Emilio de Justo brinda un vitorino a Santiago Abascal en el ruedo de... Vista Alegre. Detrás, Fernando Sánchez Dragó.

Parar, templar y mandar

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Parar, templar y mandar. Los tres pilares del toreo. Y de la vida. Cualquier ser extraordinario que se preste y los lleve a cabo, en el mágico albero o en la vida misma, tendrá el triunfo asegurado. Y digo “ser extraordinario”, ya que

El común de los mortales es incapaz de tener el valor, el temple y el dominio para imponer sus valores o ideas en una sociedad cada día más totalitaria.

el común de los mortales es incapaz de tener el valor, el temple y el dominio para imponer sus valores o ideas en una sociedad cada día más totalitaria. Afortunadamente, aún quedan lidiadores que, día tras día, exponen sus entrañas ante lo que se ha convertido en nuestra particular bestia a lidiar: el progresismo.

Decía un singular torero, Cagancho, que de Despeñaperros para arriba se trabajaba, mientras que, al sur, se toreaba al sur. ¡Qué tiempos aquéllos donde se podía aún torear, y gustarse, en la mitad sur de España! Ahora la situación es bien distinta, máxime con el poder establecido en contra, que, cual ruin Presidencia, se niega a conceder el trofeo al triunfo del poder, del gusto, del arte. A nuestro triunfo, al triunfo de Vox que, a la maniera colombiana de César Rincón, se ha abierto camino inexorable contra viento y marea. Al igual que el maestro colombiano, que abrió tres veces consecutivas la Puerta Grande de las Ventas allá por el año 1991, el partido de Santiago Abascal lleva el camino de hacer lo propio: Andalucía, España y… España. Y las Puertas Grandes no se abren de casualidad, no, señores. A los héroes nadie les regala nada. Todo lo que obtienen es fruto de trabajo, trabajo, y más trabajo. De técnica, temple y dominio.

Para parar al toro hay una cualidad básica que permite al lidiador imponerse: la técnica; esa técnica que dictamina al hombre saber cuándo ha de plantarse en el ruedo, pies en el albero, y decir al morlaco: ¡aquí estoy yo! Solos ante el peligro progre, se plantaban un puñado de valientes hace no tantos meses. Hoy día, ese puñado se ha multiplicado, y se multiplica día tras día. ¡La bestia progre tiene las horas contadas!

Pues bien, ya hemos parado a nuestro enemigo, lo hemos medido y analizado (¡qué decir de tan pobre criatura, con astas de Miura pero interior de siamés!), por lo que, cargando la suerte, siempre cargándola, para obligar al animal a doblegarse a nosotros, adelantamos nuestra verde muleta y comenzamos la tanda de naturales, pasaporte para poder salir por la Puerta Grande. Porque las grandes faenas se hacen al natural, sin filtros, como la vida misma. Ya lo decía José María Pemán: 

Natural, escultural.
El brazo tenso, una cuerda de violín,
haciendo de la mano izquierda un jazmín,
lentamente su camino,
entre el cuerno y el destino,
lento, breve, quieto, fino,
con elegante alegría.
Eso es toda Andalucía.
Entre la vida y la muerte, la suerte,
ligera como una flor o un cristal.
Y el peligro y el valor y la trampa:
¡Natural!

Y al natural se está lidiando, y naturalmente están saliendo las cosas. Porque no podía ser de otra forma. Lo que no pue se, no pue se, y además es imposible, decía el Gallo, palabras que hacemos nuestras para verificar que es imposible que algo salga mal cuando se para y se templa como Santiago Abascal está haciendo. Porque el temple, que no es sino el acompasamiento de la embestida del toro a la velocidad que el torero quiera darle, hace tiempo que nuestro lidiador lleva haciéndolo. En redes sociales, entrevistas o debates, a la vista de todos está que, en cuanto a temple, llevamos las de ganar, ya que

La dictadura progre es consciente de que la faena de su intolerancia, de su totalitarismo, puede tener un fin próximo.

la dictadura progre es consciente de que la faena de su intolerancia, de su totalitarismo, puede tener un fin próximo. Y ese fin, en cualquiera de los ruedos en que se lidie, únicamente tiene un final: mandar, como mandó Cesar Rincón en Madrid en 1991, como manda la vida sobre la muerte cada tarde de toros. En definitiva, como han de mandar los lidiadores, los héroes, frente a enemigos de lo nuestro, enemigos de España.

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