Hasta aquí hemos llegado

Rajoy no puede seguir

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RAQUEL MARTÍN/PAGINASDIGITAL.ES
 
Yo defendí en su día la continuidad de Mariano Rajoy al frente del PP, pero en estos dos meses ha demostrado su incapacidad personal y política para seguir. Es verdad que no lo ha tenido nada fácil internamente y que, antes de las elecciones, desde fuera del partido ya estaba prácticamente constituida una campaña de acoso y derribo al líder. Y él también lo sabía.
 
Rajoy ha demostrado falta de olfato humano, de habilidad personal para comenzar una nueva etapa del PP sin levantar suspicacias. Aglutinando todo el capital humano que ha tenido y tiene el partido. Aquí ha patinado de manera estrepitosa. Para construir un nuevo proyecto, una nueva empresa, lo primero que se tiene que hacer es garantizar que todas las personas que te siguen encuentren su sitio, y Rajoy debería haber buscado el suyo a figuras tan relevantes como Zaplana, Acebes, Pizarro y Costa, entre otros muchos. Le ha faltado mucho tacto y le han sobrado algunos gestos casi autoritarios, como el negarse a dar a conocer a los miembros de su equipo.
 
Dentro del PP, Mariano Rajoy ha sido incapaz de ordenar las ambiciones personales de algunos dirigentes, y muchos de los nuevos hombres de su máxima confianza no han hecho más que avivar el fuego de la bronca interna, como ha quedado patente con la supuesta mediación entre María San Gil y José Manuel Soria encargada a José María Lasalle. El capítulo de los criterios de elección para nombrar a los mejores dirigentes en los puestos de responsabilidad relevantes, en aras de una mejor y más eficaz oposición al Gobierno de Zapatero, queda aparte.
 
Otro de los desaciertos de Rajoy ha sido su aislamiento total. Una cosa es que cada político tenga sus tiempos y otra bien distinta es que el principal partido de la oposición, votado por más de 10 millones de españoles, se haya vuelto mudo o peor, autista. Y cuando entre un líder político y la sociedad no existe sintonía para conectarse, es la hora de replantearse el liderazgo.
 
Todos estos errores, que son muy graves, no han sido los definitivos para considerarle ya incapaz de continuar al frente. Un líder puede equivocarse en la elección de su equipo, puede costarle arrancar tras un nuevo batacazo electoral, puede rectificar problemas de estrategia, de comunicación, de tiempos y formas... pero no puede cambiar las señas de identidad del partido, su esencia política, su dogmas y principios constitutivos de la mañana a la noche, como parece que están promoviendo y trabajando con empeño los nuevos hombres fuertes del PP, con José María Lasalle a la cabeza, y con la bendición de su presidente.
 
Aquí es donde Mariano Rajoy se ha estrellado. La renuncia de María San Gil a estampar su firma a la Ponencia Política del Congreso de Valencia confirma este viraje de la nueva era popular. Nadie puede llamarse ya a engaños: el nuevo PP quiere ser cómplice de la nueva Transición (como le gusta definirla a Jaime Mayor) que está desarrollando con anestesia el presidente Zapatero.
 
Muchos populares ven que este cambio es irreversible y que ha llegado el momento de pactar con el PSOE con una visión exclusivamente electoralista. Otros muchos, viendo a dónde se dirige este tren de Rajoy, han empezado a bajarse en cada estación. Por el bien del PP y de España, es la hora del cambio de maquinista.

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