

La veinteañera Nao y los 70 'apóstatas' de Alá

Son el movimiento emergente entre los jóvenes musulmanes más descreídos de Europa. Por renunciar a la fe en Alá y postular una vida laica, se enfrentan al repudio de los suyos. El ateísmo está castigado con la pena de muerte en el Islam. Hay hasta un descendiente de Mahoma. La impulsora de la primera Asociación de Exmusulmanes en España tiene 21 años, la piel tatuada y da la cara por todos ellos.

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La mirada de Nao, con la mano sujetando la mejilla y una medio sonrisa es soñadora y directa. Como la de una jovencísima pin up. Pero con tatuajes y un punto punk. Ese contraste probablemente defina mejor que nada el carácter de esta mujer de 21 años que está teniendo que defender su vida a dentelladas, a veces. Otras, con mandobles a diestro y siniestro, sin concesiones, ejecutados con la seriedad, precisión y la elegancia firme de quien sabe de lo que habla. Nao es la impulsora, entre otras muchas cosas, de la primera Asociación de Exmusulmanes de España. En realidad no es la primera, hay otras, pero esconden su verdadera identidad tras otros nombres relacionados con el laicismo porque el cuestionamiento de la deidad y la integridad física en el Islam son incompatibles.

Por ponernos en situación recogemos el testimonio de una de las personas que ha recorrido este camino y que, como es frecuente, prefiere que no difundamos su nombre: «Si matase a un hombre, mi padre me traería comida a la prisión; si fuese un pederasta, mi madre me perdonaría. Pero si anuncio que no creo en Alá, mi familia no querrá saber nada de mí y pensará que merezco la pena de muerte».

«Sí, en el Corán, la apostasía es motivo de condena a muerte»

«Sí, en el Corán, la apostasía es motivo de condena a muerte», recordará ella.

De modo que la iniciativa de Nao es valiente de un modo contrastado y radical. Valiente y, por lo tanto, compatible con la vulnerabilidad y los tormentos porque, al fin y al cabo estamos hablando de fe o de descreimiento, de identidad, de familia, de principios. Y de mucho más. En realidad no se trata de Alá sino de poder y de política.

Cuando uno cuestiona la validez del Corán, no cuestiona la religión sino los pilares en los que se basan todos los regímenes teocráticos del mundo árabe y el «nacionalislamismo en el que se ha convertido el Islam, según el cual ser musulmán es más importante que ser del lugar en donde vives». Lo advierte Najat El Hachmi, la escritora que se ha convertido en un referente para los miembros de la asociación y que resalta bien que la lucha de los exmusulmanes lo es a favor de una sociedad democrática. Por eso son tan perseguidos y denostados, especialmente si son mujeres, consideradas personas «de segunda» en el Islam.

Nao es la personificación de esa resistencia. Es activista sin descanso hasta para declararse admiradora de Bad Bunny. Se hartó hace un año de que su padre le agrediese física y emocionalmente porque quería tener una vida propia -«mi futuro iba a ser la casa de mi marido, mi padre me lo dijo con esas palabras y yo no podía consentirlo»-y, por lo tanto, al margen del Islam; buscó una plataforma que le ayudase a librarse de esa situación y que le orientase, y no la encontró; así que la creó. Y se dio cuenta de que «hay muchos más y no estamos solos».

Sus miembros, todavía unos veinte socios y unos 50 seguidores o simpatizantes, se comunican por grupos a través de Telegram o de Whatsup. Están siempre conectados. Los llamaremos los 70 apóstatas aunque los haya ateos, agnósticos o personas que sencillamente ponen en duda los preceptos del Islam sin dudar necesariamente de que haya un ser superior. Forman parte de un movimiento, de jóvenes sobre todo, que reaccionan al neoconservadurismo islámico surgido en Europa, desde Alemania, Inglaterra o Noruega.

Por el momento, se han apuntado ex musulmanes de Barcelona, Madrid, Alicante y Málaga. En su mayor parte -y no es de extrañar- mujeres. «La última llamó porque sus padres siempre la tenían encerrada en casa. Necesitaba emanciparse y la guiamos. Si necesita algo, se lo damos. Si es más complicado colaboramos con otros organismos porque no somos profesionales y hay veces que se ponen en contacto con nosotros chicas menores víctimas de violencia», explica.

Es española de padres marroquíes. Vivió en Toledo primero y después en Barcelona y, desde hace cuatro años, se desplaza con frecuencia a Monpellier. Como no puede ser de otro modo, es feminista. Estudia traducción e interpretación en lengua alemana y rusa. Trabaja y sobrevive -mal- gracias a una beca y tiene una cuenta de Twitter con el muy indicativo nombre de @NaoTseTung en la que igual describe -con una mezcla de rabia y dulzura- cómo le ha ido la jornada con los chalecos amarillos, que responde con contundencia a quienes bailan el agua a los islamistas, pregunta si alguien va a ir a un concierto o se abre en canal. Y en la que recibe insultos y amenazas.

