Los valientes de Barcelona

Tales son los miles de jóvenes catalanes que, pese a haber sido educados en la inmersión lingüística y el lavado de cerebro de TV-3 y compañía, muestran en público su hispanidad, sin miedo a navegar contra viento y marea.

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Miguel de Cervantes describió Barcelona como
«archivo de la cortesía, albergue de los extranjeros, hospital de los pobres, patria de los valientes, venganza de los ofendidos, y correspondencia grata de firmes amistades, y en sitio y en belleza, única.»

Y así lo fue durante siglos, hasta que el procés mató esa ciudad de siempre y la transformó en el actual desamparo: manicomio de almas cándidas y amarillas a quienes, de poco leer y mucho ver TV-3, se les secó el cerebro. Tierra de opresión contra los catalanes no nacionalistas y, al mismo tiempo, frustración de la esperanza de los propios independentistas a quienes sus líderes los engañan con “faroles” y mentiras. Divorcio amargo entre amigos, hermanos, hijos y padres. Cementerio de belleza y bondad, de cruces amarillas y sensatez.

Un procés iniciado por Pujol y Mas, pero impulsado por Maragall, Zapatero y el Estatut que los parió. Un procés de cuya corresponsabilidad no se libra ni Aznar: con su Pacto del Majestic, la decapitación de VidalQuadras, la cesión total de competencias en materia de educación y sanidad, etc.

Sólo con estos antecedentes, es posible entender que un grupo de cincuenta separatistas, capitaneados por el pistolero de Terra Lliure Frederic Bentanachs, haya impedido —a golpes y al grito de “fora feixistes de la Universitat”un acto académico, con ponentes internacionales, en homenaje a Cervantes celebrado en el Aula Magna de la Universidad de Barcelona el pasado 7 de junio.

Y sólo a través del mundo imaginario creado por el procés, es posible entender que algún medio ultra–subvencionado, como el digital Directe.cat, publicara —huyendo de toda realidad y decencia— que el acto «se anuló por la poca gente presente». Eso, a pesar de que los videos muestran una participación en el acto académico de unas doscientas personas, así como la violencia perpetrada por la minoría separatista con el fin de boicotear el acto.

Quizá a los independentistas les molesta que el “fascista” (sic) Cervantes, a través de Don Quijote, parodiase la fuga de la realidad, el mundo imaginario de las novelas de caballerías, como lo es el mundo imaginario construido por los nacionalistas catalanes: esa (falsa) realidad virtual–nacional que se eleva, cual humo orgulloso y fatuo, desde los rescoldos de la manipulación histórica y la narcotización de los ciudadanos prendidos por el separatismo catalán.

Este humo que de él emana está llamado a disiparse en la realidad. Contrariamente a sus intenciones, el procés ha despertado en Barcelona la patria de valientes que permanecía como aletargada tras cuarenta años de invierno pujolista.

Esos valientes son los catalanes que hoy se juegan el tipo cuando retiran las cruces amarillas de las playas, a pesar de los insultos y empujones de la gent pacífica, rescatando así esos lugares públicos del cementerio ideológico al que los independentistas pretender someter y someternos.

Esos valientes son los que, de noche, sacrifican sus horas de sueño para salir a limpiar la ciudad de lazos amarillos, devolviendo las calles a la neutralidad que nunca deberían haber perdido.

Esos valientes son los miles de jóvenes catalanes que, a pesar de haber sido educados en el pujolismoes decir, sometidos durante décadas a la inmersión lingüística y al lavado de cerebro de TV-3 y otros medios de agitación de masastienen la fortaleza de resguardarse de la fina lluvia del adoctrinamiento secesionista, que cala hondo en las almas débiles, y muestran en público su hispanidad, sin miedo a navegar contra viento y marea.

Esos valientes son los miles de catalanes que cuelgan banderas españolas en los balcones de sus casas, a pasar de las represalias que pudieran sufrir: como unos vecinos de Balsareny, en prisión durante varios meses tras la denuncia falsa de tres Mossos d’Esquadra, y a cuya hija pequeña la pediatra independentista se niega a atender… por el simple hecho de colgar la bandera española en el balcón de sus domicilios particulares.

Esos valientes son los impulsores de “Barcelona con la selección”. A pesar de las palizas en la calle y las multas administrativas del Ayuntamiento, consiguen instalar pantallas gigantes en la ciudad para que los catalanes que lo deseen puedan disfrutar de los partidos de la selección española de futbol.

Esos valientes son los centenares de jóvenes que el 2 de octubre de 2017, cuando todo parecía perdido y a pesar del evidente riesgo a su integridad física, se pasearon por las calles de Barcelona con banderas españolas, demostrando que la Cataluña hispana no estaba dispuesta a rendirse.

Esos valientes son el millón de catalanes que salieron a la calle una semana después y disiparon, con la realidad de su valentía, un procés que sólo era humo, orgullo y “farol”, como confesó la exconsellera Clara Ponsatí meses después.

Esos valientes son los jóvenes universitarios que no se achican ante los insultos y empujones de los que se autodenominan “gent pacífica”, en la Universidad Autónoma de Barcelona, o en actos académicos como el citado sobre Cervantes, en la Central, el pasado 7 de junio.

Fue en Barcelona donde, a modo de espejo, don Quijote vio reflejada su ridícula imagen. Donde don Quijote volvió a la realidad, a la lucidez. Donde recuperó su identidad de Alonso Quijano. Y fue en Barcelona donde Cervantes nos dio unmensaje que, cinco siglos después, se nos presenta con eterna actualidad: la realidad se impone siempre, y todo es posible menos el ridículo.

Barcelona es esa patria de valientes, esa realidad, donde pueda disiparse el humo y el ridículo nacionalista. El punto de partida donde los catalanes abducidos por el separatismo puedan volver a la lucidez.

@Pep_de_Nel

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