Como Franco a España

Y Pinochet salvó a Chile del comunismo

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Qué fecha, la de ese 11 de septiembre y sus tres curiosas coincidencias.

  • 11 de septiembre de 1714, en Cataluña, victoria borbónica y derrota habsburguica: ambas para España, que quede claro. (De ello hablamos ayer.)
  • 11 de septiembre de 2001, en Nueva York, destrucción de las Torres Gemelas. (De ello hablamos hace unos años.)
  • 11 de septiembre de 1973, Chile: liberación de la amenaza comunisto-castrista que Salvador Allende hacía pesar sobre el país. (De ello hablamos hoy.)

Con ocasión, en efecto, de este último cincuentenario, y al tiempo que saludamos afectuosamente a nuestros hermanos chilenos, reproducimos un importante fragmento del artículo que este 11 de septiembre Hermann Tertsch, el conocido periodista y eurodiputado de Vox, ha publicado en La Gaceta de la Iberosfera.

Completando dicho artículo, publicamos asimismo un interesantísimo video sobre la figura de Salvador Allende y sus conexiones, más que íntimas, con el castrismo.

 

 

 

Hablemos de Allende, Pinochet y Chile. Pero en serio

 

Hermann Tertsch

 

Hoy, 11 de septiembre de 2023, medio siglo después de la muerte de Salvador Allende y la toma del poder por la Junta Militar dirigida por Augusto Pinochet, todo el mundo va a hablar de Chile y de «aquello». Pues bien. Vamos a hablar del 11 de septiembre en Chile, pero hablemos claro y hablemos en serio, no como llevan haciendo medio siglo todos los forjadores de historia de conveniencia. Hablemos de Chile. Pero con la verdad por delante y sin miedo y dejando a un lado con resolución y desprecio los millones de páginas de mentiras y propaganda ideológica y los miles de horas de documentales fatuos con la misma letanía que adoptaron por igual las fuerzas comunistas que sufrieron en aquella fecha una colosal derrota como las democracias cautivas ya desde entonces de la corrección progresista que es un eufemismo para la mentira histórica y la falsificación interesada de los hechos. Hablemos del 11 de septiembre, pero hablemos sobre todo de lo sucedido antes del 11 de septiembre, que de eso les gusta hablar menos.

Hablemos de las muchas razones que llevaron a gran parte del pueblo chileno a aplaudir y celebrar en aquel 11 de septiembre de 1973 un pronunciamiento de las Fuerzas Armadas para deponer de su cargo al presidente de la República, Salvador Allende Gossens, y a todo su gobierno a la vista de la obstinación de este, pese a reiteradas advertencias de todos los organismos institucionales de la democracia chilena, por incumplir todos los acuerdos aprobados tras las elecciones de 1970 en el Estatuto de Garantías que le llevó a la presidencia por un acuerdo con la Democracia Cristiana. Allende despreció las continuas alarmadas advertencias de que debía poner fin a la política de su gobierno de desmantelamiento de las instituciones democráticas, violación permanente de las reglas constitucionales, destrucción violenta de los derechos de la propiedad con masivas usurpaciones y masiva arbitrariedad y desacato del ejecutivo, y a la creación de un poder paralelo armado para un poder dictatorial con ideología comunista, todo ello con complicidad extranjera, particularmente del Gobierno de Cuba.

Hablemos sobre las causas de que hoy, pese a todas las evidencias nada difíciles de localizar como verán, prevalezcan en la narrativa de la historia chilena la burda manipulación ideológica y la falsedad sentimental de mala fe con la voluntad de engaño por motivos políticos. Sólo así puede concluirse que un régimen como el que preparaba Salvador Allende con Fidel Castro y que habría sido forjado en sangre y represión a semejanza de la dictadura comunista de Cuba, esa que desde hace ahora 63 años somete a brutal miseria, privaciones y tiranía al pueblo cubano, hubiera sido mejor que el surgido de la proclamación de la Junta Militar que, tras poner fin al crimen, el caos y la subversión, reordenar la economía y abrir cauces de libertad, se autodisolvió tras una consulta popular y desembocó en una democracia plena y el periodo de mayor libertad y prosperidad de la historia de Chile. Sin aquel 11 de septiembre es muy posible que Chile aun viviera como vive Cuba bajo la dictadura comunista de algún sicario de Allende, elegido como sucesor suyo, como Díaz Canel lo es en la mafia comunista de los Castro.