«De pequeña jamás pensé que a los 21 años iba a estar dando gracias por vivir en un zulo, en una cama cuyo colchón son mantas amontonadas y yéndome a dormir sin saber si tendré un techo el día siguiente. Todo esto teniendo familia. Acaso elegimos esta vida?». «Me llena tanto de rabia haber tenido que sufrir tanto durante tantos años y que al final ese dolor no se vaya. Reconstruirse es una mierda. No dejo de sentirme culpable todos los días y dudar». «Aun miro hacia los lados cuando salgo por si alguien conoce a mis padres y se chiva. Y escondo el móvil cuando alguien se acerca. Aun hay miedo y es jodido quitárselo».

«He estado a unos metros de casa de mis padres porque tengo que pasar por aquí, y en la ventana estaba mi hermano pequeño y ha llegado mi madre para llevárselo. Me he puesto a correr llorando como una loca», escribe en sus tuits más personales.

Contraria al velo como falsa reafirmación y, por supuesto, al niqab o al burka, Nao se revuelve cuando una asociación o un partido político defiende, por ejemplo, que las «compañeras musulmanas» decidan como quieren vestir. «Pues dad voz a las mujeres que están obligadas a ponerselo, que viven casi secuestradas en casa como esclavas, y a las niñas que dejan de ir al colegio para casarse. Hipócritas!», les suelta.

Emplea un sarcasmo inclemente: No, no es un partido islamista saudí, es ERC defendiendo a una islamista que reivindica un símbolo que, además de ser misógino, es político. ¿Sois de izquierdas? Pues defendéis lo mismo que los islamistas de extrema derecha». Y luego, para que aprendan, cuelga los mensajes intimidatorios que emplean los más religiosos: «¿Es caluroso el hiyab? Más caluroso es el infierno».

Las cuentas de Nao o de la Asociación de Exmusulmanes están llenas de fotos de perros porque el Islam los considera animales impuros. También de noticias estremecedoras: «Activista iraní condenada a 15 años de prisión por quitarse el hiyab en público. La acusan de prostitución»; «Niña azotada por sus padres en Mallorca porque se negaba a llevar el velo. Ya estaban apalabrando su venta (llamada boda) en el país de origen». Y de citas sin pizca de ambigüedad como las del escritor y filósofo francés, Abdennour Bidan: «El problema es más profundo que el terrorismo porque el Islam es una religión tiránica, dogmática, literalista, formalista, machista, conservadora, regresiva...».

H., agnóstica, socia de la asociación, amiga de Nao, considera que declararse ex, es «un acto de rebeldía, un hecho reivindicativo» frente a una religión «patriarcal y machista que no respeta los derechos». «En Argelia a quienes reivindican su derecho a no creer los consideran enfermos mentales. En Túnez, a un joven que se declaraba ateo le ingresaron en un hospital psiquiátrico y en Egipto, a otro, la han detenido muchas veces y no le dejan cambiar de nacionalidad para salir del país», explica.

También tuvo que elegir y lleva seis años sin ver a sus padres. Ellos no se pusieron violentos, sólo la llevaron a la mezquita donde un imán trató de convencerla de que el Islam es una religión pacífica que otorga muchos derechos a la mujer. «Y ¿por qué la mujer hereda menos?, ¿por qué los hombres pueden ser polígamos? ¿por qué su palabra vale más que la de una mujer? ¿por qué una mujer decente sólo lo es si obedece a su marido?», preguntó.

El imán, «que pensaba que estaba poseída o me habían lavado el cerebro», le explicó que, a cambio, «la mujer es el pilar de la casa que ni siquiera tiene que trabajar porque el marido se lo da todo hecho».

La lucha personal contra lo que le habían inculcado le costó «desestabilidad mental, depresión». «Mis padres me decían, no pienses en esto porque el demonio está jugando con tu cerebro y a veces yo pensaba: ¡cuidado, que estoy pensando!», hasta que llegó a la conclusión de que «nadie muere por conocer la verdad».

La verdad para ella es que «el Corán no es pacífico, que es indignante para las mujeres y justifica el maltrato, sean cuales sean las interpretaciones que se le quieran dar». Su decisión no fue la de colocarse contra el Islam -si hay algo recurrente en los miembros de la asociación es que odian que les llamen islamófobos- sino la de defender el laicismo. «Cada uno puede creer en lo que quiera, de forma interna, no en los espacios públicos.El problema es cuando no me dejan creer en lo que quiero y es lo que ocurre con los musulmanes».

