Grecia, Templo de Poseidón

El Mediterráneo: nuestro mar, nuestra vida, nuestro ser

"Somos mediterráneos en lo moral, nacionalcapitalistas en lo económico, cansados en lo social, antidemocráticos en lo político y deístas en lo existencial."

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Nacho Raggia dice que, a sus 33 años, ha visto cosas que Dante no creería. Sus antepasados italianos recalaron en Málaga y desde allí ha fundado el Mediterráneo moral. Más de trece mil seguidores en Twitter avalan la gestión del CEO de la Derecha mediterránea.

He aquí la declaración de intenciones del creador de las tres palabras que encierran todo un tratado sociológico, ‘Whiskas, Satisfyer y Lexatin’: “Somos mediterráneos en lo moral, nacionalcapitalistas en lo económico, cansados en lo social, antidemocráticos en lo político y deístas en lo existencial. Apología del hedonismo tranquilo e identitarismo con los pueblos del Mediterráneo Norte”.

Servidora, que admira desde siempre la capacidad de síntesis, provocación y savoir vivre de Raggio, le pidió primero poder utilizar su Whiskas, Satisfyer y Lexatin para titular un artículo, después un libro, y ahora, una entrevista. Siempre dijo sí generosamente.


Para los despistados, ¿breve resumen del Mediterráneo moral?

Algunos creen que es como ser franquista, pero gustándote mucho las tías; otros creen que es un costumbrismo tranquilo o un hedonismo marítimo o una apología grecolatina. Quizá tienen razón. Al principio fue solo un invento para refugiarme del resto de ideologías. Las ideologías no son más que patologías que ciegan y enloquecen e impiden una comprensión de lo real. Toda ideología te exige una pureza de dogmas y yo quería vivir y pensar sin contradicciones.

El Mediterráneo moral es una suerte de felicidad identitaria que funciona como respuesta al mundo líquido. ¿Qué nos dice ese mundo? Que Dios ha muerto. Que la vida es un accidente químico, que no hay mandamientos sino sugerencias, que tus pecados son deseos. Que creer en Dios es propio de analfabetos, y tú no quieres ser analfabeto, claro. Otro día te dicen que ser español es malo. Que somos un pueblo de follacabras netamente medieval, embrutecido por lógicas tercermundistas, incompatibles con la Ilustración, y tú quieres ser bueno, moderno e ilustrado. Más tarde te dicen que ser un hombre blanco o tener dinero y familia también es malo. En definitiva, el mundo líquido está en contra de todo aquello que genere identidades robustas porque para ellos la verdad no existe. Por eso hoy las mujeres tienen pene, el dinero es infinito, Leonardo Da Vinci es catalán y los terroristas son pacifistas. Paradójicamente ese mundo líquido ha exacerbado identidades artificiales para antagonizar con las identidades robustas donde parece que importa más ser lesbomapuche que ingeniera o padre.

Mi respuesta frente a ese manicomio posmoderno y puticlub de nihilistas fue acomodar una serie de intuiciones. Superficialmente parecería que la cultura de los pueblos del Mediterráneo Norte son superiores al resto por clima, por gastronomía, por estética, por sensibilidad, por la aproximación moral a las personas mayores (cosa que no tienen los nórdicos) o por la aproximación moral con las mujeres (cosa que no sucede en el Mediterráneo Sur) o porque no somos un homo œconomicus como Estados Unidos, que es un pueblo sin historia.

Sin embargo, hay algo más profundo: el mediterráneo puro sabe que la verdad existe. Sabe que la verdad no es elástica. Sabe que la verdad no tiene temperatura, credos o ideología. El Mediterráneo moral es una moral heroica y preideológica. Los héroes homéricos (Aquiles, Héctor o Ulises) son al mismo tiempo los que más conocen el mundo. Héroe y sabio son lo mismo. No hay distancia entre la teoría y la práctica, entre las musas y el teatro, entre hablar del camino y andar el camino.

