Los post comunistas, los grandes derrotados

Polonia sigue siendo muy de derechas

La izquierda europea estaba convencida de que su tenaz campaña contra los gemelos Kaczynski desbancaría a la derecha del poder en Polonia, pero los resultados de las legislativas han sido otros: Jaroslaw Kaczynski pierde, en efecto, la jefatura del Gobierno, pero no a manos de la izquierda, sino de la derecha (liberal, más moderada) de Donald Tusk y su Plataforma Cívica, con el 41,39% de los votos. En cuanto al partido de los gemelos, Ley y Justicia, queda en segundo lugar con un 32,16%. La que se hunde es la coalición Izquierda y Demócratas (post comunistas), que no pasa del 13,2%. Polonia seguirá siendo de derechas, aunque con un Gobierno más blandito. Por qué la izquierda quiere invadir Polonia

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La política de los hermanos Kaczynski, primer ministro uno, presidente de la República el otro, había logrado encrespar a la opinión bienpensante occidental. Las reivindicaciones del partido mayoritario, Ley y Justicia, resultaban difícilmente digeribles para una opinión pública europea dominada en general por el discurso de la “corrección política”. Así, iniciativas como la de oponerse a la influencia del “lobby gay” fueron severamente criticadas fuera de Polonia.
 
¿Y en Polonia? Allí no tanto. Lo que sí levantó ampollas en Polonia fue otra iniciativa de Ley y Justicia: la depuración de los órganos del Estado para “limpiarlos” de personas que hubieran tenido vinculaciones con los servicios secretos del antiguo régimen comunista. Esa iniciativa, llevada a extremos sensibles, dio una imagen excesivamente pendenciera de Ley y Justicia; imagen que seguramente no corresponde tanto al núcleo de ese partido (los gemelos) como a sus socios (Autodefensa, Liga de las Familias Polacas), pero que, en cualquier caso, le ha deteriorado hasta el punto de perder la mayoría.
 
En su lugar, a quien los polacos han votado mayoritariamente es a Donal Trusk y su Plataforma Cívica, una formación tópicamente de centro-derecha, liberal, que ha logrado seducir a los polacos sobre la base de un discurso amable y esperanzado. Ahora bien, Trusk, con sus 209 diputados, no podrá gobernar solo; necesita coaligarse con alguien. Lo más probable es que Trusk termine pactando con el Partido Campesino de Polonia, una pequeña formación que ha obtenido 31 diputados. Enfrente, Ley y Justicia conserva 166 diputados, y es la primera vez que un Gobierno saliente consigue que una derrota electoral no sea una calamidad.
 
Especialmente amarga es la situación de la izquierda, aglutinada en torno a Izquierda y Demócratas, partido que tiene su origen en los restos del naufragio comunista. El plan de los post comunistas era crecer hasta convertirse en una bisagra imprescindible para el sistema; no aspiraba a ganar, pero sí a ser el aliado indispensable para la Plataforma Cívica de los liberales. Sin embargo, sus resultados han sido tan malos que ID ya sólo puede aspirar a no entrar en una grave crisis interna. Buena parte del fracaso hay que imputárselo a su líder, Kwasniewski, cuyo comportamiento escandaloso –borracheras públicas incluidas- ha espantado al votante.
 
Los observadores señalan que en Polonia, por lo que parece, se ha desvanecido para siempre la imagen de una división izquierda/derecha a la europea. Dos partidos de centro-derecha y derecha han conseguido casi un 75% de los votos, mientras que la izquierda oscila en torno al 13%. Y la polarización del voto en torno a esas dos formaciones de derecha parece que será duradera.

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