Procedente de la secta del chiísmo, la familia de T. desciende de Alí el primer hijo de los doce que el profeta Mahoma tuvo con Fátima. Apenas tiene 19 años. Se declara ateo agnóstico. Una situación muy peliaguda.

Después de estudiar filosofía -todos coinciden en la importancia de la educación como forma de tomar conciencia y como camino hacia la libertad- llegó a la conclusión de que «no puedo estar en una religión del siglo VII» y de que «si una religión es verdadera, no hace falta que condene a muerte a la persona que la deja». «No puedes decir que la religión no tiene la culpa. Sí la tiene. Cada persona puede interpretar el Corán como quiera pero el 50% lo constituyen los hechos de Mahoma, los hadizes. No podemos echar la culpa al Isis de que los interprete literalmente», explica.

También S. tuvo una fuerte crisis producto de la pérdida de identidad cuando comprobó que la base de su vida «no era una religión pacífica». Mantiene oculta su condición porque «mi familia va a quedar aislada va a perder el honor y la comunidad va a criticarles como si fuese su culpa»; y por temor hacia la reacción de su padre.

«Este proceso no es fácil y políticamente no te ayuda nadie. Las derechas te usan y las izquierdas te acusan de ser de derechas. Nos quedamos en medio y nadie nos deja hablar sin etiquetarnos de islamófobos y antimusulmanes. Es muy importante que distingamos la religión de la identidad de una persona en sí, porque en el Islam hay bellísimas personas», argumenta sacando a colación sus paradojas y los matices de la realidad que, por otra parte, no son tomados en consideración por todo el mundo. Aquí varios ejemplos.

«Yo no voy a revelar nunca que soy ex musulman porque en el país del que vengo, Irán, me condenan a muerte, señala A., ingeniero aeronáutico. Su madre era profesora antes de la revolución y a su padre le echaron porque no era practicante. «Me di cuenta de el Islam que pone una ley fascista por encima de la sociedad. Mahoma fue un líder político, un jefe militar, comandó 17 guerras y se casaba con niñas de nueve años. El Islam no es una religión, es una ideología política», señala tajante.

Él carga contra la doctrina desde la base. Hannan Serrouk, coordinadora del área de estudios Islámicos del GEES, liberal, atea y simpatizante de la asociación, en la misma línea, precisa: «Es política. El origen de todo está en el contraataque de los Hermanos musulmanes que se instalaron en Europa en los años noventa aprovechando las corrientes de inmigrantes y quieren destruir el sistema occidental desde dentro. Hace décadas, Nasser, el presidente egipcio, les dijo para estar en paz: 'Decidme lo que queréis', y ellos respondieron: 'Que las mujeres se pongan el velo'. Todos se rieron entonces y mira donde estamos ahora».

Serrouk -cuyo padrastro fue imán de una de las primeras mezquitas construidas en España y también quiso casarla a la fuerza cuando era niña- presenta cierto desánimo por la regresión que, según dice, estamos sufriendo. «Desde pequeñas hemos estado luchando por ser nosotras mismos en una sociedad democrática, nos hemos enfrentado a la familia y tenemos elementos que aportar a la sociedad para defenderla de esa lacra. Pero miramos al alrededor y nos invade un sentimiento de hastío. Por poner un ejemplo, mi padrastro está vinculado a ERC a través de unas asociaciones. La izquierda tiene un problema grave con el concepto de la libertad», explica.

Un problema a diestra y siniestra que también destaca Minun Hamido, socia de la Asociación, militante comunista laica y atea. «El discurso de la derecha es 'moros fuera' y ya está. La izquierda es tan torpe que no ha sabido construir un discurso y están dejando desprotegida a una gran parte de la población. En época de elecciones vale todo. Se dicen laicos y van a las mezquitas y además dan discursos segregados, y si han de elegir a una musulmana para sus listas, la eligen con yihab, para que sea visible que aceptan su religión, reduciendo la identidad a la religión. Y están dando alas a personajes execrables, oscuros, títeres de Marruecos, Argelia o Irán».

Hace unos días Nao colgó un mensaje en su cuenta de Twitter. «Mi padre me acaba de enviar un mail con esta foto -es una imagen de Nao con un pañuelo que sólo deja ver su rostro-. No sé qué querrá decir pero le he respondido con otra foto por si de eso iba la cosa». Y aquí aparece Nao con pantalón corto, una cerveza en la mano y feliz. Pobre pero feliz. Comiéndose la vida a bocados.

 © El Mundo

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