Los "violentos", los llaman

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Si bien todos estamos ya acostumbrados a la traición a la semántica perpetrada por los políticos y por más de un medio de comunicación, no deja de sonrojar la humillante –para las víctimas– confusión entre terror y violencia. Deberíamos estar ya curados de espanto, pues se trata de una perversión del lenguaje característica de la esplendente partitocracia que disfrutamos desde hace treinta y cinco años.

Es ésta una perversión que parecen haber heredado todos los políticos y numerosos periodistas no sé sabe de quién, pero tal vez de alguien sospechoso de antiguas simpatías con el terrorismo, quizá admirador de los autores del magnicidio que todo lo trastocó, y que un día debió de decir en el Congreso, en una rueda de prensa, en un mitin, en un título de portada o en un editorial eso tan manido de “venceremos a los violentos”. Lo cual es de una gran ingenuidad (si se trata de ingenuidad), porque la carga de violencia que arrastramos los seres humanos la vencemos a través de la educación, la cultura o el prudente sometimiento a las normas jurídicas; mas ¡intente usted vencer a los terroristas con semejantes medios! No es extraño, pues, que los criminales de ETA se hayan reído tantas veces de los gobernantes y de sus víctimas, pues si éstos tienen la deferencia de tenerlos por violentos en lugar de por asesinos inspirados en una ideología o amparados en ésta para dar rienda suelta a su sed de sangre, ¿a cuento de qué arrepentirse de ser sólo “violentos”?
 
Pero el terror es una cosa distinta y mal que le pese a la izquierda, ésta es la madre de aquél, pues nace con la Revolución francesa y su práctica es heredada posteriormente por los comunistas. Y la mitificación de los terroristas –empezando por el Che Guevara– es característica de la izquierda marxista. La violencia, incluso la violencia política, es cosa distinta. Si voy en el metro y alguien me empuja, puedo pasarlo por alto y callarme con gesto avinagrado o propinarle un puñetazo al viajero. En el segundo caso, sería, en efecto, un violento…, pero no un terrorista. Todo terrorista es violento, pero no todo violento es terrorista.
 
Así pues, dejen ya de decir los socialistas, el rey de España –o quien torpemente le escribe sus discursos siempre plagados de tópicos– y más de algún ignaro contertulio radiofónico, eso de “la democracia vencerá a la violencia” o “acabaremos con los violentos”. Digan lo que hay que decir: “al terror” y “con los terroristas”. Al menos por respeto a las víctimas, a las que nadie les dio un sopapo, sino que les pegaron un tiro en la nuca, las achicharraron vivas con coches-bomba o las dejaron sin piernas.

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