Hablemos también sobre el pecado capital de la democracia chilena y los errores de las fuerzas democráticas conservadoras de no haber mantenido vivo el recuerdo de la catástrofe que supuso para la nación chilena el proceso revolucionario desatado por la Unidad Popular en contra de todas las promesas de Allende de respetar el Estatuto de Garantías. Y debatamos, porque es muy importante también para la salud política de otras naciones, sobre la incapacidad de defender y promover la verdad sobre aquellos hechos dentro y fuera de Chile para las nuevas generaciones. Frente a la colosal avalancha de tergiversaciones y propaganda de la internacional comunista como de todas las democracias occidentales, intoxicadas por las mismas mentiras socialdemócratas, que han hecho creer a tantos que Salvador Allende fue un héroe y un santo de la causa de la democracia y la libertad. De la misma grotesca forma en que los mismos y para lo mismo han impuesto esa leyenda siniestra que ha hecho del asesino que fue el Ché Guevara un simpático icono pop.

La fuerza de la mentira progresista ha sido inmensa desde hace seis lustros en todo Occidente y las fuerzas que debieran haber defendido la verdad y resistido a la falsedad desde posiciones de firmeza de valores y convicciones conservadoras abdicaron, se replegaron, se disolvieron o claudicaron vergonzosamente, dedicados a otros menesteres más lucrativos que defender los pilares de la civilización occidental, la única que tiene como eje a la libertad y por tanto a la verdad.

No se ha sabido transmitir cuál era el terrible dilema al que se enfrentaban demócratas y Fuerzas Armadas en plena guerra fría frente a un Allende abiertamente abrazado a un proyecto totalitario promovido por Cuba y la URSS. Frente a un individuo que lejos de ser ese héroe y santo era un sórdido personaje de inestabilidad mental y afectiva, especialmente hacia las mujeres, falsario, intrigante y de gran violencia interna, voluntad totalitaria y unas ansias infinitas por destruir todo el orden social establecido. Estaba Allende, y es necio negarlo, decidido a imponer por la fuerza y la amenaza un régimen que habría sido la segunda Cuba de América, la primera entonces en el subcontinente. De no haber sido frustrados sus planes por la Junta Militar, hoy probablemente seguiría siéndolo, con la pobreza, la tiranía y el fracaso total en todos los frentes como Cuba. Y cumpliría su medio siglo de infierno comunista devoravidas como en Cuba ha cumplido sus 63 años.

Hablemos también, claro que sí, sobre los lamentables excesos habidos en la toma del control del país, en la represión de la brutal actividad terrorista con una ofensiva comunista en todos los campos y con fuerzas paramilitares organizadas y armadas con ayuda de Cuba y la URSS. Sobre los excesos y por supuesto también los crímenes que los hubo en este masivo despliegue de fuerza por parte de miembros de las Fuerzas Armadas. Pero hablemos de ello con rigor y solvencia. No con lirismos de recorrer alamedas y víctimas especiales. Porque fue terrible la muerte de Víctor Jara y tantos otros partidarios de cubanizar Chile. Pero también lo fueron las terribles muertes de militares, policías, funcionarios y civiles asesinados por el terrorismo. Y sin embargo, a muchos que llevan toda su vida oyendo hablar de Allende y Pinochet en absoluta caricatura falsaria les extrañará que el total de los muertos violentos en el Chile bajo la dictadura de Augusto Pinochet se elevó a poco más de 3.000 casos, todos trágicos y lamentables, a lo largo de un periodo de 16 años, una cifra de muertos que nada tiene que ver con las cifras que se barajan en otros dictaduras. Y unas cifras de asesinados que por supuesto las fuerzas comunistas cubanas en La Habana superaban en pocos días en muchos momentos de su frenesí revolucionario en los años sesenta. Los asesinatos y desapariciones en Cuba continuaron hasta hoy mismo y en países que corrieron la suerte que Allende quería deparar a Chile como colonia cubana, pongamos el caso de Venezuela, las víctimas directas de la represión del régimen criminal se van a los muchos cientos de miles y las indirectas son incalculables.

Hablemos ante todo sobre la situación previa al golpe de la Junta Militar bajo el general Augusto Pinochet y lo fácil que le habría sido a Allende evitar el golpe militar con haberse atenido a las leyes. Cuando todas las instancias civiles, todas las instituciones democráticas de Chile habían acudido al presidente Allende a conminarle e incluso suplicarle que pusiera fin a las permanentes violaciones de la ley, el desacato continuo y brutal a la Justicia por parte de fuerzas dependientes del Ejecutivo y la deriva criminal en que habían entrado dichas fuerzas y otras de los partidos revolucionarios con el fin declarado de la destrucción del Estado y la democracia que había emprendido la Unidad Popular.

A finales de agosto de aquel año todos tenían certeza de que Allende y sus fuerzas habían ya dado por finiquitado el periodo de mantener siquiera algunas apariencias de respeto del Estado de derecho y la democracia. Y que ultimaban preparativos para el golpe que impusiera el régimen socialista popular con apoyo de Cuba, el enclave soviético del continente. Los planes para liquidar a los mandos militares y policiales que no se avinieran al cambio de régimen estaban avanzados y los preparativos para su ejecución ya en marcha en ese verano de 1973.

 

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