Primera derrota de la "corrección política"

Sarkozy, presidente

Nicolás Sarkozy será el sexto presidente de la V República, la instituida por el general De Gaulle en 1958. Su victoria ha sido nítida: desde 1969, nunca un candidato que se presentaba por primera vez había obtenido tanta ventaja sobre su rival. En su primer discurso, nada más conocerse los resultados de los primeros sondeos oficiales, Sarkozy ha repetido ante sus partidarios las mismas ideas-fuerza de su histórico discurso de Bercy: trabajo, autoridad, moral, respeto, nación, identidad nacional, orgullo de Francia, acabar con el arrepentimiento y los complejos. Terminaron cantando La Marsellesa. ¡Un discurso inaudito de Rajoy! Todo cambia (Javier Ruiz Portella) El histórico dis

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EMC (París)

La participación en esta segunda vuelta de las elecciones presidenciales ha superado el 85%; una participación altísima, más incluso que la de la primera vuelta. Nicolás Sarkozy ha obtenido más del 53% de los votos. Su oponente, la socialista Ségolène Royal, no ha llegado al 47%. Eso significa que Sarkozy ha movilizado a todo su voto de la primera vuelta, más a los que entonces votaron a Le Pen y a buena parte de los que lo hicieron por el centrista Bayrou. Una mayoría de los votantes del Frente Nacional y del centro han desoído las declaraciones de sus líderes y, a la hora de la verdad, han votado a Sarkozy.

Las claves de la victoria 

Lo primero que llama la atención en este resultado es su copiosa cosecha de votos para un candidato que ha planteado la elección, ante todo, como una adhesión a un proyecto personal. Mientras la izquierda ha cultivado a conciencia el voto del miedo, el voto anti-Sarkozy, mediante una minuciosa propaganda de diabolización del candidato derechista, éste apenas ha utilizado el recurso al voto “anti”, sino que ha tendido a centrarlo todo en la propuesta que él, Sarkozy, hacía a los franceses. El voto del miedo era esta vez el voto a la izquierda; no ha funcionado. Lo que ha funcionado es el discurso de alguien que ofrecía, para los más confiados, esperanzas, y para los más recelosos, al menos expectativas.

El segundo elemento decisivo en estas elecciones ha sido, precisamente, el discurso, que ha levantado gran atención no sólo en Francia, sino también en el resto de Europa. Ese discurso, cuya expresión más acabada fue el mitin de cierre de campaña en Bercy –puede verse aquí, en Elmanifiesto.com-, volvió a ser repasado en sus puntos fundamentales durante la primera comparecencia del presidente in pectore: trabajo, autoridad, moral, respeto, nación, identidad nacional, orgullo de ser francés, acabar con el arrepentimiento y los complejos. Sarkozy dijo en esta primera aparición pública que quería “devolver a Francia lo que Francia me ha dado”. Se deshizo en un canto de amor a la patria. Realizó un llamamiento a la concordia con los franceses que han votado a Royal, “a todos los franceses más allá de su partido”. Se dirigió también a los europeos para decir que “Francia ha vuelto”, pero también para poner deberes a sus socios del continente: “Que oigan la voz de los pueblos que quieren ser protegidos; Francia siempre estará a su lado cuando lo necesite”, lo cual hay que interpretar como el anuncio de una decidida participación francesa en los grandes conflictos internacionales. ¿Nuevo socio preferencial de los Estados Unidos? No: a los norteamericanos les aconsejó “que no obstaculicen la lucha contra el cambio climático, sino que la lideren”. También expuso su proyecto para el Mediterráneo: “Superar odios y dejar sitio a un sueño de paz y civilización”, mediante una unión mediterránea que Sarkozy imagina como segundo paso de la Unión Europea. Tuvo asimismo palabras para los africanos, a los que dirigió, literalmente, un “llamamiento fraterno”: “Queremos –dijo- ayudarles a vencer la pobreza y el hambre y a vivir en paz”, propósito que incluye una “política de inmigración coordinada y controlada”. Y mencionó muy específicamente a las mujeres oprimidas en los países islámicos, a las que prometió que “Francia estará a su lado”. Acto seguido, los seguidores de Sarkozy entonaron la Marsellesa, el himno nacional francés. 

Respecto a esta “doctrina Sarkozy”, pronunciemos un nombre del que en España se ha hablado poco: Henri Guaino (n. 1957), licenciado en Historia, diplomado en economía política y en ciencias políticas, alto funcionario, con una intensa carrera junto a personalidades políticas como Seguin y Pasqua, autor de obras como l´Etrange renoncement (1998), La France est-elle soluble dans l´Europe? (en col., 1999) y La Sottise des modernes (2002), colaborador habitual de la católica La Croix, entre otros medios. Guaino pasa por ser el “cerebro” ideológico de Sarkozy y el promotor, ante todo, de una idea clave: la política puede cambiar las cosas.

La izquierda se lame las heridas 

El paisaje en la izquierda es muy distinto, evidentemente. Ségolène Royal ha reunido a todo el voto de izquierda, pero, incluso en esas condiciones, sus resultados han sido evaluados como “gravísimos” por distinguidos representantes del Partido Socialista, los llamados “elefantes”, que nunca han tenido en gran estima a la candidata y que ahora, en el frío de la derrota, no dudarían en arrojarla a la intemperie. Ségolène ha dicho que ella seguirá al frente del Partido. Hará falta que la compleja y poderosa burocracia del Partido esté de acuerdo.

De momento, y para mover ficha antes que nadie, Royal ha anunciado “futuras alianzas”. Eso hay que entenderlo en el contexto de la actualidad política francesa. Dentro de un mes se celebrarán elecciones legislativas. Ségolène ha constatado que Francia, hoy, vota a la derecha. Por tanto, su única oportunidad consiste en formar alianzas, allá donde pueda, con los centristas de Bayrou. Ahora bien, eso la obligará a suavizar su discurso, excesivamente virado hacia la izquierda, para no espantar al voto moderado. No será fácil en un contexto como el actual, muy bipolarizado, que no va a cambiar sustancialmente en el corto espacio de un mes.

Otro asunto de importancia nada menor es la reforma electoral, de la que se ha venido hablando incesantemente, y que debería ir en el sentido de una mayor proporcionalidad. Por la dispersión del voto, el primer beneficiado por tales reformas sería el Frente Nacional, que tiene mucho voto muy disperso, y el principal perjudicado sería el Partido Comunista, que tiene menos votos, pero más concentrados y, por tanto, mayor representación. En el paisaje de “nuevas alianzas” que Royal ha anunciado, a la derecha de Sarkozy no le vendría mal una mayor representación del Frente Nacional: eso le daría un aliado posible, ya que los puentes con el centrista Bayrou parecen rotos. En todo caso, la topografía de las legislativas es más complicada que la de las elecciones presidenciales. No parece que Sarkozy vaya a meterse en este jardín; por ahora.

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