El proyecto nacional-conservador de Fratelli d’Italia

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Cuando los observadores extranjeros se ocupan de la ola soberanista en Italia, la atención (también por las dimensiones electorales del fenómeno) siempre se centra en la Lega de Matteo Salvini. Y a menudo se olvidan de mencionar un partido que representa un caso muy interesante, el de Fratelli d’Italia (Hermanos de Italia). Nacido en 2012 de una escisión del partido de Silvio Berlusconi, el Pueblo de la Libertad, Fratelli d’Italia (FDI), que en las elecciones generales de 2013 había obtenido un 2% de los votos y en las de 2018 un 4%, subió en un solo año al 6,5% en las elecciones europeas de 2019 , mientras que en las últimas semanas las encuestas predicen un crecimiento constante: el 10% parece estar al alcance de la mano, y en cualquier caso FDI parece haber superado ya al partido de Berlusconi, Forza Italia.

Resulta sorprendente el crecimiento de FDI en el año del extraño gobierno de la Lega-5 Stelle: aunque situado en la oposición, en muchos asuntos FDI parecía ser como la Lega. En cambio, los votantes hicieron subir a ambos movimientos, aunque más sustancialmente al liderado por Salvini. En las últimas semanas, sin embargo, desde que la Lega hizo caer al gobierno, las encuestas parecen recompensar más la línea de FDI.

¿Cómo explicar este éxito? Hay al menos cuatro factores:

  1. El liderazgo de Giorgia Meloni. Aunque no se puede considerar que FDI sea un partido personalista (como lo es Forza Italia)ni tampoco, en puridad de conceptos, el partido de un líder (como la Lega), no cabe duda de que un factor decisivo es el carisma de la todavía joven diputada, exministra del último gobierno liderado por Berlusconi hasta 2011. Si todos los movimientos o partidos políticos necesitan hoy, para encarnar su mensaje y su proyecto, contar con un liderazgo claro y obvio, ello aún es más cierto para los movimientos soberanistas (y aquellos que están representados por un líder menos carismático, como el AfD de Alemania, luchan por imponerlo). Desde este punto de vista, el liderazgo de Meloni, la única mujer al frente de un partido en Italia, adopta todos los cánones de la comunicación antiestablishment y “populista”, pero en ningún momento su conducta se confunde con la de Salvini: su mensaje aparece siempre muy claro y diferenciado, incluso cuando, a ojos sobre todo del votante común, ambos partidos podrían confundirse.

  2. Haber mantenido una línea coherente de oposición al gobierno Lega- 5 Stelle, y ahora al gobierno 5 Stelle- PD, y haber definido siempre esta oposición como de derechas, es decir, nacional-conservadora, mientras que la Lega, o al menos Salvini, siguen definiéndose como “ni de derechas ni de izquierdas”. Ser nacional-conservador significa, por supuesto, pedir rigor en materia de defensa de las fronteras y contra la inmigración ilegal, como lo hace la Lega. Pero también significa proteger la integridad de la nación (de ahí la oposición a los proyectos de federalismo fiscal del partido de Salvini), y, en materia económica, contrarrestar las medidas de sabor socialista vagamente a “lo Maduro” de 5 Stelle que la Lega se veía obligada a aceptar cuando gobernaba con ellos. De ahí se deriva también el consenso obtenido con los empresarios del norte, precisamente en los territorios donde la Lega supera el 50%.

  3. Meloni, que proviene de la experiencia postfascista de la Alleanza Nazionale, ha logrado renovarse manteniendo la “lealtad a los valores”, un importante concepto sobre todo para este tipo de electorado. El desplazamiento por parte de FDI a posiciones más radicales que las de la Alleanza Nazionale, habría podido hacerles regresar a posiciones nostálgicas de cuño neofascista, las cuales están, por el contrario, totalmente ausentes: ello también se debe al rejuvenecimiento del personal político, favorecido por Meloni, por lo que hoy vemos a un gran grupo de diputados (incluidas muchas mujeres) de entre treinta y cuarenta años, desprovistos de cualquier veleidad o tentación neofascista o de extrema derecha .

  4. Aunque no es determinante para su crecimiento electoral, Meloni y FDI parecen haber establecido mejores relaciones internacionales que la Lega, tanto dentro de la UE como con Estados Unidos. Los eurodiputados de FDI se unieron al Grupo Conservador en Estrasburgo, entrando así en contacto con los conservadores británicos, pero especialmente con los polacos de Prawo Sprawiedliwość, situándose en un grupo euroescéptico, pero no en un gueto como el de Salvini y Le Pen. También la visita de Viktor Orban y su discurso en la fiesta nacional de FDI en Roma el pasado mes de septiembre marcó un punto a favor de Meloni, al haber presentado a su partido como el componente italiano de la ola nacional-conservadora soberanista que recorre Europa (en dicha fiesta también habló Santiago Abascal, de Vox, que se ha unido al mismo grupo europeo). Incluso respecto a las relaciones con Trump, la invitación de Meloni a la Conferencia de Acción Política Conservadora en Washington, hace unos meses, mostró que, pese a la simpatía nunca escondida de la diputada romana por Putin, Meloni no se ha hecho sospechosa para los republicanos estadounidenses, contrariamente a lo ocurrido con la Lega de Salvini.

 

En muchos sentidos, por lo tanto, el futuro del bloque soberanista en Italia dependerá del partido de Meloni, que, de ser actor secundario al comienzo, se ha convertido poco a poco en protagonista.

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