Dominó

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David Hume postulo que “la causalidad es el cemento del Universo”. De esta manera explicaba cómo la causalidad no es sólo una línea como una fila de fichas de dominó, sino que también es, una red, un entramado. Y esta red esta entrelazada de una manera “irrompible”, por así decirlo, “pegada con cemento”. Determinismo duro.

El Destino no pueden cambiarlo ni siquiera los dioses, como pensaban los griegos.

Aunque la tragedia de Edipo Rey trata más sobre el Destino inalterable que sobre el incesto, fue Freud el que hizo que a la tragedia de Sófocles se la conociera en la cultura popular más por este asunto que por su meollo principal: el fatum.

La fuerza del Destino que opera sobre cada uno de los seres humanos es una sola, pero se manifiesta a través de cuatro subfuerzas diferentes.

La primera de ellas es la fuerza externa anterior, que empuja la línea causal. Esto es, la popular metáfora de la fila de fichas de dominó. Esta fuerza queda de sobra explicada por la física de Newton y la de Laplace.

La segunda fuerza es la de los procesos mentales internos, que no son libres, como bien estudió Freud.

La tercera fuerza, es la de la incidencia de acontecimientos externos que inciden lateralmente. Precisamente es Hume quien, en su descripción de la madeja del Universo, nos ilustra sobre lo que es esta tercera fuerza. Es lo que popularmente se le llama “circunstancias” o “imponderables” o la “fatalidad” o “la buena suerte”, o “la mala suerte”, "el azar", o la “casualidad”, la “serendipia”, la “sincronicidad”, etc. Todo esto, en realidad, es aparente.

La cuarta fuerza es muy parecida a la tercera, pero, a diferencia de esta, no responde a ningún origen identificable. Su naturaleza es invisible y misteriosa, su origen, como decíamos, desconocido, y su incidencia en el momento de actuar, a menudo pasa completamente inadvertida para el individuo, que solo es capaz de darse cuenta de ella “a toro pasado”. Schopenhauer describe la impresión que tiene el individuo acerca de ella, como de una “fuerza sobrenatural y externa”, que le ha llevado hacia un lugar u otro, o le ha impedido ir haca un lugar u otro. Milan Kundera escribió: "el hombre atraviesa el presente con los ojos vendados. Sólo puede intuir o adivinar lo que en verdad está viviendo. Y después, cuando le quitan la venda de los ojos, puede mirar al pasado y comprobar qué es lo que ha vivido y cuál era su significado."

La explicación popular sobre este fenómeno suele ser de tipo religioso, y recibe nombres como “Providencia” o “fatalidad”, dependiendo de si la interpretación que se hace de ella es favorable o no.

Naturalmente, como retoma Schopenhauer, no hay nada de sobrenatural aquí. Esta cuarta fuerza es un mimbre más de la trama determinista del Universo, soldada con cemento al resto de mimbres.

Como explicábamos, en realidad, todas estas fuerzas no son más que manifestaciones de la Fuerza Única determinista, de la que somos esclavos.

¿Hay escapatoria?

Hay algunas. Una de ellas, ser conscientes de la realidad del determinismo duro, para, así, paradójicamente, ser libres. Esta es la receta de Spinoza y de los estoicos.

Otra seria la propuesta por Nietzsche: abrazar la doctrina del Eterno Retorno, como experimento mental, aunque tiene una perfecta base en la ciencia cosmológica: la materia del Universo es limitada, así como el espacio, pero el tiempo es ilimitado, de modo que en la sucesión Big Bang-expansión-límite-contracción-Big Crunch-de nuevo un Big Bang... todo se repetiría en el mundo de manera idéntica una y otra vez durante toda la eternidad. Entonces, siendo conscientes de esto, debemos escoger entre decir “Sí” a la repetición infinita e idéntica de nuestra existencia, en un acto de amor fati, amor al Destino, pudiendo aferrarnos a un solo acontecimiento biográfico que haya tenido más peso, un peso positivo y feliz en cada una de nuestras biografías personales, o bien decir "No", considerando a esta doctrina como algo aborrecible. como el "peso más pesado".

Quizá esta sea nuestra única elección libre.

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