 

¿Qué lo diferencia de la derechita punk?

Las derechitas punk o nuevas derechas son derechas reaccionarias como la mía. A diferencia de los conservadores, que pretenden conservar el pasado o lo que queda de él, los reaccionarios defendemos lo eterno, lo fijo, lo inmutable. ¿Qué no cambia? El sentimiento de trascendencia espiritual del ser humano; la familia como vertebrador social; la patria entendida como “un acto perpetuo” (que diría Borges); o la visión de una existencia frágil por culpa de un mundo siempre peligroso. Lo que me diferencia quizá de algunas nuevas derechas es lo mismo que me diferencia de la izquierda.

Tradicionalmente la derecha ha tenido problemas con el sexo, y la izquierda con el dinero

Tradicionalmente la derecha ha tenido problemas con el sexo, y la izquierda con el dinero. Gracias al feminismo la izquierda comienza a tener problemas con ambas cosas. Yo no tengo problemas con nada porque conozco la condición humana. Esto no quiere decir que quiera vivir en esta pornocracia o en una realidad que sólo pueda entenderse en términos de cálculo económico. Pero lo que nadie reconoce es que a la gente le gusta ganar dinero y que a veces lo triste no es que te sexualicen, sino que no te sexualice nadie.

 

Hablemos de Whiskas. Te echaron la cuenta abajo las representantes de la Españita movistar y sus groupies. Dices que el ministerio de igualdad es una sitcom de feminazis. ¿Cuánto tiempo será necesario para que la generación de “el violador eres tú” regenere sus sinapsis y encuentre la salida del parque temático del progrefeminismo?

Poco. La gente ya sabe que no hay una ola feminista, sino una resaca que ha convertido los medios en un Mein Kampf con perspectiva de género. El feminismo nació como un analgésico para curar enfermedades y ha terminado siendo un termómetro que mide fiebres y mocos. El problema fundamental del feminismo es su deformación en una ideología invertebrada. Sin esqueleto ideológico no hay músculo, y sin músculo no hay fuerza. Es imposible que haya tantos feminismos como lecturas hagan sus feministas. Imposible. ¿Qué es feminista y qué no lo es? Ni ellas mismas lo saben. Los hombres no saben a qué voz hay que atender o reclamar. Con un reloj sabemos qué hora es, pero con dos no estaremos seguros. El feminismo, como cualquier tentáculo de la izquierda, es un club bipolar que hace una cosa y la contraria. Prohibieron las faldas a las golfistas para ponérselas a los semáforos. Pidieron cuotas femeninas, pero sólo en empresas, gobiernos y premios: jamás para las minas, el campo o el mar. Se indignan con unas violaciones e ignoran otras. Quieren ser deseadas, pero prohíben los piropos. Odian la masculinidad, pero la erotizan por su fuerza. Condenan el amor romántico en público, pero desean ser únicas, especiales y amadas en privado. No tienen convicciones sino conveniencias.

 

¿Cuál es el kit del hedonista mediterráneo? ¿Quiénes son sus profetas?

Algún zumbado creerá que una mesa llena de alcohol y una puta sin dientes, pero sería caer en el meme. Tener hobbies o gustos caros suele ser una horterada, pero hay quien cree que el exceso está asociado a lo mediterráneo. Quizá sea porque el andaluz y el napolitano son más escandalosos que el asturiano o el piamontés, o por cierta tendencia a lo barroco. Pero el verdadero hedonismo está ligado al control. Para sentir placer no hay que beber como un borracho sino como un catador. No hay que comer como un cerdo sino como un gourmet. No hay que follar como un mono caótico, sino poniendo toda la perversión a tu alcance. Muchos lo han probado todo y no han saboreado nada. Y, para que el placer tenga efecto, no debe ocurrir siempre. Algunos confunden a los epicúreos (Epicuro, profeta del Mediterráneo moral) con el hedonismo salvaje que siempre resulta ser la desordenada caza de un placer que hace tiempo que no siente por exceso. ¿Un kit hedonista mediterráneo? Un desayuno frente al mar: un café, un zumo de naranja y un poco de pan con aceite para tener un bodegón perfecto y gozar del lujo de la pausa.

