"... las 2.200 obras de Sorolla (que no sólo incluyen a los niños de la Malvarrosa), su Museo y el sombrero de su autorretrato."

Selección parcial y arbitraria de gestas individuales y colectivas

Manifiesto a favor de la nación española - II (La Venganza)

Compartir en:

Pelagius, Don Pelayo, hijo de Favila o como quieran llamarle (guerrero de origen hispano romano para muchos, de ascendencia visigoda para otros, astur autóctono para los que quieran creerlo así) que en cualquier caso comenzó en Covadonga el principio de nuestra supervivencia. Espero que no olvidemos su legado porque sin Pelayo y La Batalla de Covadonga del año 722 no podríamos estar leyendo este manifiesto, se pongan como se pongan los ignorantes y los desagradecidos.

Lourdes Oyarbide (orgullo de todos los españoles de bien a la que tenemos que proteger de los atropelladores desalmados), Perico Delgado, Miguel Induráin y muchos otros ciclistas que demuestran que España es una potencia pedaleando en contra de las adversidades, subiendo puertos de montaña como los que subieron Pelayo y los suyos por delante del pelotón que les perseguía. David Cal, piragüista, campeón mundial y campeón olímpico, Nikoloz Sherazadishvili, campeón mundial de Judo, que aclara que España acepta, integra, abraza y admira sin complejos a quienes demuestran lealtad, adhesión, amor, respeto y entrega hacia ella, independientemente de donde hayan nacido.

Estela Jiménez Cid, bicampeona del mundo en gimnasia rítmica, El Cid Campeador (Rodrigo Díaz de Vivar) inmortalizado en la célebre película dirigida por Anthony Mann (rodada en España en 1961) y sobre todo en las páginas de El Cantar de Mío Cid, cantar de gesta y primera obra poética extensa de la literatura española. Joya de nuestra literatura y tótem de nuestra identidad —compuesta por 3.735 versos anisosilábicos, como ustedes ya habrían contado si no nos hubiesen importado los sudokus—  que fue estudiada en profundidad por Ramón Menéndez Pidal, los cursos universitarios que Menéndez Pidal impartió en la Columbia University en 1937 sobre La historia de la lengua española mientras que los españoles nos matábamos en plena Guerra Civil. Se consolidaba así la Filología Hispánica como disciplina académica de prestigio internacional mientras los españoles nos asesinábamos entre balas, tildes, obuses y diptongos.

María Goyri (mujer de Menéndez Pidal) que junto a Matilde Padrós fue una de las dos primeras mujeres en estudiar Filosofía y Letras en la universidad española, abriendo la senda para todas las universitarias que les han seguido después en todas las disciplinas; Menéndez Pelayo (maestro de Menéndez Pidal) que tenía el mismo apellido que su discípulo para confundir a generaciones de estudiantes venideros que acabaron estudiando a ambos por igual. La amistad de  Marcelino Menéndez Pelayo con Benito Pérez Galdós, que lograron ser amigos y amar España con la misma devoción a pesar de sus acusadas discrepancias ideológicas y de haber nacido cada uno en una punta de España, los cuarenta y seis Episodios Nacionales de Bénito Pérez Galdós, amenos, didácticos y sencillos de leer, la intensa vida erótica de Galdós y Emilia Pardo Bazán, Los Pazos de Ulloa y La cocina española antigua de Pardo Bazán. Lo bien alimentada que estaba la Condesa Pontificia Pardo Bazán gracias a La cocina española moderna, La maravillosa gastronomía española en todo su amplio conjunto, La Casa de Lúculo de Julio Camba que también versa sobre excelsas comilonas.

La única copia amanuense realizada por Per Abbat de El Cantar de Mío Cid que es la que guardamos en la Biblioteca Nacional, los ríos de tinta que Per Abbat debió de verter para recoger los ríos de sangre que le costaron al Cid y los suyos sus numerosas batallas y el sacrificio de su propia vida para que hoy seamos los que somos.

La ciudad de Valencia, que le costó la vida al Cid y a muchos de los suyos un 10 de julio de 1099, grandes disgustos a su viuda Doña Jimena y un ballestazo en el casco a Jaime I de Aragón que no logró recuperarla hasta 1238. Joaquín Sorolla, los niños de sus cuadros y la playa de la Malvarrosa, mi abuela María Rosa a la que le gustaba mucho Valencia, mi abuela Mercedes, mi tía abuela Isabel y mi tía abuela Purificación a las que les gustaba más Castellón.  

