El Gobierno no sabe, no contesta; pero ahí sigue, tan pancho

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Los gobiernos ZP han inventado una curiosa estrategia: la inmovilidad absoluta. No passsa nada. Ya pueden caer chuzos económicos de punta, que aquí no se mueve nadie. ¿Crisis? No: desaceleración pasajera. ¿Huelgas? Quiá: pequeños obstáculos sin importancia. ¿Parálisis del país? No, hombre: “alarmas psicológicas”, como dijo Industria la semana pasada. Y por si hay algún maledicente que osa decir que el Rey está desnudo, Rubalcaba manda detener a unos mafiosos rusos, Garzón mete en el trullo a un par de etarras de fuste menor, y asunto resuelto. El fútbol hace todo lo demás. En España, en efecto, no passsa nada.

Semejante estrategia sería imposible si no fuera por lo siguiente: la abrumadora mayoría mediática pro gubernamental. Y otro factor aún más importante: el hecho de que esa mayoría mediática esté prestándose al juego de ocultar y deformar sistemáticamente la realidad, prostituyendo el periodismo por razones que van desde lo ideológico hasta lo financiero. Hay aquí tres procesos simultáneos que ahora se dan la mano: primero, la hegemonía cultural de la izquierda, que ha formado a varias generaciones sucesivas de profesionales de la información (y de otras cosas) en su ideología; segundo, la estrategia de apoderamiento de los medios de comunicación diseñada por la izquierda desde hace años, que ahora se manifiesta en un campo tan decisivo como el audiovisual; en tercer lugar, el escaso pundonor profesional de tantos periodistas, dispuestos a aceptar las trampas del poder siempre y cuando se trate de su poder. Basta ver los informativos de TVE, Telecinco, Cuatro o La Sexta para comprobarlo a diario.

Desde los tiempos de Franco, nunca un gobierno español se había beneficiado de semejante anuencia mediática. Como entonces, ser disidente tampoco está ahora bien visto. Es verdad que ahora no llamará a la puerta la brigada política-social. Pero, a este paso, sólo será cuestión de tiempo.

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