Un ausente muy presente

José Antonio Primo de Rivera: más madera

La figura de José Antonio Primo de Rivera sigue despertando una singular fascinación setenta años después de su muerte. Porque el fundador de Falange, mito político de varias generaciones de españoles, figura tan ensalzada como deformada, no fue tanto un tribuno, una vida, como una obra y un pensamiento. Ahora la Plataforma 2003 ha editado una nueva versión de las Obras Completas de José Antonio, con aportación de nuevos textos y bajo la supervisión de un especialista tan indiscutible como Rafael Ibáñez. El propio Ibáñez nos explica qué hay de nuevo en esta edición.

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RAFAEL IBÁÑEZ HERNÁNDEZ

A pesar de sus detractores y de muchos de quienes se proclamaron seguidores suyos, la aportación a la cultura política española de José Antonio Primo de Rivera —uno de los pocos privilegiados que ha pasado a la Historia con sólo su nombre de pila, José Antonio— supera el límite de lo accidental para alcanzar el rango de categoría. Pese a las manipulaciones de unos y el doloso silencio de otros, su testimonio ha marcado una huella indeleble, de suerte que no se pueden comprender los últimos decenios de nuestra historia haciendo abstracción de su figura. Para ello resulta imprescindible acercarse a su palabra, pletórica de sustancia aún en las oportunidades más banales. 

La abundancia de ediciones de los textos de José Antonio en la España del Franquismo no precisa más explicación que el propósito falangista de llevar a cabo en su seno la Revolución Nacionalsindicalista, un empeño pronto frustrado. Sin embargo, aquella sistemática recopilación  de los escritos y discursos de José Antonio adoleció de no pocas taras hasta en su última edición, publicada por el Instituto de Estudios Políticos ya en 1976 y en su mayor parte destruida en democrática hoguera alimentada por los vientos de la Transición: mutilaciones fortuitas o intencionadas —que de todo hubo—, atribuciones sospechosas o cuando menos dudosas, errores de trascripción sistemáticamente reiterados…

Treinta años más tarde, y respondiendo a la propuesta efectuada por Plataforma 2003 —entidad nacida para la conmemoración del centenario de su nacimiento—, tengo la satisfacción de ofrecer unas nuevas obras completas de José Antonio, fruto desapasionado de la fe en unos ideales para nada marchitos. Cuanto de joven descubrí en aquellas palabras se manifiesta ahora con un espíritu plenamente vigoroso, dispuesto a ofrecer a las nuevas generaciones —a las que se ha hurtado su memoria— el testimonio límpido de un hombre que amaba España con afán de perfección. 

La elaboración de unas nuevas obras completas de José Antonio ha estado guiada por el doble propósito de constituir una fuente canónica de sus textos y un instrumento fundamental para la comprensión de su peripecia vital. Para ello hube de revisar uno por uno todos los textos conocidos, recurriendo a las fuentes primarias o reproducciones fidedignas, hasta depurarlos de las manipulaciones antes mencionadas y los antiguos errores de trascripción. Además, he incorporado más de un centenar de textos que hasta ahora habían sido escamoteados a los lectores, incluyendo cuantas versiones existieron en los casos de textos dispares recogidos en diversas fuentes, al tiempo que he desechado otros pocos cuya autoría no se puede atribuir al fundador de la Falange. Consciente de que la comprensión de cada uno de los textos demandaba su correcta ubicación en el contexto espacial y temporal, el conjunto incorpora algunos instrumentos básicos, como un suficiente aparato de notas aclaratorias y un exhaustivo apéndice onomástico con sucintas reseñas biográficas de todos y cada uno de los personajes mencionados. Incluso en los casos de intervenciones parlamentarias en que se hacía necesario, he mantenido las palabras pronunciadas por otros diputados. Pero al mismo tiempo he procurado conservar una mínima relación entre esta edición y las anteriores trascripciones, sin interferir la linea argumental de cada texto, mediante un cuidado sistema de notas.

El criterio cronológico seguido para la ordenación de los textos —lo que ha exigido la revisión y ajuste de sus fechas— deja al descubierto la trayectoria de la vida pública de José Antonio. Así, una carta escrita días antes de la muerte de su padre, en la que resulta evidente su intervención en la creación de la Unión Monárquica Nacional como continuadora de lo que quiso ser la Unión Patriótica, es el hito que señala el inicio de su actividad política. En otra carta fechada ya en 1933, después de la publicación del único número del periódico El Fascio —detalle éste nada baladí—, José Antonio anuncia su propósito de «emplear las vacaciones en estudiar más a fondo el movimiento político e intelectual fascista», confesión que delata un indudable interés intelectual por un movimiento político entonces en boga, al que se acercaba desde posiciones neoconservadoras. Apenas tres años más tarde, José Antonio dejará constancia escrita del resultado de ese estudio: «El fascismo es fundamentalmente falso». 

Confío que estas obras se constituyan no sólo en instrumento de referencia fundamental para los estudiosos de la figura del fundador de la Falange o de su obra política, sino para todos cuantos deseen conocer una época de nuestra historia que ha marcado y sigue aún marcando nuestro devenir diario. A los lectores sólo les ruego que se acerquen a estos textos con honestidad. Porque sólo libres de prejuicios se estará en disposición de comprender el sacrifico de un hombre que abandonó la comodidad de su bufete para defender la memoria de su padre, que renunció a los privilegios de los de su clase en beneficio de otros que no lo comprendían o incluso lo odiaban, que tuvo la fortaleza de ánimo suficiente para afrontar con entereza el último trance de su vida, expresando con absoluta serenidad un deseo que debería permanecer por siempre grabado en la memoria de las generaciones: «Ojalá fuera la mía la última sangre española que se vertiera en discordias civiles».



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