 

¿Cuál es la capital honorífica de la Derecha mediterránea, y por qué Fiume?

¡Ja, ja, ja! Bueno, Fiume[1] fue un sueño. D’Annunzio (segundo profeta) conquistó aquella ciudad como se conquista a una mujer porque vivía su tiempo en carne viva. Se la regaló a Italia y ésta la rechazó como una flor ciega. Lo que allí fundó fue una representación de sus obsesiones, una extensión de sí mismo. Recreó algo parecido a la república pirata que hubo en Nassau, que fue el primer territorio libre del mundo. De hecho, los uniformes dannunzianos eran negros con calaveras (Hugo Boss los copiaría para las SS nazis). Es falso suponer que aquello fuese el laboratorio del fascismo. Era más bien un revival grecorromano de Nassau.

Fiume: orgías, fiestas, bailes, banquetes…Vitalismo, belleza y moral abierta

Orgías, fiestas, bailes, banquetes…Vitalismo, belleza y moral abierta. Su Constitución, La Carta del Carnaro, decía que la música era el principio fundamental del Estado. Vivieron con fuerza y pasión el presente. Pero era un lugar de recreo, no un lugar para virtuosos, así que hay que convertir Málaga en la capital de la derecha mediterránea.

 

Sebastian Kurz ha caído. Igual que Trump. David Amess, asesinado. ¿Viktor Orban y Andrejz Duda deberían empezar a creer en la teoría de la conspiración?

Hace unos años pensaba que las teorías de la conspiración eran una cosa de ufólogos rednecks con gorros de aluminio, historias de monaguillos del Opus Dei y de tres autistas de Twitter. Pero cuando rascas un poco, unes puntos y observas un poco la actualidad, basta para saber que el plan existe. Pero no hay conspiración porque el plan opera a la luz del día. El llamado “Gran Reseteo” es un plan neomalthusiano con elementos de la cultura woke y las lógicas liberales.

¿En qué consiste el plan? Lo primero es reducir la población mundial. ¿Cómo lo hacen? Universalizando el aborto, creando leyes de eutanasia o promocionando parejas estériles (LGTBIQ+) y estilos de vida hedonistas. Estas medidas no son represivas, sino que se presentan como una liberación. Te liberan de la carga de un hijo, de un abuelo moribundo, del “patriarcado heteronormativo” o de la vida en familia. La segunda parte del plan consiste en terminar con las identidades nacionales y culturales. ¿Cómo lo hacen? Promoviendo la inmigración ilegal masiva con políticas etnomasoquistas, integraciones forzosas, barrios multiculturales, desplazando a la población local, diluyendo fronteras, destruyendo nuestra historia con gigantescos estigmas para minimizar y eliminar nuestro orgullo. La tercera fase es establecer una ideología global donde no se puedan discutir sus dogmas. Si rechazas o dudas del cambio climático, de la ideología de género o de la inmigración masiva, te convierten en un hereje y te condenan al ostracismo. ¿Cómo lo hacen? Sustituyendo historiadores por ideólogos, periodistas por activistas y cultura por marketing. Han convertido los periódicos en blogs para que las víctimas aparezcan como héroes y las minorías parezcan mayorías. Esas minorías hacen creer a sus víctimas que ellos son la víctima y terminan destruyéndolas por dentro, como un caballo de Troya. Las democracias liberales permiten que las minorías ruidosas sustituyan a las mayorías silenciosas que terminan siendo silenciadas. Esas minorías ruidosas son producto de haber sustituido lo importante por lo interesante, porque resulta más exótico entrevistar a un travelo con más rabo que el Diablo que entrevistar a una madre con una vida ordenada. Es un puto circo. Los defectos ahora son méritos y por extensión ventajas. Hoy parece deseable ser un sadboy o un resentido social. Han enseñado a los blancos a pedir perdón por su raza y su historia mientras enseñan a los niños a confundir su sexo y a las mujeres a odiar la maternidad. Quizá el SIDA chino ha sido un acelerador de este plan que ya estaba en marcha, pero es pronto para saberlo.

