Los crímenes de Keir Starmer, el ya dimitido pero aún no encarcelado primer ministro británico, no consisten tan sólo en haber permitido y ocultado —«para no favorecer la islamofobia»…— el secuestro, violación, torturas (y también asesinatos) de 250.000 niñas blancas a manos de inmigrantes musulmanes. A ello hay que sumar su implicación activa en los siniestros asuntos del caso Epstein. Pero si Starmer se ha visto abocado a dimitir, no ha sido porque le haya entrado de pronto algún remoto sentimiento de culpa. Ha sido porque Donald Trump lo ha puesto entre la espada y la pared.
Véanlo. (Los datos provienen de un informe ampliamente difundido en X.)
Keir Starmer, el primer ministro británico, no ha dimitido, sino que ha sido destituido.
Algunos medios hablan de «presión política», otros de «revuelta en el Partido Laborista», pero todos mienten.
Esto es lo que realmente ha ocurrido:
El 17 de junio se celebra la Cumbre del G7. Trump se sentó frente a Starmer durante la cena. Sin cámaras. Sin personal. Solo dos hombres y una carpeta.
En esa carpeta: tres páginas del expediente de Epstein. Páginas que debían permanecer selladas hasta 2035. Páginas que mencionan por su nombre a un primer ministro británico en ejercicio.
No lo mencionan como testigo, sino como participante.
Por otra parte, Starmer fue Fiscal General del Reino Unido entre 2008 y 2013. Durante esos cinco años sucedieron cosas como las siguientes:
- Jimmy Savile —culpable de 439 víctimas— fue descubierto, pero nunca llegó a ser acusado. Y el expediente estaba sobre el escritorio de Starmer. Fue él quien firmó la orden indicando: «Pruebas insuficientes». Savile murió en libertad.
- Bandas de captación de menores —Rotherham, Rochdale, Telford—: miles de víctimas. Casos que se desestimaron bajo la dirección de Starmer en la Fiscalía. A las víctimas se las tildó de «poco fiables».
- Operaciones británicas de Epstein: en 2009, la investigación de la Policía de Surrey fue rechazada. Por la oficina de Starmer. Personalmente.
No es que no presentara cargos, sino que protegió a los culpables.
Trump sabía todo esto. Lo sabía desde que se recopilaron los expedientes en febrero. Esperó. Dejó que Starmer participara en el G7. Dejó que sonriera ante las cámaras. Luego le mostró las páginas.
Starmer palideció. Dos fuentes confirmaron que abandonó la cena antes de tiempo. «No se encontraba bien».
48 horas después dimitió.
Trump lo dijo públicamente el 21 de junio: «Va a dimitir». No fue una predicción. Fue una confirmación. Él ya lo sabía. Porque él mismo lo había propiciado.
La versión oficial declaró: «Fracasó en materia de inmigración y energía».
La verdadera historia fue: dimitir ahora, discretamente, o las páginas se harán públicas.
Optó por el silencio. Optó por marcharse antes de que el mundo viera lo que hay en esa carpeta.
Pero esto es lo que Starmer no sabe:
Las páginas se publicarán de todas formas. La oficina de Kash Patel lo confirmó: el 9 de julio, con ocasión de la próxima publicación de documentos de Epstein, se darán nombres británicos sin censurar.
Starmer huyó. Pero no puede esconderse. No de lo que se avecina.
El príncipe Andrés: DETENIDO.
Peter Mandelson: DETENIDO.
Starmer; DIMITIDO.
Tres menos. La red británica se está desmantelando pieza a pieza. Y el hilo conductor lleva de vuelta a un único lugar: la misma lista. A la misma isla. A los mismos niños.
Trump le dijo al mundo: «Ha fracasado». Pero lo que quería decir era: «Yo he acabado con él».
Las fichas de dominó no se detienen en el Atlántico.
¿Quién será el siguiente?





















