Un mandril: Juncker (Jean-Claude)

Ahora suelta, con esa seriedad impostada del burro, que en España hacen falta DOCE MILLONES de inmigrantes para que le cuadren las cuentas.

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Parece un macaco de esos con el culo rojo, pero no lo es. Se trata del emblemático mono-sabio que preside la Comisión de la Unión Europea sin que nadie lo haya votado (bueno, sí, en Luxemburgo, algo más pequeño que Soria, pero sin empaque, lo mandaron a tomar viento hace ya mucho) y sin que ningún ciudadano europeo lo respalde (su suegra parece que lo aprecia). Preside por su santo escroto. Los efluvios tardo-menstruales de Angela Merkel lo han impuesto y los demás, con salva-slip, ríen las gracias de semejante saltimbanqui. Este histriónico personaje parece haberse convertido en el protagonista de las Meninas de Velázquez. Salta, risotea y repite insensateces sin control ni mesura alguna. Esa verborrea resacosa es capaz, por sí sola, de inundar el desierto del Sahara con sus babas.

Ahora suelta, con esa seriedad impostada del burro, que en España hacen falta DOCE MILLONES de inmigrantes para que le cuadren las cuentas. Es un calcu-ratio que ha hecho él solito por su gran experiencia en decir estupideces. Si no fuera por las muy lacerantes heridas que hoy vive Europa y por el desgarro que ya nos viene costando, sería para hacer risas y mojarle los traseros. Pero el problema es mucho más dramático. No podemos consentir ni un día más que este ocurrente irresponsable tenga voz alguna en nombre nuestro. Sustituir la población europea por invasores, ese proyecto vuestro de “opas-y-don-julianes”, es la mayor traición fechada desde entonces (año de gracia 711, para entendernos).

Frente a cuanto descerebrado repite como loro que la solución es “más Europa” (Valls, Macron, Merkel, Rajoy, Sánchez, Guerra, Almunia, Cospedal, Soraya, Margallo, Iceta, Iglesias, Garzón, Arrimadas, Rivera, etc., etc.), podemos responder sin rubor alguno: «Puede ser. Pero sin Juncker, ni Tajani, ni Tusker, ni los muchos miles de “burócratas in-electos” que parasitan Bruselas a nuestra costa.» Europa sí, vuestros sucios privilegios tampoco.

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