Salvador Dalí, "La persistencia de la memoria"

Sobre el tiempo

El acontecimiento se ha convertido en ruido, en Trending Topic, en materia de programadores y no de periodistas.

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A veces estamos demasiado
dispuestos a creer que el presente
es el único estado posible de las cosas.

—Marcel Proust


Quizás ustedes lo aprecien como uno de tantos otros artículos de opinión pero lejos de una parrafada histórico-filosófica o un ejercicio divulgativo de los de Punset, lo que aquí se propone es un homenaje al retórico Cicerón. De haber vivido en nuestros días, el gran orador romano muy probablemente habría dedicado prosa infinita al análisis de los tiempos que corren o al devenir de nuestros días, en cuyo caso me atrevo a predecir que habría escrito también las más sobresalientes y razonadas Catilinarias contra el Jefe de Gobierno, Pedro Sánchez, por su ruin conjura contra España. Ojalá pudiéramos ser deleitados con algún otro de sus célebres discursos de análisis humanístico, metafísico y moral. Pero ¿es posible que le faltase uno a propósito del tiempo?

De haberme propuesto escribir «Sobre el tiempo» hace un par de meses, habría resultado un manifiesto en contra del Carpe Diem secuestrado por un vitalismo entendido como consumo y conjunto de necesidades adquiridas, y del Tempus Fugit ultrajado y entregado a una sociedad individualista sin conciencia de ser ni sentido colectivo. Hoy parece claro que el Coronavirus ha llegado para destruirlo todo y aquellas líneas son tan sólo proyecto sin acto. El actualizado discurso toma a la algarabía, las masas y los estímulos como eje central y legítimamente se permite cuestionar la fiabilidad de la Historia contada y por contar.

Dicho esto —y sin tratar de enredar al lector, que ya bastante tiene— probablemente muchos de ustedes reciban todos los días llamadas de sus seres queridos preocupándose por su salud, o nuevas videollamadas de esas millenial que extrañan el sabor de un café o una caña de las de siempre. Les diré que por suerte también yo recibo tales llamadas, y de entre todas ellas, la más curiosa sin duda es la de mi madre, grandiosa señora de 68 años que vive confinada en su piso de Madrid y enganchada a cada noticia que aparece en la tele para comentarla con sus hijas. Podría decirse que ella no alcanza a comprender el sinfín de acontecimientos que ocurren ni la velocidad de ellos. Así, trato de explicarle la pandemia de 1918 y las cifras de muertes en las sucesivas guerras del siglo XX, pero ella se mantiene irremediablemente desconcertada y rechaza por completo asumir lo devastador de las vidas humanas que se pierden a cada minuto. Tras reflexionarlo e incluso culparle de no comprender su propio pasado, he llegado a la conclusión de que la Historia va más rápido que ella, supera su velocidad de procesamiento; cada nuevo suceso tiene una duración estimada de un Trending Topic en Twitter y por tanto los no nacidos en pleno apogeo tecnológico libran cada día una batalla con su propia historia, la que ellos aún componen y presencian, pero no pueden alcanzar.

En efecto, el tiempo en 2020 corre más rápido que los relojes que lo cuentan y en apenas semanas se está decidiendo el futuro de nuestra política mundial. Ahí fuera, por donde ni los perros pueden salir a pasear, dos países se disputan el trono del mundo entre Wall Street y Shangai en una lucha económica y mercantil tan veloz que cada tirada diaria del Financial Times queda anticuada y obsoleta. 

El tiempo en 2020 corre más rápido que los relojes que lo cuentan

Es importante no confundir aquello, alejado deliberadamente del foco mediático, con cada comparecencia insignificante del Jefe de Gobierno, un ministro o algún representante de ese ente discutible llamado Unión Europea. Eso no es Historia, señores, eso es tan sólo carne de Últimas horas y ruido de una una masa delirante que se echa a Twitter como si de sus ciento cuarenta caracteres dependiera el curso de los sucesos. ¡Oigan, que es tan sólo Alberto Garzón diciendo alguna majadería, no se ha firmado el fin de las Guerras Púnicas, la Paz de Westfalia ni el Tratado de Versalles! ¡Dejen de crear barahúnda y contaminación intelectual!

La realidad a la que tendemos a convertirnos, la del presente inmediato, el ahora víctima del último clic de Twitter, se declara nulo en la teoría aristotélica, que sólo entiende el ahora que ejerce de presente cuando tiene una duración; sólo es válido el tiempo cuando comprende periodos que suponen una diferencia entre un antes y un después. Sin embargo, en pleno siglo XXI —teóricamente la era más avanzada— no se permite al suceso marcar un antes y después, no se deja a la Historia marcar un pasado y un futuro. El tiempo ha dejado de ser tiempo para convertirse en estallido temporal.

Espero que nos pille Saturno confesados porque unos seres llamados Smartphones y un puñado de algoritmos programados por Google piensan ahora por nosotros y nos alimentan de ‘’información’’ tan actualizada y desordenada que somos incapaces de digerirla y procesarla. El hecho histórico ha mutado, ya no necesita de significación sino de repercusión. El acontecimiento se ha convertido en ruido, en Trending Topic, en materia de programadores y no de periodistas. Por ello, todos estamos al tanto del Último minuto, pero nadie conoce el verdadero Juego de tronos que se está disputando fuera de Netflix. Quizás tan sólo necesitamos desconectar aquél para pensar, contemplarse, mirar al mundo o experimentar el tiempo. Pues eso, reflexionen el suceso, vivan en su existencia, habiten su propia Historia, apaguen y lean.

 

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