Un discurso que pone los pelos de punta

25 de octubre, San Crispín: una de las grandes arengas de la historia

¿Qué es más profundo, más auténtico: la realidad o la literatura? Si la literatura la escribe William Shakespeare, sin duda ésta es superior a cualquier realidad. Cuando los europeos sabían los días por la fiesta del santo, el 25 de octubre se conocía como el día de San Crispín, patrono de los zapateros. En el día de San Crispín del año del Señor de 1415 los reyes de Inglaterra y Francia y sus ejércitos libraron la batalla de Azincourt. Shakespeare la recreó en su obra 'Enrique V'.

Compartir en:

La víspera de la batalla de Azincourt (Francia) el rey Enrique V dirigió a sus menguadas y agotadas tropas (5.000 arqueros y 1.000 peones) una arenga que el genio de Shakespeare ha hecho célebre. Los ingleses se saben perdidos ante 25.000 franceses y su rey intenta animarles con unas palabras maravillosas, apelando a la camaradería y a la pervivencia de su valor.

 
WESTMORELAND
¡Ójala tuviéramos aquí ahora
aunque fuera diez mil de aquellos hombres que en Inglaterra
están hoy ociosos!
 
REY ENRIQUE V
¿Quién pide eso?
¿Mi primo Westmoreland? No, mi buen primo:
Si hemos de morir, ya somos bastantes
para causar una pérdida a nuestro país; y si hemos de vivir,
cuantos menos hombres seamos, mayor será nuestra porción de honor.
¡Dios lo quiera! te lo ruego, no desees un solo hombre más.
Por Júpiter, no codicio el oro,
ni me importa quién se alimente a mi costa;
no me angustia si los hombres visten mis ropas;
esos asuntos externos no ocupan mis deseos:
pero si es pecado codiciar el honor,
soy la más pecadora de las almas vivientes.
No, créeme, primo, no desees un solo hombre de Inglaterra:
¡Paz de Dios! no perdería un honor tan grande
como el que un solo hombre creo que me arrebataría
por lo que más deseo. ¡Oh, no pidas uno solo más!
Proclama, en cambio, Westmoreland, por mi ejército,
que el que no tenga estómago para esta pelea
que parta; se redactará su pasaporte
y se pondrán coronas para el viático en su bolsa:
Ni quisiéramos morir en compañía de un hombre
que teme morir en nuestra compañía.
Este día es la fiesta de Crispiniano:
el que sobreviva a este día y vuelva sano a casa
se pondrá de puntillas cuando se nombre este día,
y se enorgullecerá ante el nombre de Crispiniano.
El que sobreviva a este día, y llegue a una edad avanzada,
agasajará a sus vecinos en la víspera de la fiesta,
y dirá: ´Mañana es San Crispiniano".
Entonces se alzará la manga y mostrará sus cicatrices
Y dirá: "Esta heridas recibí el día de Crispín".
Los viejos olvidan: y todo se olvidará,
pero él recordará con ventaja
qué hazañas realizó en ese día: entonces recordará nuestros nombres.
Familires en sus labios como palabras cotidianas,
Harry el rey, Bedford y Exeter,
Warwick y Talbot, Salisbury y Gloucester,
se recordarán como si fuera ayer entre sus jarras llenas.
El buen hombre contará esta historia a su hijo;
y nunca pasará Crispín Crispiniano,
desde este día hasta el fin del mundo,
sin que nosotros seamos recordados con él.
Nosotros pocos, nosotros felizmente pocos, nosotros, una banda de hermanos;
porque el que hoy derrame su sangre conmigo
será mi hermano; por vil que sea,
este día ennoblecerá su condición:
y los gentileshombres que están ahora en la cama en Inglaterra
se considerarán malditos por no haber estado aquí,
y tendrán su virilidad en poco cuando hable alguno
que luchara con nosotros el día de San Crispín.
 
Al día siguiente, "la banda de hermanos" de Enrique V aplastó al ejército francés en Azincourt de una manera absoluta, gracias a sus arqueros y a la mala estrategia francesa. Mediante el Tratado de Troyes de 1420, Carlos VI de Francia aceptó conceder al rey inglés la mano de su hija Catalina y, como dote, los ducados de Normandía y Anjou.

Todos los artículos de El Manifiesto se pueden reproducir libremente siempre que se indique su procedencia.

Compartir en:

¿Te ha gustado el artículo?

Su publicación ha sido posible gracias a la contribución generosa de nuestros lectores. Súmate también a ellos. ¡Une tu voz a El Manifiesto! Tu contribución, por mínima que sea, dará alas a la libertad.

Quiero colaborar