¿Aún quedan hombres buenos?

Carta abierta de un policía sobre el escándalo de Coslada

“Soy un habitual lector de vuestro periódico y, como es políticamente incorrecto, creo poder decir algo de lo que no se suele hablar, pero que todos los funcionarios de policía sabemos”. Así comienza la carta que un policía ha enviado a Elmanifiesto.com a propósito del escándalo de Coslada, localidad madrileña donde los municipales funcionaban como una mafia extorsionadora. Vale la pena leer esta carta: la ha escrito un hombre cabal. Aún queda decencia.

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UN POLICÍA
 
Soy un habitual lector de vuestro periódico y, como es políticamente incorrecto, creo poder decir algo políticamente incorrecto relacionado con vuestra encuesta sobre lo de Coslada; algo de lo que no se suele hablar, pero que todos los funcionarios de policía sabemos. He intentado mandar esta carta a través de vuestra página, pero con mil caracteres no puedo expresar con suficiente claridad lo que pienso sobre el asunto, así que os la mando a Redacción y vosotros extraed lo que más os interese. Me gustaría que mi nombre no apareciera publicado. Gracias.
 
Creo que a muy pocos policías les habrá sorprendido que en algún municipio de nuestro país haya surgido un episodio de corrupción tan escandaloso como el de Coslada, porque en muchos otros municipios sólo hace falta un jefe como el “sheriff” Ginés.
 
Dado el alto número de plazas de empleo público con buenas condiciones laborales, y la precariedad laboral a la hora de buscar trabajo, una plaza de funcionario de policía es algo que te soluciona la vida laboral. Con tantas plazas, cada vez se cuelan más “garbanzos negros” y pocos ingresan en esta institución por vocación de servicio público. Y mirando hacia nuestra sociedad carente de valores, todos nos podemos imaginar qué clase de policías acceden a las plazas: gente que sólo piensa en lo material, en trabajar poco o nada y vivir lo mejor posible sin importarles lo que representan.
 
Cuando he hablado con compañeros sobre el asunto, unos han pensado como yo, y otros, al expresarse sobre el tema, no me han sorprendido, ya que los considero como coincidentes laborales, no como compañeros: es gente sin principios con los que trabajo a diario y me demuestran día a día lo poco que se merecen la consideración de agentes de la autoridad, dedicándose en horas de trabajo a perseguir chicas y otras cuantas actividades no propias de nuestra condición. Incluso se han tomado la noticia a broma, y cuando escuchan mi posición, me piden que sea “honesto” y declare que si me ofrecieran ser del grupo de Ginés aceptaría. Con eso creo que los describo con suficiente claridad.
 
Otros compañeros me comentan que conocieron a “policías” de Coslada en la academia, y éstos reconocían haber pagado 12.000 euros por una plaza en esa localidad; eso los no “enchufados”, que de éstos os puedo dar varios ejemplos de otras localidades, pero eso ya es otro tema sobre el que algún día escribiré algo.
 
El espíritu que me guía en estos momentos de frustración, es un texto de la obra Enrique V de Shakespeare, que creo no debemos olvidar:
 
“Quien no tenga agallas para esta lucha, que se marche. Dadle dinero para apresurar su partida porque no queremos morir en compañía de hombres semejantes. Quien sobreviva al día de hoy y regrese a casa sano y salvo, despertará cada año en ese día, mostrará las cicatrices a sus vecinos y contará historias adornadas sobre todas sus grandes hazañas de la batalla. Predicará estas historias a su hijo y desde ese día hasta el final seremos recordados. Nosotros, esos pocos; nosotros, esos felices pocos. Nosotros, un grupo de hermanos; pues quien haya derramado su sangre conmigo será mi hermano. Y aquellos hombres que han tenido miedo de ir, se considerarán menos hombres cuando oigan cómo hemos luchado y muerto juntos.”

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