Proseguimos la tercera entrega de nuestra Sección de Cultura
¿Por qué poetas en tiempos de zozobra?
Alexandra Sorolla presenta Lilith,
de John Collier

Detalle de Lilith (1889), de John Collier. La cabellera rojiza y la serpiente enroscada alrededor del cuerpo acentúan la sensualidad y el carácter simbólico de la obra
En esta obra de 1889, John Collier representa a la célebre figura de la tradición judía como una mujer de extraordinaria belleza, desnuda y envuelta por una gran serpiente. La suavidad de la piel, la abundante cabellera rojiza y la serenidad de su rostro contrastan con la presencia inquietante del animal, que recorre su cuerpo y convierte la escena en una imagen de seducción, peligro y desafío.
Lilith fue asociada con la noche, la rebeldía y la independencia femenina. Algunas tradiciones posteriores la identificaron como la primera compañera de Adán, creada de la misma materia que él y expulsada del Paraíso tras negarse a someterse. Collier prescinde de una acción narrativa concreta y la presenta como una figura autosuficiente, segura de su poder y estrechamente unida a la serpiente. La obra participa así del interés del arte finisecular por la femme fatale: una mujer fascinante, libre y, al mismo tiempo, percibida como amenazadora.
John Maler Collier (1850–1934) fue un pintor y escritor inglés, especialmente reconocido como retratista. Se formó en Londres, París y Múnich y desarrolló una pintura de acabado pulido, dibujo preciso y gran intensidad cromática. Aunque no perteneció formalmente a la Hermandad Prerrafaelita, trabajó con frecuencia en un estilo próximo a ella, especialmente en sus temas históricos, legendarios y literarios. Fue uno de los retratistas británicos más destacados de su generación y pintó a numerosas personalidades de la sociedad victoriana y eduardiana.
En Lilith, Collier combina la claridad casi escultórica de la figura con la oscuridad del bosque, creando una atmósfera sensual y misteriosa. La serpiente no aparece únicamente como símbolo del mal, sino como una prolongación del propio personaje: sinuosa, hipnótica y poderosa. La pintura se conserva actualmente en The Atkinson Art Gallery, en Southport, Reino Unido.

Lilith (1889), de John Collier. Óleo sobre lienzo conservado en The Atkinson, Southport. La obra presenta a Lilith como una figura de belleza seductora, rebeldía y poder, acompañada por una gran serpiente





















