Matteo Salvini y Lucia Borgonzoni, la candidata de la Lega en las elecciones de Emilia-Romaña.

Elecciones regionales en Italia. Del buen uso de una (relativa) derrota

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El pasado domingo se celebraban en Italia dos importantes elecciones regionales. Por un lado, en la meridional Calabria, donde la Lega (anteriormente Lega Norte...) obtuvo, junto con otros partidos de derechas, en particular Fratelli d’Italia, una clamorosa victoria. Por otro lado, en la nórdica Emilia-Romaña, donde se esperaba que la misma coalición pudiera arrebatar el poder a una izquierda que ha convertido a esta región en uno de sus inamovibles bastiones tradicionales. Pese a un valioso 32% de los votos, no se consiguió. Marco Gervasoni, nuestro corresponsal en Italia analiza las razones.


Hay derrotas que uno firmaría. Eso me parece que sucede con la de Salvini, que hoy elogian tanto las redes sociales como los medios mainstream. No parecen exactamente signos de desintegración haber obtenido la victoria en Calabria y el 32% en Emilia-Romaña, y no en el voto volátil y de opinión de las europeas, sino en el voto mucho más sólido de las elecciones regionales. Sin embargo, no hay que ocultarlo: la implicación personal del secretario de la Lega en Emilia-Romaña fue tal que, en cualquier caso y aunque sólo sea por los pelos, debemos hablar de derrota. Y sobre esto conviene meditar. Porque ser derrotado no es ninguna falta o tragedia, es algo que ocurre en todas las guerras, y hasta puede ser fructífero de cara a la victoria siempre que se entienda el significado de la derrota.

La clave de la derrota, a mi juicio, no se halla fundamentalmente en la candidata Lucia Borgonzoni, a la que muchos tienden ahora a echar la culpa. Otro candidato, quizás procedente de los círculos boloñeses de abogados, empresarios, o peor aún, un técnico o un profesor universitario, no habría obtenido más del 40% de los votos, sino menos de la mitad. No es fácil, por lo demás, encontrar candidatos en una región que siempre ha estado dominada por la izquierda y con la cual la oposición, primero la Democracia Cristina y luego el berlusconismo, siempre se ha visto obligada a llegar a un acuerdo.Traducción al Español. 

Luego están los que culpan de la derrota al propio Salvini, a su forma de ser informal y poco institucional. Debería ser más "moderado", dicen, incluso si uno no entiende lo que eso significa. La polarización es la figura del estilo político de Salvini, como la de Trump, Bolsonaro, Boris Johnson, etc. La polarización permite que las personas sean llevadas a la calle y voten, y que la Lega obtenga el 32 por ciento de los votos. Por supuesto, el riesgo (en realidad, la certeza) de la polarización es que todos se van a unir en contra de ti. A veces A veces no lo hacen o al demonizarte producen efectos contrarios a los que buscan. En este caso, sin embargo , la polarización anti-Salvini generada por las Sardinas,[1] junto con la defensa de un régimen de gobierno regional y un sistema de poder, ha producido sus efectos.

Es cierto, Salvini habría podido no implicarse personalmente en la campaña de Emilia-Romaña y haber hecho como Berlusconi, que de alguna manera dejó las regiones rojas a los postcomunistas. Pero quienes pretenden volver a ese modelo, por un lado, no conocen a Salvini, que se siente atraído por los riesgos, y por otro no se dan cuenta de que la muralla de Emilia Romaña ya está cediendo.

Entonces, ¿qué lecciones se pueden sacar de esta derrota? La primera, que nunca se debe subestimar al adversario. Nadie podría haber previsto que desde el seno del PD, la curia boloñesa y otros ambientes provinciales de Emilia-Romaña, pero influyentes, podrían aparecer las Sardinas. En segundo lugar, y como enseñan los manuales de tácticas, es mejor no acorralar al adversario poniéndolo contra la pared porque, como una bestia que se siente cazada, la desesperación lo empuja, por un lado, a la ferocidad y, por otro, a la astucia. En tercer lugar, el líder carismático debe liderar las tropas, pero no debe sentirse solo, mientras que las tropas, es decir, la clase dominante local, al menos por lo que a la Lega se refiere, no parecía preparada para este desafío. Con lo cual vuelve el problema de la construcción de este grupo social, que no afecta tan sólo a Emilia Romaña. Son éstas lecciones para meditar quizás con vistas a las próximas elecciones regionales y, cuando toque, nacionales.

© Atlantico

[1] Véase este artículo de nuestro periódico: "Las sardinas salen a defender el régimen italiano", de Marco Gervasoni. Aquí.

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