Lo último de Aquilino Duque

Una mirada despiadada sobre la generación del 68

Este libro se escribió en 1970. Se publicó en 1971. Como era muy bueno, se tradujo enseguida al italiano. Después, desapareció: se lo tragó la tierra. Porque La linterna mágica, que así se llamaba esa novela de Aquilino Duque, arrojaba una mirada sin piedad, donde la ternura no excluía los trazos crueles, sobre la generación que triunfaba en el mundo: la de 1968, atiborrada de sexo, droga, rock’n roll y… marxismo. La linterna mágica es una crítica de los mitos de la contracultura. Ahora una pequeña editorial andaluza, La Biblioteca de la Huebra, ha tenido la osadía de dar nuevamente a la estampa esta novela. Es cruel, en efecto. Pero es, además, una obra maestra. Hay que leerla imperativamente. El mundo actual se entiende así mucho mejor.

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Aquilino Duque es la mejor prosa española de estos días. Esto no es una exageración, como podrán confirmar sus lectores: Aquilino tiene todo el poso de la cultura clásica española, que es mucho y muy bueno, y además tiene la agilidad y el gesto de látigo de la literatura moderna, de manera que leer cualquiera de sus libros es un placer. Pero Aquilino, que pasaba por “progre” en los sesenta, no quiso comulgar con ruedas de molino en los setenta, de manera que terminó siendo condenado al silencio en los ochenta. Esa trayectoria define por sí misma la historia reciente de la cultura española. En 1975 nuestro autor había ganado el Premio Nacional de Literatura por El mono azul. Un poco de flexibilidad lumbar y, nadie lo dude, hoy Aquilino sería paseado por universidades de verano y cadenas de televisión como se pasea a la momia de Antonio Gala. Pero Aquilino es hombre de espalda rígida. Eso le hace “intratable” para el sistema. Pero también le hace admirable para quienes gustamos de la gente que vive de pie.
 
Hablemos de esta novela, La linterna mágica. Se inspira en circunstancias reales: la vida del cubano Calvert Casey. Es un relato vertiginoso que nos coge de la mano desde la primera página –“la noche que llegó Juana Inés caía una llovizna fina”- y nos conduce sin tregua por un mundo a veces seductor, a veces esperpéntico, a veces simplemente alucinante. Lo más tremendo es que, con frecuencia, ese mundo es –o, más bien, ha sido- real, incluso más allá de la mencionada figura de Casey. Es el mundo de los desahogados burgueses que, hastiados de exceso de todo, en los años sesenta juegan a la revolución. Entre ellos hay revolucionarios de buena fe, gentes que entregan sus esperanzas a una causa que creen justa, y hay también mucho frívolo o, simplemente, vividores que en el Gran Caribe (así se llama al castrismo en la novela) encuentran una coartada intelectual. En ese contexto, Aquilino, que es un excelente dibujante de caracteres, nos va presentando a un ramillete de personajes a cada cual más sugestivo, ya por su profundidad –Quimo, el artista homosexual y desengañado, figura de Casey-, ya por su demencia arrolladora –Vanozza, la antiheroína de esta historia.
 
El buen conocedor del mundo literario no dejará de encontrar a personajes reales, muy ilustres, camuflados en heterónimos que apenas si ocultan su verdadera identidad. Por ejemplo, Augusto Guerra, joven embajador mejicano en la India, que es evidente trasunto de Octavio Paz. Igualmente, el retrato de Lezama Lima bajo la identidad de “Melaza” es devastador. Pero sería un error creer que La linterna mágica es una novela satírica. La sátira está presente cuando la pluma gira hacia la caricatura, pero el tono general oscila entre la descripción cruda y la inmersión tierna, patética, en el alma de unos personajes que fluyen como agua.
 
La linterna mágica es una novela estupenda. Como su distribución se resiente de la menesterosa entidad de su editorial, ofrecemos una dirección de correo electrónico de la librería que ha adquirido la mayor parte de la tirada: renacimiento@libreriarenacimiento.com.

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