Por qué mataron a Andreu Nin

Compartir en:

JOSÉ JAVIER ESPARZA
 
“Desde el mismo verano de 1936 [en Barcelona], los soviéticos, a través del cónsul Antonov-Ovseenko y del agente Erno Gerö, pugnan por apoderarse de los aparatos de orden público siguiendo consignas de Moscú. Su primera victoria, a finales de ese año, será disolver el Comité de Milicias y lograr que toda la autoridad sobre el orden público pase a una consejería de Seguridad Interior formalmente capitaneada por un miembro de Esquerra, Artemio Aiguadé, pero donde el jefe de orden público era un comunista, Rodríguez Salas. A Moscú le obsesiona en ese momento acabar con cualquier disidencia respecto a la ortodoxia estalinista; toda línea distinta de Moscú es perseguida y aniquilada como “trotskista”. En Cataluña había una de esas líneas heterodoxas: la que encarnaba el POUM.
 
El POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista) era un pequeño partido comunista arraigado sobre todo en Cataluña, nacido en 1935 de la fusión entre Izquierda Comunista de España, grupo separado del trotskismo y dirigido por Andreu Nin, y el Bloque Obrero y Campesino, escindido del PCE y que dirigía Joaquín Maurín[1]. Era un partido abiertamente revolucionario. Su objetivo puede sintetizarse en las posiciones expresadas por Maurín en Gijón, en abril de 1936: unificar al proletariado –unos cuatro millones de personas, estimaba él- para “apoderarse del poder en un movimiento de violencia y establecer el régimen que más convenga a la masa obrera, con o sin Estado, pero de tipo esencialmente revolucionario”, de modo que España “sea el segundo país del mundo que empuñe, encendida, la tea roja del régimen soviético”. Era, pues, un partido comunista; ahora bien, un partido comunista que escapaba al control de la Internacional y de Moscú[2]. A principios de 1936 el POUM suscribió el pacto del Frente Popular. Y cuando estalló la guerra, entró en el Gobierno catalán y secundó a la CNT en la política revolucionaria de colectivizaciones. Verificó así su oposición a la postura del PSUC –el partido estalinista catalán, vinculado al PCE- y de la UGT, que eran partidarios de las nacionalizaciones[3] y, sobre todo, proclives a posponer la revolución para hacer la guerra, en consonancia con las posiciones oficiales de Moscú, la Komintern y el PCE. El Partido Comunista había denunciado al POUM desde muy temprano: ya el 6 de junio aparece una primera andanada desde Mundo Obrero: la firma, llamativamente, Santiago Carrillo. El antagonismo entre ambas fuerzas crecerá de manera irremediable y llegará a su extremo a finales de agosto de 1936, cuando el POUM proteste por las ejecuciones de los disidentes Zinoviev y Kamenev a manos de Stalin. A partir de ese momento, la Internacional y, en consecuencia, el PCE y el PSUC acosarán al POUM bajo la convencional acusación de “trotskismo” hasta conseguir que sea excluido del gobierno catalán en el mes de diciembre. Pero a Moscú no le bastaba con apartar al POUM del poder: el objetivo no era sólo anular la influencia política de los rivales, sino aniquilarlos. El periódico comunista Frente Rojo, editado en Valencia, proclama el 6 de febrero de 1937: “La partida del trotskismo fascista debe ser disuelta y juzgada como fascista”. Los llamados “hechos de Mayo” en Barcelona significaron la culminación de ese enfrentamiento y la victoria del comunismo estalinista sobre cualesquiera otros competidores.
 
