¡HISTÓRICA VICTORIA!

Hoy, por una vez, por primerísima vez en tantos años, es el día de gritar con júbilo: ¡Victoria!

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Lo que una vez más, como en el Brexit, todos los medios y poderes del Sistema daban por imposible, se ha producido. ¡Ha ganado Donald Trump, el primer candidato que, en abierta lucha contra el establishment, se presentaba a unas lecciones presidenciales norteamericanas.
 
Un dirigente populista que desea acabar con la burla y el desprecio al que están sometidas las clases medias y populares; alguien que quiere poner coto a la inmigración de asentamiento que, en Estados Unidos como en Europa, pone en riesgo la identidad nacional; alguien que desea acabar con la concepción globalizadora (“imperialista”, se decía antes) de un mundo sin patrias, pueblos ni identidad: que alguien así haya triunfado, y que lo haya hecho además en la soledad más absoluta —hasta tenía en contra a su propio partido, por no hablar de la casi totalidad de los medios de comunicación—, todo ello constituye, sin lugar a dudas, el hecho político más trascendental que, junto con el desmoronamiento del comunismo, ha acontecido en los últimos setenta años.
 
Los aguafiestas siempre podrán invocar, es cierto, que no se tiene la absoluta certeza de que vaya a cumplir las grandes, las decisivas promesas efectuadas. La duda siempre es posible, claro está. Pero no es hoy el día para la duda y el desabrido mohín. Hoy, por una vez, por primerísima vez en tantos años, es el día de gritar con júbilo: ¡Victoria!

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