Yo te enseñaré el secreto de la victoria

Los socialistas quieren recuperar la idea de España con la ayuda de un libro superventas

El libro se llama No pienses en un elefante y se ha convertido en un superventas. Escrito por G. Lakoff, un lingüista de la Universidad de Berkeley, descansa ya en las mesillas de noche de los miembros de la Ejecutiva socialista e incluso del Partido Popular. La tesis del libro: si quieres ganar las elecciones, aprópiate de un marco conceptual que represente los valores inconscientes de la mayoría de tus electores. El PP se ha apropiado del concepto “España”. Los socialistas están dispuestos a robárselo porque se han dado cuenta de que lo español y España tienen aún un hermoso poder de sugestión en el inconsciente colectivo. ¿Lograrán convencer a los electores?

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CARLOS SALAS

Primero fue la noticia de que el Gobierno había elegido un logotipo con los colores de la bandera y el escudo para unificar todos los comunicados oficiales. Luego, el anuncio de que Radio Televisión Española tendría la nueva misión de vertebrar España. Por fin supimos que el Partido Socialista ya estaba preparando su programa para las elecciones de 2008, y que se ha dado cuenta de lo español y España pueden ser su baza para volver a ganar los comicios.

 El laboratorio americano
 
Y una de las herramientas que les han ayudado a comprender la importancia de estas ideas-fuerza es un libro de George Lakoff, un profesor de lingüística de la Universidad de Berkeley. Titulado No pienses en un elefante (Editorial Complutense), se ha convertido en poco tiempo en uno de los superventas de no ficción (séptimo en la lista de ABC). Fue escrito en 2004, cuando Lakoff trató de interpretar por qué estaban perdiendo las elecciones una y otra vez los candidatos del Partido Demócrata en EEUU.
 
Al final, se dio cuenta de que habían caído en una trampa lingüística: el Partido Republicano de George Bush había creado un marco conceptual que representaba los valores del americano medio y que era difícil de atacar. Por ejemplo, cuando llegaron al poder, los republicanos lanzaron su “tax relief”, alivio fiscal, bajando los impuestos especialmente a los ricos. Cualquier demócrata que apareciera en público diciendo que había que combatir el “alivio fiscal”, parecía desear únicamente aumentar los impuestos, de modo que era rechazado por el electorado.

Igualmente, para justificar la guerra de Irak, los republicanos hicieron ver que Sadam Hussein era “el enemigo de la humanidad”, de modo que cualquier político que no lo viese así, es que era enemigo de la humanidad. Por último, los republicanos se apropiaron de los valores de la familia americana, empleando el lenguaje del padre protector, de modo que si los demócratas se metían con ellos, es que desafiaban los valores de la inmensa América religiosa que se basan en la autoridad y la autodisciplina.

Así el Partido Demócrata se quedó sin argumentos: no supo combatir el discurso de los republicanos, un discurso preparado conscientemente por sus cerebros políticos, y que les ha permitido ganar las elecciones en las últimas dos ocasiones.

El “marco conceptual”

 En resumen, Lakoff afirma que los partidos políticos crean marcos conceptuales (frames), que son “estructuras mentales que conforman nuestro modo de ver el mundo”. Esos marcos dan respuesta a todas las preguntas que se plantean los electores sobre su país y la actualidad. El gran error de los demócratas, a juicio de Lakoff, es que no han desarrollado un marco conceptual, a pesar de que tienen muchas cosas que defender: la diplomacia en lugar de la guerra, el padre protector que enseña tolerancia y diálogo, en lugar del padre estricto que sólo enseña a combatir.
 
Los demócratas se han limitado a adoptar una actitud defensiva ante el marco conceptual de los republicanos. Al no actuar sobre el “inconsciente cognitivo” de los electores con su propio marco, han perdido la capacidad de ganar los votos de la mayoría.

Como buen lingüista, Lakoff dice que lo que activa los marcos son las palabras, el lenguaje. Toda palabra evoca un marco, y hasta cuando se la niega, lo único que hace es recordarla. Por eso, si Lakoff propone a sus estudiantes que “no piensen en un elefante” (que es el animal que identifica a los republicanos), lo primero que hacen es pensar en ello, es decir, han activado todo el discurso republicano. Por eso propone que cuando se trata de discutir con el adversario “no utilices su lenguaje”, porque ese lenguaje ya predetermina un marco. Elige el marco que tú quieres, no el que quiere tu adversario.

Los marcos vienen definidos particularmente por metáforas. Los norteamericanos piensan en su país en términos de una gran familia y por eso hablan de los héroes históricos (Jefferson, Washington) como de Padres Fundadores, a las grandes mujeres las llaman Hijas de la Revolución Americana, y a los soldados, Hijos que enviamos a la guerra.