(…)
 
El 13 de mayo, en la sede del Gobierno del Frente Popular, en Valencia, los comunistas del PCE presionan a Largo para que disuelva el POUM. El PCE quiere entregar a sus patronos soviéticos las cabezas de los “trotskistas”. Pero no es sólo eso lo que buscan: los comunistas tenían en su punto de mira al presidente del Gobierno desde varios meses atrás, tanto por el incidente Asensio como por la pretensión de Largo de controlar a los comisarios políticos; junto a eso, la mala marcha de la guerra, con la reciente pérdida de Málaga, había hecho muy frágil la posición del viejo socialista, y ahora, tras los graves sucesos de Barcelona, los comunistas aprovecharán la situación para forzar las cosas. Frente a la presión del PCE, Largo Caballero se resiste a disolver el POUM. Entonces los ministros comunistas del gabinete le presentan la dimisión. Es un ultimátum sin respuesta posible: que los comunistas abandonen el gabinete significaría, en breve plazo, la retirada de la ayuda soviética. Largo pide socorro a Azaña, pero no hay nada que hacer. Además, a continuación del ultimátum comunista, serán otros ministros socialistas los que amenacen con la dimisión. Finalmente, Largo Caballero se rendirá.
 
(…)
 
¿Cómo estalló una crisis de tan largo alcance? Parece comprobado que en los sucesos de mayo de Barcelona hubo una estrategia de provocación que obedecía, al menos, a tres fuerzas distintas. Una, la estrategia comunista, que según Krivitski provocó el choque para acabar con el POUM. Otra, la estrategia del propio jefe de Seguridad de la Generalitat, Rodríguez Salas, del PSUC, que hostilizó deliberadamente a la CNT con el propósito de hacerla saltar. Ricardo de la Cierva subraya una tercera estrategia, en principio bien documentada: la de la quinta columna nacional infiltrada en las juventudes libertarias, que estimuló la violencia de éstas[4].
 
(…)
 
El golpe de gracia llegará inmediatamente después. Durante el mes de junio de 1937, el Gobierno del Frente Popular, ya claramente bajo presión comunista, aniquila a los sectores del propio ejército que estaban en manos del POUM y de los anarquistas, todos ellos en el frente de Aragón. El 29 de julio se desarma a la división 29 (del POUM) en el frente de Huesca. El 4 de agosto se aprueba el decreto que disuelve el Consejo anarcosindicalista de Aragón; la decisión se guarda en secreto una semana y se ejecuta manu militari el día 11, cuando la división del comunista Líster, por orden de Indalecio Prieto, nuevo ministro de Defensa, toma Caspe, disuelve el Consejo ácrata, ocupa sus dependencias y sitia Alcañiz. Al norte del Ebro, la también comunista división 27 completa la tarea represiva, que termina con la disolución de las tres divisiones anarcosindicalistas del frente de Aragón. El Consejo de Aragón, que no había sido un ejemplo de eficacia política, pero sí un símbolo de enorme importancia ideológica para el comunismo libertario, es rápidamente sometido a un riguroso proceso de depuración, con el evidente objetivo de desprestigiar a la CNT. Los principales líderes del Consejo serán acusados por el Frente Popular –es decir, por iniciativa del PCE- de haber cometido una larga lista de crímenes: robos, abusos, malversación, tráfico de alhajas, asesinatos… El propio presidente del Consejo, Ascaso, será encausado por diferentes delitos.
 
Mientras tanto, en Barcelona la policía emprende la persecución más cruenta contra el POUM. El nuevo jefe policial es, desde mayo, Ricardo Burillo, el jefe de los guardias de asalto que mataron a Calvo Sotelo, y que ahora ha ingresado en el PCE[5]. Burillo está, de hecho, trabajando con Orlov y de consuno con la checa soviética. Son los policías de Burillo quienes, por indicación de Orlov, detienen al líder del POUM, Andrés Nin. Llevado primero a Valencia y después a Madrid, Nin será torturado, desollado, desmembrado y, finalmente, asesinado en Alcalá de Henares, el 20 de junio de 1937, por los chequistas de Orlov[6]. La versión oficial del Gobierno del Frente Popular, sostenida entre otros por Negrín y Carrillo, dirá que Nin fue liberado de la checa “por sus amigos de la Gestapo”[7]. También son detenidos otros líderes del POUM como Julián Gorkin (Julián Gómez García). La acusación de trotskismo caerá sobre mucha gente. No se librará tampoco Galarza, el siniestro ministro de Gobernación, que es obligado a abandonar su cargo. ¿Era Galarza trotskista? Evidentemente, no. Pero su puesto era de lo más apetecible. Le sustituirá Zugazagoitia, otro socialista, pero el director general de Seguridad será el comunista Antonio Ortega.
 
