Viejas instituciones europeas

La Iglesia, que ha sobrevivido a papas sanguinarios, incestuosos, paganos, corruptos, satanistas, ateos, homosexuales, glotones, avaros, manirrotos..., no va a resistir a un papa buenista.

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Cumpliéndose el veinte aniversario del fallecimiento de Lady Diana Spencer, atendemos atónitos a cómo el ídolo de marujas y marujonas durante años ha mutado en fenómeno feminista.

Se reivindica su coraje, su ir contracorriente, su defensa de los gays, y sobre todo, su relación con unplayboy egipcio, que hubiera podido dar a la Corona británica un royal árabe y muslim.

Este último punto enciende las fantasías lúbricas del feminismo internacional.

La verdad es que, veinte años después, y viendo cómo están las cosas en Inglaterra, con una Noche de Cristales Rotos a punto de caramelo, lo que hubiera faltado es que la Corona británica estuviera emparentada con el islam.

El periodista de la BBC Jim Muir especula acerca de la posibilidad de que la princesa estuviera a punto de someterse al Profeta.

De pronto, algunas cosas que en los años 90 parecían del todo razonables e incluso deseables para traer aire fresco al mundo, han resultado ser nefastas. Por ejemplo: la eventualidad de un injerto exótico en alguna corona europea, o la oportunidad de que llegara un cura progresista a la Silla de Pedro, o hacer un gobierno paritario metiendo en él a un 50% de mujeres sólo por cuota.

La Iglesia, que ha sobrevivido a papas sanguinarios, incestuosos, paganos, corruptos, satanistas, ateos, homosexuales, glotones, avaros, manirrotos..., no va a resistir a un papa buenista.

Ahora bien, no se tache, por favor, a esta tribuna de "carca" o "casposa" (que lo es). En algunos casos, la entrada de aire fresco ha funcionado francamente bien, como en el caso de algunos matrimonios de ciertos príncipes boreales con chicas de pasado descarriado. Estas mujeres han resultado estar plenamente a la altura del cargo y han seguido una vieja tradición europea de las testas coronadas: casarse con libertina fémina, al estilo de Claudio o Justiniano, algo que resulta mucho mejor que hacerlo con mujer casta. La libertina "sienta la cabeza" y atiende a sus obligaciones de madre y esposa con la misma seriedad y devoción con la que antes acudía a las discotecas, mientras la casta va a estar siempre preguntándose qué habrá "al otro lado", más allá de los límites del monógamo matrimonio. Siempre estará anhelando algo que piensa que está perdiéndose y así, al llegar a los treinta, interpondrá una demanda de divorcio a su señor esposo, al que, pese a ser un marido ejemplar, esta decente mujer siempre habrá visto como a un "opresor". De este modo, el intachable cónyuge se queda con dos palmos de narices sin entender nada, y su exseñora se va "a vivir la vida".

Por el contrario, la excasquivana ya ha experimentado bastante de la vida, y su visión del matrimonio siempre será la de un seguro valladar. Observemos lo difícil que es encontrar a una madre y esposa más impecable que la antigua actriz pornográfica Wiska.

La Familia, la Iglesia y el Trono... cimientos de la civilización occidental.

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