 

¿La Derecha mediterránea saluda al Rojipardismo?

Bueno ¡es que yo era de izquierdas cuando era gilipollas! Y dejé de serlo cuando le di la bienvenida al mundo de las consecuencias. Con el rojipardismo comparto muchos análisis porque no es una izquierda posmoderna, pero no comparto las soluciones económicas. Yo creo en una derecha social, pero no soy un estatólatra. No me gustan los tics marxistas porque sé que suponen la destrucción personal a cambio de ninguna felicidad colectiva. Pero estoy a favor de cierta idea de nación, de comunidad y de conservadurismo propios del movimiento. ¿Consideran, por ejemplo, a Víctor Lenore o Ana Iris Simón peligrosos rojipardos? Los defenderé de los míos y de los suyos, aunque no esté siempre de acuerdo con ellos porque sé que sus intuiciones generales son ciertas. Ante la pregunta de quién te explota más, si Amazon o el Estado, yo digo que explotan ambos, pero si Amazon no te paga bien o no te da el servicio que quieres, siempre puedes darte de baja, mientras que del Estado somos rehenes de por vida. Te explota siempre y tiende a parasitarte. El infierno fiscal es absolutamente criminal en España.

 

Tu cuenta de Twitter o tus intervenciones en podcasts y otros medios, ¿tienen una función civilizadora o son puro esparcimiento canallita?

Es un juego. Yo soy un tonto con Twitter, un reaccionario accidental. Soy una persona dispersa con lecturas dispersas, no un intelectual. La gente cree que eres muy listo por repetir obviedades, o muy tonto por soltar provocaciones con las que no estás de acuerdo. Pero las provocaciones ayudan a pensar y las obviedades a veces no son tan obvias; por eso hay que repetirlas y explicarlas. Pero no soy una voz, sino un eco. También me equivoco, y ni lo sé todo ni tengo una opinión formada de todo. De hecho, soy analfabeto en muchas cosas (me cuesta hacer operaciones matemáticas sencillas). No soy un ejemplo de nada, pero tampoco me fío de los inmaculados y de la constante moralización pública. Cuando la vida se pone en marcha y te alejas de las teorías descubres que hay ateos rezando en hospitales, cristianos abortando, liberales viviendo del Estado, feministas masturbándose con violaciones, comunistas millonarios, ecologistas usando plástico y conservadores viendo porno o engañando a su mujer. Yo sé que la vida es más ancha que las ideologías y trato de recordárselo a la gente.

Me hubiera gustado ser Jünger, pero estoy más cerca de D’Annunzio

Me hubiera gustado ser Jünger, pero estoy más cerca de D’Annunzio. Quizá Dios nunca tuvo un plan, pero yo sí: disfrutar de la belleza de este sucio mundo e intentar imitar a los dioses los días libres para que la vida parezca posible, incluso entre semana. Así que ni puedo ni quiero dar clases a nadie porque sé que la vida está en otra parte. Hay gente mucho más lista y ejemplar que yo. Pero mientras ellos hacen lo que pueden, yo hago lo que quiero.

 

Creo que identificas a Dios con lo que está bien, incluso con la higiene intelectual, con lo aseadito. pero no tienes un acercamiento desde la fe. ¿No corres el riesgo de que se convierta en puro atrezzo, en un elemento más de un fotograma de Sorrentino?