Los infantes anónimos del Cid que murieron defendiendo Valencia y de los que no recordamos los nombres, los caballeros anónimos de Jaime I cuyo recuerdo se ha enterrado en la arena de las playas valencianas y sin cuyo esfuerzo hoy no existirían los complejos arquitectónicos de Santiago Calatrava ni podríamos comer paellas frente al mar. La paella alicantina con pollo, magro de cerdo y doscientos gramos exactos de arroz bomba, las bombas de patatas rellenas de jamón serrano que los niños se comen con la mano, la horchata de chufa, los ninots indultados de las fallas, las tracas y la peineta de la fallera mayor que quizás desciende de la Dama de Elche.

Jimena Blázquez vestida de guerrero en la muralla de Ávila, rodeada de mujeres, niños y viejos que no querían extinguirse como pueblo. Miguel de Cervantes en España escribiendo La Galatea tras haber sido herido en Lepanto y haber pasado años como cautivo en Argel que tras asentarse en la Península y haber sobrevivido a su choque con el mundo islámico escribió muchas otras obras transcendentes. De hecho, una de sus obras, de cuyo nombre no quiero acordarme, ha sido considerada por los que saben de librotes como el mejor trabajo literario jamás escrito.

Conviene recordar que nada ha sido gratis y que muchos de los que nos precedieron murieron en ultramar y que el litoral de nuestras costas que ahora alquilamos barato a los turistas extranjeros ha sido regado por la sangre de nuestros ancestros.  No me mal interpreten. El turismo es un gran invento (y Pedro Lazaga, primero soldado republicano y luego voluntario divisionario, cosas de España, un portentoso director) y podría ser además una columna para la cohesión europea entre pueblos hermanos, además de ser un pilar de la economía patria, siempre y cuando todos los turistas sean civilizados. Lástima que algunos se comporten en ocasiones como los soldados napoleónicos que profanaron la tumba del Cid en 1808.

Las campesinas, costureras, villanos y soldados españoles que se levantaron en armas para matar a todos los hijos de perra que abusaban de mujeres y niños, saqueaban y profanaban tumbas durante la Guerra de la Independencia española. El capitán Pedro Velarde que convenció al capitán Luis Daoiz de que era necesario dar armas al pueblo para organizar juntos la defensa del parque de artillería de Monteleón que les costó la vida durante el levantamiento del 2 de mayo en Madrid. La defensa del parque de artillería de Monteleón pintado por Joaquín Sorolla en óleo sobre lienzo en 1884, las  2.200 obras de Sorolla (que no sólo incluyen a los niños de la Malvarrosa), su Museo y el sombrero de su autorretrato.

Manuela Malasaña Oñoro con diecisiete años y unas tijeras de costura matando invasores napoleónicos que querían abusar de ella (nadie puede ser más español en sus propósitos que alguien que tiene dos eñes en sus dos primeros apellidos), Santiago Ramón y Cajal descubriendo las neuronas mientras vivía en Barcelona en un país donde la mayoría las usamos lo justo; Santiago Moreno, infectólogo jefe del Ramón y Cajal que ha superado tres pandemias y resucitado con cincuenta y nueve años para seguir salvando vidas con el carisma, la inteligencia y la alegría que le caracteriza. Un abrazo muy fuerte de una nación agradecida a don Santiago Moreno y a todos los sanitarios de España.

Las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, las Fuerzas Armadas de España, los Cuerpos de bomberos de España, todos los profesionales de la alimentación y la cabra de la Legión.  Gracias a todos ellos sobrevivimos a las pandemias y nos evitamos, por ahora, tener que volver a la Cueva de Covadonga, al Campo de la Matanza en las cercanías de Clavijo o a refugiarnos en el castillo en ruinas de  Las Navas de Tolosa.

Ortega y Gasset, que nos hace quedar bien en los libros de filosofía aunque sólo sea un tipo y no dos, y como no hay dos sin tres, ya seguiremos en la parte III porque lo más importante ya lo he dicho.

 

Todos los artículos de El Manifiesto se pueden reproducir libremente siempre que se indique su procedencia.

Compartir en:

Comentarios

¿Te ha gustado el artículo?

Su publicación ha sido posible gracias a la contribución generosa de nuestros lectores. Súmate también a ellos. ¡Une tu voz a El Manifiesto! Tu contribución, por mínima que sea, dará alas a la libertad.

Quiero colaborar