La revuelta de los chalecos amarillos en Francia

«¡Ahora marcharía con cualquier tipo que se cargue este régimen, con cualquiera, cualesquiera que sean sus condiciones!»

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La infinita rabia que, ante el expolio fiscal, la precariedad económica, la subida del precio de los carburantes, embarga a la gente sencilla.

El sábado pasado fueron más de 100.000 en toda Francia, París incluido, en cuyas calles se dieron cita, de modo totalmente excepcional, militantes tanto de la denominada derecha identitaria como de la izquierda radical. El anterior sábado habían casi 300.000 (siempre según cifras del Ministerio del Interior) quienes habían bloqueado radares de multas en las carreteras, bloqueado carreteras y autopistas, tapiado sedes locales del Ministerio de Hacienda…, expresado, en fin, la infinita rabia que, ante el expolio fiscal, la precariedad económica, la subida del precio de los carburantes, embarga a la gente sencilla; a la plebe, se decía entre otros tiempos; a “la Francia periférica” se dice hoy para contraponerla a “la Francia central”, a la Francia sobre todo parisina y de las mastodónticas metrópolis, que es la que más apoya todavía al mundo apátrida, sin sentido ni identidad promovido por la plutocracia que también a ella somete.

En este contexto, el Blog de la revista Éléments (el emblemático título de la denominada Nueva Derecha francesa) ha reproducido este fragmento de la novela Gilles, escrita por Pierre Drieu de la Rochelle. Son palabras vigorosas, escritas a fuego: tanto por sus ideas como por su estilo.

Javier R. Portella

  

“¡Salid de vuestros pasillos! ¡Que los jefes se mezclen como se han mezclado las tropas! Porque las tropas se han mezclado, Clérence, en esta plaza donde he visto a los comunistas ir codo a codo con los nacionales; mirarlos y observarlos con envidia y turbación. A punto se ha estado de hacerse la detonadora mezcla de todos los ardores de Francia. […] Uno tras otro han sido invadidos un periódico de derechas y otro de izquierdas. ¡Haz que le arreen en su casa a éste o aquél! ¡Rompe a toda costa con la rutina de los viejos partidos, de los manifiestos, de los mítines, y de los artículos, y de los discursos!

Y tendrás en seguida un formidable poder de agregación.

Saltarán rotas para siempre las barreras entre la derecha y la izquierda, y olas de vida se precipitarán en todos los sentidos.

Saltarán rotas para siempre las barreras entre la derecha y la izquierda, y olas de vida se precipitarán en todos los sentidos. ¿No sientes este instante de gran crecida? Ante nosotros está la ola: se la puede empujar en la dirección que queramos, pero ¡hay que hacerlo ya, ahora, cueste lo que cueste! […]

Clérence ordenaba sus papeles en la mesa. Sin alzar la cabeza, se rio con sorna: “¿Y ahora?” “¡Ahora marcharía con cualquier tipo que se cargue este régimen, con cualquiera, cualesquiera que sean sus condiciones!”.

 

 

 

 

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