Galarza no era trotskista, como, por supuesto, tampoco Nin era un agente nazi ni tenía amigos en la Gestapo, pese a las imputaciones de Negrín y Carrillo. Pero un rasgo característico del Terror rojo, cuando lo administran manos soviéticas, es la construcción de acusaciones delirantes, cuya inverosimilitud se presenta deliberadamente como muestra insuperable del monstruoso crimen del reo. Esta técnica fue muy utilizada en las grandes purgas estalinistas de los años treinta en la URSS y se aplicará también, desde muy temprano, sobre los militantes del POUM con el objeto de sepultarlos en el oprobio. A principios de 1938 los comunistas hacen circular por Europa un panfleto, Espionaje en España, pura intoxicación estalinista, que pretende sustanciar los cargos contra el POUM. El libro lo firma “Max Rieger”, que en realidad no existe; bajo ese nombre se oculta un equipo de la Internacional Comunista dirigido por el agente Stepanov. El prólogo lo va a escribir José Bergamín, agregado cultural de la República en París y presidente de la Alianza de Intelectuales Antifascistas. El texto de Bergamín merece mención detallada, porque es un ejemplo supremo del agit-prop soviético[8]. Estos son sus argumentos fundamentales:
 
“El fascismo no podía encargar a simples agentes para que abriesen la lucha contra el Frente Popular Español, el gobierno republicano y el Ejército. El POUM, fundado por Joaquín Maurín con un puñado de aventureros (Nin, Gorkin, Andrade, etc.), expulsados del Partido Comunista Español, reunía para los estados mayores fascistas un conjunto de condiciones especialmente ventajosas, porque teniendo la apariencia de un partido revolucionario tenía la posibilidad de infiltrar sus hombres en las organizaciones de trabajadores, en los periódicos, en los sindicatos antifascistas, para descomponer el Frente Popular [...] Los acontecimientos de mayo de 1937 en Barcelona mostraron que el POUM y sus dirigentes no eran un partido minúsculo que traicionaba. El análisis de estos acontecimientos demostró además que no se trataba de un partido, sino de una organización de espionaje y de colaboración con el enemigo, no de una simple organización de convivencia con el enemigo sino enteramente en sus manos, parte integrante de la organización fascista internacional en España [...] La guerra española ha dado al trotskysmo internacional, al servicio de Franco, su figura exacta: la del caballo de Troya. El lector de este libro sacará él mismo las consecuencias, es decir las verdades que en razón de su evidencia manifiesta no son susceptibles de ser deformadas o mentirosamente transformadas incluso por la pluma mágica y engañosa del pirata Trotsky, jefe visible de estas organizaciones de espionaje y falsificación revolucionaria, al servicio del fascismo internacional”.[9]
 
