El primer número de EL MANIFIESTO, octubre de 2004. En portada, "Simonetta Vespuci", de Piero di Cossimo (1500-1510)

Por buen camino

Compartir en:

Cada vez son más los medios que se hacen eco de los argumentos que empleamos quienes escribimos en El Manifiesto y otros lugares. Con esto debemos darnos más que por satisfechos, pues el que algunos columnistas e incluso editorialistas de diarios como El Mundo, El Español o ABC empiecen a asumir como propias nuestras ideas significa que no caen en saco roto. Como dijo Javier R. Portella en el almuerzo políticamente incorrecto del mes de junio, hay cosas que hace tres, cuatro o cinco años eran impensables, pero que ahora ya no lo son.

Que nos citen no es relevante, lo que nos mueve e interesa es que asuman, como dije, nuestros razonamientos. Sinceramente, prefiero que el editorial de un periódico como El Mundo, por ejemplo, haga suyo un argumento previamente enunciado por mí –en ese o en cualquier otro medio– a que lo exponga citándome. Porque cuando el argumento queda editorializado deja de ser de un autor concreto 

Hay cosas impensables hace cuatro o cinco años, pero que ya no lo son

y empieza a formar parte del ideario del periódico y, por consiguiente, de una buena parte de los lectores que lo siguen. Todos los periódicos tienen su ideario, que va variando con el paso del tiempo y que está formado por los argumentos y razones que subyacen en los citados editoriales y en los artículos del director, del jefe de opinión y de los redactores más importantes. Por eso, que asuman como propias nuestras ideas no es mucho, es muchísimo.

No revelo ningún secreto si digo que no se pueden utilizar los mismos argumentos –y menos de la misma forma– en todos los medios. No es igual publicar en un diario vanguardista y políticamente incorrecto como El Manifiesto, cuyos lectores tienen la mente abierta y no se escandalizan por muy beligerante que sea el lenguaje empleado, que hacerlo en uno más general con lectores mojigatos. No quiero decir que todos los seguidores de los diarios generalistas lo sean (ni mucho menos); pero hay que tener en cuenta que cuando se publica no se hace para uno mismo sino para los demás. El planteamiento nietzscheano de escribir y meditar para sí no resulta completamente sincero, como demuestra el hecho de que Nietzsche siga siendo uno de los filósofos más influyentes de Occidente. Otra cosa es que a veces nos toque escribir para lectores que todavía no están preparados, a los que les faltan cinco o diez años para madurar, porque siguen estando muy influidos por la corriente dominante (eso que los paletos llaman mainstream).

Caramelitos para mojigatos

A los lectores inmaduros o mojigatos hay que tratarlos como a niños que no se quieren tomar la pastilla que el pediatra les ha recetado. Hay que meterla dentro de un caramelo o un bombón para que no se den cuenta de que se la están tragando. Lo mismo he visto hacer con algunas mascotas a las que les suministran las pastillas dentro de una morcilla, pues es sabido que con ellas lo del vaso de agua, para tragar, no funciona.

¿En qué consisten los caramelos y bombones para los lectores mojigatos? Pues depende. Unas veces hay que echar mano de la erudición y poner citas de autores supuestamente aceptados por el asqueroso mainstream. Pongamos que estoy escribiendo sobre ética y cito al profesor López Aranguren o a Adela Cortina para reforzar uno de mis argumentos. Automáticamente, el subconsciente del lector mojigato asociará mi idea a esos autores y se la tragará como si fuera quincalla progresista. Otras, no queda más remedio que poner una gracieta para que el lector mojigato piense que lo que decimos no va muy en serio, de modo que baje la guardia y se trague la píldora. Lo mismo que a esos niños que para darles la papilla hay que hacerles creer que la cuchara es un avión.

En fin, hay que usar la imaginación, la ironía y todo lo que haga falta para no aburrir al lector generalista y para que el mojigato se trague las pastillas (que es lo que interesa). Publicar sólo para convencidos es propio de vanidosos que buscan el aplauso fácil.

El que piense que escribir en los diarios es como besar el santo anda muy equivocado.

Influir en la corriente dominante es cuestión de tiempo

Influir en la corriente dominante es cuestión de tiempo. Tengo ahora mismo en mis manos los dos primeros números impresos de este periódico, El Manifiesto contra la muerte del espíritu y la tierra. Datan del cuarto trimestre de 2004 y del primero de 2005. Ha llovido mucho desde entonces y, como dije al principio, ahora se empiezan a recoger los frutos. No son frutos monetarios, obviamente, ni tampoco de gloria personal (ni falta que hace). Se están empezando a constatar algunos de los propósitos de El Manifiesto pergeñados en el editorial de su primer número: “hacer de estas páginas una revista de pensamiento y reflexión, una revista que se convierta en un destacado punto de referencia en el ámbito del pensamiento hispánico”. Tampoco la corriente dominante se construyó en una semana ni a todos sus arquitectos e ingenieros se les ha levantado un monumento. Sin embargo, ¡cómo influyen los muy jodios!, aunque la mayoría, y los más importantes, estén muertos.

Como dijo Boadella en la entrevista que le hizo Portella en el número segundo: “No, usted [lector] no es ningún cretino. Los únicos cretinos son los que venden la nada por el temor de los demás a pasar por cretinos”. La nada es la corrección política.

Sigamos, sigamos y no desfallezcamos

Sigamos, sigamos y no desfallezcamos. Se empiezan a constatar hechos impensables hace cuatro o cinco años. Los intentos de implantar su moral progresista a través de la ley son la prueba fehaciente de que los otros medios no son suficientes. Hasta ahora había bastado con emplear su religión falsificada, pero el número de cretinos empieza a decrecer. Con ello no quiero decir que la labor ya esté hecha, ni mucho menos; pero sí que vamos por buen camino, aunque el trecho que nos falta sigue siendo grande.

Juanma Badenas es catedrático de Derecho civil de la UJI y ensayista
(su último libro es Contra la corrección política, Ediciones Insólitas, 2021)

Todos los artículos de El Manifiesto se pueden reproducir libremente siempre que se indique su procedencia.

Compartir en:

Comentarios

¿Te ha gustado el artículo?

Su publicación ha sido posible gracias a la contribución generosa de nuestros lectores. Súmate también a ellos. ¡Une tu voz a El Manifiesto! Tu contribución, por mínima que sea, dará alas a la libertad.

Quiero colaborar