Quizá. Es probable que parezca un cínico o que sencillamente instrumentalice algunos símbolos, pero lo hago para explicar algo. Dicen que quien quiere entender la fe corre el riesgo de perderla y eso es lo que me pasó. Fui un niño católico, un adolescente ateo, un joven agnóstico y ahora soy deísta. ¿Por qué tanto cambio? Porque es complicado que Dios encuentre acomodo en esta sociedad irónica, llena de un ruido que impide la reflexión y el estudio. Soy deísta porque soy capaz de ver a Dios sin la religión y estoy a favor de una búsqueda desordenada del misterio para dejar de creer y empezar a entender. Para un ateo la religión es una alucinación que sirve como consuelo. Para un creyente, es un cuerpo de creencias y un modus vivendi. Para un deísta, una religión es la traducción que hace una comunidad determinada sobre la existencia. El teísmo, es decir, las religiones míticas, exige enormes actos de fe ciega sobre una serie de sucesos que se deben dar por verdaderos, como por ejemplo la resurrección de Cristo, la virginidad de María o la división del Mar Rojo. Mi aproximación a las religiones es como exégeta, porque creo que sus textos sagrados no son la palabra de Dios sino un mapa humano.

A veces me siento un griego entre romanos o un pagano entre cristianos.

Por eso a veces me siento un griego entre romanos o un pagano entre cristianos. Si no creo en su Dios, creen que adoro al Diablo.

 

Has dicho que tu utopía es la “tecnocracia antiposmoderna mediterránea”. Sin embargo, a izquierda y derecha hay sectores que quisieran parar el tiempo en el padre de familia de los 70 que llega a casa a cenar con los niños bañados y sopa casera en la mesa, que lleva a la familia a veranear en un Renault 12 y no ha comprado a crédito en su vida. ¿Éramos felices y no lo sabíamos?

No tengo ni idea. Yo conocí la España Feliz de los 90 y comienzos de los 2000. Era todo optimismo y crecimiento. Fue la última infancia analógica y la primera adolescencia tecnológica de la historia. Los milenials estamos a caballo entre el mundo industrial que vivieron nuestros padres y la revolución informática y digital del presente. Recuerdo un mundo menos ideologizado y más sincero. No ha existido en España mayor espacio de libertad que Crónicas Marcianas o las entrevistas de Jesús Quintero.

Hemos ganado inmediatez y velocidad para posponer o adelantar planes. No hemos aprendido a esperar porque esperar hoy significa desperdiciarse. Quizá la verdadera revolución social pase por la espera y el silencio. Occidente necesita largos siglos de verdadero silencio para que vuelva a crecer algo noble. Pero odio la nostalgia. El pasado es un lugar al que no se puede volver y es mejor no andar para atrás ni para coger carrerilla. El retorno de ciertas bandas musicales, los refritos de películas clásicas, la recuperación de lo castizo de C. Tangana, el libro Feria e incluso el fenómeno VOX responden a un fino hilo común: la industria de la nostalgia. Es una industria que triunfa porque sabemos que nuestro presente es muy vulgar. Se escribe mal, se construye mal, se piensa mal. La posmodernidad no ha creado nada verdaderamente valioso para nosotros y estamos buscando los botones para desinstalar el siglo XXI. Pero a tu pregunta diría que sí, ojalá haber tenido el optimismo de crecimiento coyuntural que tuvieron mis padres. Luego llegó el 11 de marzo de 2004. Desde el 11M todo es 11M. Un chico nacido en 2000 no tiene noción de prosperidad, sólo ha encadenado crisis.

[1] En torno a Fiume, capital también honorífica de EL MANIFIESTO, se han publicado en nuestras páginas diversos artículos. Éstos son, por orden cronológico, los más importantes:
-  Carlos Caballero, “Fiume: la primera (y única) experiencia libertaro-conservadora (I)”.
- Carlos Caballero, “Fiume. Y el arte toma el poder (y II)”.
- Adriano Erriguel, “Fiume. Aquella increíble revolución conservadora (I)”.
- Adriano Erriguel, “Fiume. Aquella increíble revolución conservadora (y II)”.

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