 
José Javier Esparza: El Terror Rojo en España


[1] A Joaquín Maurín le sorprendió el alzamiento en Galicia, zona nacional. Intentó pasar al campo republicano a través de Jaca, pero fue detenido por los sublevados. Pasó toda la guerra en la cárcel y no fue juzgado hasta 1944. Condenado a treinta años de reclusión, sin embargo se le indultó en 1946. Se instaló en Nueva York, donde murió en 1973.
[2] La obra clásica de referencia sobre el POUM es Joaquín Maurín: Revolución y contrarrevolución en España, Ruedo Ibérico, París, 1966.
[3] En un contexto tan ideologizado como el de la guerra civil, no hay que minusvalorar la oposición encarnizada entre, por un lado, anarquistas y poumistas, partidarios de las colectivizaciones, y por otro, socialistas y comunistas, partidarios de la nacionalización y de templar las medidas revolucionarias hasta ganar la guerra. Ese conflicto, que se agudizará en el verano de 1938, era vivido en el bando republicano de forma muy intensa y, con frecuencia, sangrienta. Por ejemplo, en Valencia hubo enfrentamientos armados entre ambas facciones que se saldaron con la muerte del comunista Miguel Ferrandis Alonso en abril de 1937. Antes, en Barcelona, fueron asesinados también el secretario de los obreros portuarios de la UGT, el comunista Desiderio Trillas, denunciado por la CNT como “cacique de los muelles”, y el encargado de la sección UGT de la fábrica Hispano-Suiza.
[4] La fuente de De la Cierva es Manuel Tarín Iglesias, Los años rojos, Planeta, Barcelona, 1986.
[5] Ricardo Burillo Stholle (n. 1891) era militar de carrera y masón. Trasladado a la Guardia de Asalto, era el jefe de guardia en el cuartel de Pontejos cuando sus hombres mataron al líder derechista Calvo Sotelo. Burillo, no obstante, siempre negará haber tenido la menor participación en aquellos hechos. Durante la guerra mandó distintas unidades de milicias, con muy poco acierto. Fue jefe de la policía gubernamental en Barcelona entre mayo y noviembre de 1937. Después, y hasta julio de 1938, mandará el III Cuerpo del Ejército Popular de la República. En marzo de 1939 era gobernador de la plaza de Alicante, donde dirigió la evacuación de los políticos y militares más relevantes del Frente Popular. Apresado por los nacionales, fue juzgado, condenado a tres penas de muerte y fusilado en 1940.
[6] José María Zavala investigó abundantemente el episodio en En busca de Andreu Nin, Plaza y Janés, Barcelona, 2005.
[7] A título de ilustración sobre los métodos de la NKVD, señalemos la “prueba” que los soviéticos esgrimieron para ejecutar su represión: un documento falso que “demostraba” la conexión entre elementos del POUM y los falangistas. Ese documento lo había elaborado el propio Orlov.
[8] José Bergamín (1895-1983), que había empezado su carrera intelectual combinando el contradictorio catolicismo unamuniano con el activismo en pro de la República, fue director general de Seguros en el primer ministerio de Largo Caballero, en 1931, y después fundó y dirigió la importante revista Cruz y Raya. Durante la guerra presidió la Alianza de Intelectuales Antifascistas y fue agregado cultural de la embajada republicana en París, pronto convertida en centro de agitación cultural en favor del Frente Popular. Tras la guerra se exilió en Iberoamérica y Francia, y dedicó sus esfuerzos a editar a los autores del 27, que él denominaba “Generación de la República”. De vuelta en España en 1958, entró en contacto con la oposición al régimen de Franco, monopolizada por las redes clandestinas del PCE. Nuevamente exiliado en 1963, regresó a España en 1970. Manifiestamente hostil a la transición democrática y a la monarquía parlamentaria, radicalizó sus posturas y terminó en la órbita de ETA, escribiendo en el diario Egin. Murió en Fuenterrabía.
[9] Significativamente, el primer párrafo, donde se cita expresamente al POUM y a sus hombres, no aparece en la edición publicada en España (Ediciones Unidad, Barcelona, 1938), donde pocos habrían creído semejante imputación, sino sólo en la edición internacional (Editions Denoël, París, 1938). Tomamos estos datos del libro del líder poumista Juan Andrade: Notas sobre la guerra civil (actuación del POUM), Libertarias, Madrid, 1986, manteniendo la transcripción que ofrece el autor.

Todos los artículos de El Manifiesto se pueden reproducir libremente siempre que se indique su procedencia.

Compartir en:

¿Te ha gustado el artículo?

Su publicación ha sido posible gracias a la contribución generosa de nuestros lectores. Súmate también a ellos. ¡Une tu voz a El Manifiesto! Tu contribución, por mínima que sea, dará alas a la libertad.

Quiero colaborar