Desde los años setenta, los republicanos invirtieron grandes sumas de dinero en crear think tanks (grupos de pensamiento) para sentar las bases de un discurso ganador, y dejar sin argumentos a los demócratas. Y lo han logrado. Siempre que acometen una iniciativa, crean un marco trufado de palabras que es casi imposible de derribar: una política sobre regulación aérea se denominará “Cielos Limpios”, porque lo limpio y el cielo, crean imágenes agradables en todos los electores, a pesar de que en sí, la ley sea todo lo contrario de lo que parece, dice Lakoff. De este modo, cualquier iniciativa del gobierno republicano, emplea metáforas que calan profundamente en el inconsciente cognitivo de los electores (Bosques Sanos, Cielos Limpios, Alivio Fiscal), y hasta los que saldrían perjudicados con esas medidas, les votan porque lo contrario sería desear Cielos Sucios, Bosques Destruidos o Carga Fiscal.

Para explicar esta contradicción entre lo que un elector vota y lo que de verdad le interesaría votar, Lakoff aporta la idea de que los votantes se decantan al final por su identidad, no por sus intereses. Para un votante es más importante favorecer a alguien con el que se identifica emocionalmente, que apoyar a quien favorece sus intereses materiales. Si Arnold Schwarzenegger ganó en las elecciones para gobernador de California no fue, según decían las encuestas, porque sus promesas fueran a favorecer a la mayoría de los californianos, sino porque éstos se identificaban con Schwarzenegger, ya que representaba el espíritu de lucha y superación con el que sueña todo norteamericano.

Como lingüista, Lakoff ha estudiado detenidamente el lenguaje político y a los que teorizan con ello. Por ejemplo, a la hora de dirigirse a las mujeres, George Bush emplea un lenguaje que les agrada: “amor”, “desde el fondo del corazón” y “para los niños”. Estas frases mágicas siempre prenden el fuego del voto femenino, al menos en Estados Unidos.

Por último, Lakoff recomienda en su libro que los demócratas rellenen sus lagunas lingüísticas, y fabriquen su propio marco conceptual partiendo de las ideas, no de las palabras. Primero hay que tener ideas para saber qué es lo que hay que defender y por qué. Lakoff, que se confiesa antirrepublicano y prodemócrata, espera que con estos consejos los demócratas recuperen la iniciativa y ganen las próximas elecciones, previstas para dentro de un año.

El caso español

¿Y qué pueden aprender los partidos españoles de las enseñanzas de Lakoff? Según informaba el diario El País, José Blanco, secretario de Organización del PSOE, ya ha recomendado a los miembros de la ejecutiva socialista que se lean el libro y que reflexionen sobre las prácticas más adecuadas para ganar las próximas elecciones. El marco conceptual que deben defender los socialistas se basa en tres conceptos: infraestructuras, seguridad social y Gobierno de España. Por esa razón, el Gobierno ha acentuado en los últimos meses sus campañas de divulgación con el objetivo de que el país entero entienda que se está vertebrando a la población a través de tres fuerzas de intensidad nacional: carreteras, salud e imagen de España.

El problema, a juzgar por los expertos, es que, en lo que refiere a España y a lo español, parece que el monopolio lo tiene el Partido Popular, cuyos miembros más destacados, por cierto, también están leyendo el libro de Lakoff. Y es que resulta que cada vez que el PP organiza una manifestación de masas, suele asociar su partido a la imagen del país, de modo que quien ataca al PP ataca a España y viceversa. Para algunos, la imagen de España quizá haya perdido fuerza, pero en el inconsciente cognitivo de la mayor parte de 45 millones de ciudadanos, España goza de un atractivo poderoso.

Sin duda, lo español va a estar de moda en los próximos meses. Tanto el PP como el PSOE se embarcarán en una batalla para demostrar algo que parecería increíble hace 30 años: que España es una nación, que lo español es un valor sólido, histórico y en alza, y que quien sepa encarnar esos valores (sean los que sean, pues aún no está claro qué es lo español), puede inclinar la decisión de esos dos millones de votantes que cada cuatro años se deciden por un partido u otro.

Pero recuperar esta idea-fuerza para el PSOE se puede convertir en un camino de piedras. Porque durante la Transición, la izquierda y los localismos sin saberlo atacaron el marco (frame) de Franco (como diría Lakoff), atacando todo lo que representaba, aunque algunas cosas existiesen antes que Franco: la bandera, la idea de España, la unidad, lo español, lo castizo, los reyes godos, los toros, y hasta Benidorm, el Seat 600 y Lola Flores. A todo aquello se aplicó el mismo método que los romanos aplicaban en Las Médulas de León para sacar oro de las piedras: la ruina montium.

Ahora, visto que a pesar de la ruina montium en que quedó de España y lo español tras la Transición, a la mayoría de los españoles les sigue atrayendo la idea de sentirse españoles y de tener una bandera (sobre todo cuando surge un héroe deportivo), entonces, el PSOE va a hacer de tripas corazón y lanzarse a recuperar esos viejos emblemas. La pregunta que se hace mucha gente es: ¿les creemos? La pregunta que se hacen muchos viejos socialistas es: ¿hay que llegar a eso para ganar? Y la pregunta que se hacen en la Ejecutiva socialista es: ¿lograremos convencernos nosotros mismos sin sentir dolor de estómago?

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